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Arquitectura

Así se ve la arquitectura tradicional manchega con los ojos del presente: eficiente, luminosa y pensada para disfrutar

El estudio V·om ha dado una nueva vida a una casa en un pueblo de Albacete respetando lo que fue, integrándola en su contexto y demostrando que tradición y comodidad no tienen porqué estar reñidos.

Existe un equilibrio delicado que pasa por mirar al pasado y dejar que lo que hubo actúe como guía, pero con la conciencia de que el presente es, por lo general, un lugar mucho más cómodo y no hay porqué renunciar a ese confort. No caer en la nostalgia, tampoco en el rupturismo. Seguir la senda del sentido común y no la del ‘porque sí’. La casa que hoy nos ocupa es resultado de ese delicado equilibrio. Construida en los 60 en un pueblo de Albacete, estaba abandonada hasta que el estudio de arquitectura V·om, con sede en Valencia –donde nacieron–, Alicante e Ibiza, llegó para darle una nueva vida. Mantuvieron la esencia de la casa tradicional manchega, pero la reinterpretaron, la trajeron a ese presente más cómodo. Y no solo eso: la diseñaron para que fuese un lugar donde la vida se disfruta. 

Lo primero era darle solución a la premisa de los nuevos habitantes de la casa: necesitaban tres dormitorios. En la planta original de la vivienda no era posible encajarlos, de modo que crearon un volumen anexo con cubierta plana que sale hacia la fachada principal. Por lo demás, mantuvieron el sistema constructivo: la fachada, que recubrieron con un mortero de cal para que la piedra respirase, y la cubierta, que restauraron. También querían una zona de día muy social, y de ahí esa cocina cómoda y amplia, abierta al salón-comedor. 

Las estancias están orientadas acorde a ritmos y rutinas, con un trazado que aprovecha al máximo la luz natural. La zona de día, en la parte sur de la casa. El dormitorio principal, con baño en suite, en el nuevo volumen construido. Los otros dos dormitorios, en el ala norte. “La luz entra por el patio delantero que da a la calle y tiene un sol de mañana muy agradable, atraviesa la zona de día y llega al patio trasero, donde está la piscina, preparado para las tardes frescas de verano”, explica Carlos Ochando, cofundador del estudio, a MANERA.


La valla de planchas de acero corten, forjada por un herrero local a partir de una maqueta del estudio.

Una reinterpretación contemporánea de la casa manchega.


Tradición y tecnología al servicio de la eficiencia climática y energética

Del aperitivo a la sobremesa y a la tarde que se alarga, la distribución está pensada para aprovechar cada rincón, para descansar, para celebrar, pero también para adaptarse a un clima no del todo benévolo, muy caluroso en verano y frío en invierno. “Proyectamos la casa con indicaciones muy estrictas para que fuese de consumo energético casi nulo”, detalla. Para ello, los mecanismos tradicionales, lo que ha funcionado siempre, conviven con la tecnología. La zona de día, ese espacio pasante, puede estar abierta durante toda la jornada a ambos patios y regulándose con ventilación cruzada. Los dormitorios están en la zona más recogida. Incorporaron aislamiento en fachada y cubierta, un despliegue de placas fotovoltaicas que alimentan a la casa de energía y un equipo de aerotermia que enfría y calienta el suelo. Tecnología y tradición como fórmula del bienestar. 

La elección de materiales y de la paleta cromática está inspirada en la serenidad y la calidez del Mediterráneo. Los suelos están revestidos en gres porcelánico de gran formato, que se lleva hasta la piscina y las paredes de los baños. El hormigón en el patio de fachada. El mobiliario de cocina, panelado en madera, con una pieza de encimera de cuarzo sinterizado. El mármol en los lavabos. Un envoltorio de tonos neutros que se rompe con pequeños contrastes: el de la calidez de la madera, el del azul del agua de la piscina, el del verde de la vegetación que la rodea, el de las planchas de acero de la valla.


En la piscina, una huella de la antigua piedra se deja ver. Pasado y presente conviven.




En la zona de día, la carpintería que recorre la cocina y el salón aporta sensación de calidez.


Esta silla, de diseño moderno pero con trazas de las sillas tradicionales manchegas, es una metáfora del proyecto.

La huella de los oficios locales 

Esa senda del sentido común que sigue esta reinterpretación de la casa manchega pasa también por la elección de proveedores: los oficios locales del pueblo. Carpinteros, albañiles, pintores… y el herrero que dio forma a uno de los elementos más llamativos de la casa: la valla de entrada. “La vivienda original estaba repleta de vegetación, y de algún modo queríamos ser fieles a eso, pero a la vez no queríamos tapar la entrada de la luz. Así llegamos a la estructura de la caña de bambú, que permite ese equilibrio, y nos inspiramos en ella llevándola a un material totalmente diferente”, cuenta Carlos. Planchas de acero corten de varios anchos y lacados de manera aleatoria –para que unas se oxiden antes que otras– “buscando el relieve, que se rompa el ritmo y le dé profundidad y riqueza, y para integrar la puerta como una apertura en escorzo desde la calle, generando un juego de luces y sombras”, añade.

El resultado es una casa que parte de su contexto y se adapta a él, que es moderna sin desentonar, que recupera técnicas constructivas y oficios de siempre desde una mirada contemporánea. Dentro de la casa hay una silla –nos cuenta Carlos para finalizar– que es de diseño moderno, cómoda y redondeada, pero mantiene la base tradicional de anea, el material resistente con el que se han hecho siempre las sillas de estilo manchego. La silla es una metáfora de la casa y también del sello de  V·om: El diseño entendido como un “ejercicio de lectura y adaptación al contexto y las necesidades de cada proyecto”. El diseño que no impone un lenguaje, sino que busca que “cada propuesta encuentre su forma natural”, con una coherencia de fondo que atraviesa todos sus trabajos. “La consistencia no está en la forma, sino en el proceso: la escucha, la flexibilidad y la respuesta precisa”, concluye.

En los dormitorios, la paleta cromática acentúa todavía más su serenidad.






El mármol del lavabo aporta un contraste equilibrado.

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