Una vivienda levantada sobre un molino del siglo XVII cuidadosamente restaurado en La Bisbal, Girona. Es el punto de partida del Molí del Senyor, un proyecto en el que CMV Architects y Lluís Escarmís Costa consiguen una bella mezcla entre memoria histórica, innovación arquitectónica y sostenibilidad. La base de su propuesta: construir un nuevo volumen con un carácter actual, pensado como un loft rural, y reconstruir y recuperar la parte de las ruinas para albergar las habitaciones y baños. “Lo que más nos gusta es la sensación de aislamiento y, al mismo tiempo, de estar en el corazón del Empordà. Es un lugar tranquilo, pero con vida –comienzan CMV Architects –. La casa original era un antiguo molino que pertenecía al Castillo del Empordà, un conjunto histórico y protegido. El terreno fue adquirido hace muchos años, y la rehabilitación comenzó en 2020. Se ha trabajado tanto desde el punto de vista paisajístico como histórico y nos atrajo el reto de devolver la edificación a su estado primigenio”.
Vivir en un molino que se funde con el paisaje
El objetivo principal del proyecto, de unos 450 m², era, así, transformar una ruina en una vivienda unifamiliar, de la forma más natural posible y totalmente fusionada con el territorio. “El mayor reto fue mantener y estabilizar la ruina existente y, al mismo tiempo, crear una conexión natural con la nueva edificación, paisajísticamente integrada y respetuosa con el entorno. Conseguimos conservar los muros de piedra originales del siglo XVII. En cuanto al nuevo volumen, debía percibirse como si siempre hubiera estado allí, manteniendo el espíritu de la zona. Además, se buscó que la casa funcionara igual de bien si solo estaba la pareja o toda la familia. Por eso, el nuevo volumen se concibió como un loft en el campo, con cocina, salón y dormitorio principal, mientras que el resto de estancias, conectadas a través de la antigua ruina, funcionan de forma independiente”, cuentan.
La ruina, restaurada conservando los muros de piedra originales del siglo XVII.
El nuevo volumen se concibió como un loft en el campo.
Los propietarios son una familia que inicialmente buscaba una segunda residencia post-Covid, pero con la intención de convertirla en su primera vivienda. “Los clientes se enamoraron del Empordà. Encontraron este lugar que se convirtió en el lugar perfecto para desconectar. Pidieron una distribución libre y comunicada, con espacios de dimensiones holgadas y una visión siempre conectada con el exterior”, prosiguen los arquitectos.
“El proyecto se articula en torno a dos operaciones clave: la consolidación de los elementos estructurales preexistentes —forjados, muros y cimientos— y la adición de un volumen anexo que se sitúa sobre la huella del antiguo estanque, reinterpretando la arquitectura tradicional desde una visión actual. Este nuevo cuerpo da lugar a dos fachadas claramente diferenciadas: una norte cerrada que actúa como escudo frente al viento de tramontana, y una sur abierta al jardín, que aprovecha la luz solar para calentar la casa y potencia la relación visual con el paisaje circundante. Las vistas cruzadas entre el interior, el castillo próximo y la parcela completan un diálogo fluido con el entorno”, explican.
En el exterior y la piscina de sal, todos los muebles son de Kave Home.
La división entre lo antiguo y lo nuevo, que se funden. La vegetación autóctona arropa la casa.
El material es tradicional, sencillo y local (piedra, madera, cerámica), combinado con tecnologías actuales. Por ejemplo, la cubierta de madera incluye paneles fotovoltaicos para la sostenibilidad, lo que reafirma el compromiso ambiental del conjunto. El espacio exterior continúa con esta sensibilidad, con vegetación autóctona y una piscina de sal, en lo que constituye una prolongación natural del proyecto que, por encima de todo, parece tener un claro objetivo: una relación armónica entre la arquitectura y el paisaje.
También se utilizaron suelos de hormigón continuo in situ y revestimientos en paredes de cal antigua, madera de roble y porcelánico con acabado rústico. En cuanto a la decoración, pocos muebles y absolutamente sencillos y naturales. “Se eligió un estilo minimalista de carácter nórdico, para dar protagonismo al espacio por encima de los objetos. El interiorismo busca un orden de proporciones que haga la casa más habitable, con un diseño elegante, sobrio y perfectamente integrado en los muros existentes”, concluyen.
En el salón-comedor, sillas de Kave Home, sofá de Kenay Home y mesa a medida de madera de artesano local.
La frontera entre interior y exterior se desdibuja gracias a las ventanas, que enmarcan el paisaje.
La cocina es diseño de CMV Architects con Modulnova. Carpintería de Fusteria Sais.
Un proyecto con premio
La práctica del estudio, con casi 30 años de trayectoria, se caracteriza por una sensibilidad especial hacia el entorno y la integración con el paisaje, buscando siempre un equilibrio entre funcionalidad, estética contemporánea y compromiso social y urbanístico. Todo esto se da aquí. No nos sorprende, pues, que el proyecto haya sido distinguido con el Primer Premio ex aequo (junto a un centro deportivo en Ripoll) en la 27ª edición de los Premis d’Arquitectura Comarques de Girona 2025, otorgados por el COAC.
En el dormitorio y en el baño, los textiles son de Marcasal.
De la ducha al exterior.
La escalera es un diseño de los arquitectos construido por el metalista Jordi Masse.