En la Plaza del Mercado de Logroño, frente a la Concatedral de Santa María de la Redonda, observábamos un montículo de arena coronado por un mástil de madera con un aire muy Memphis. Eran las siete de la tarde del día previo a la inauguración de Concéntrico –a eso habíamos venido– y el sol caía, por fin, nos daba un respiro. Mientras debatíamos sobre el papel de la arquitectura como escenario de rituales compartidos en la ciudad, dos niñas cogieron carrerilla desde la otra punta de la plaza y se encaramaron dando saltos a la cúspide del montículo. La que llegó primero se apoyó triunfante sobre ese mástil que coronaba la intervención diseñada por los belgas Central y el fotógrafo Maxime Delvaux. Esperó a la otra, bajaron a rolos y vuelta a empezar. Y entonces la actitud cambió. La seriedad bajó un par de niveles. El concepto se desencorsetó. Daban ganas de subir corriendo, de deslizarse después.
Y aquí podría colocar el punto y final de la crónica de la 12ª edición de este festival de arquitectura y podría publicar el mismo párrafo dentro de un año porque creo que Concéntrico crece y cambia cada año, pero su esencia –esa que resume esta escena– se mantiene. El truco, creo, se esconde en la escala humana, en la arquitectura que se pone al servicio de las personas e invita a mirar de otra manera las calles y plazas por las que se pasea día a día. Propone una mirada que se abre a nuevas formas de habitarlas.
Paseo tras paseo, conversación tras conversación, me llevé de vuelta ideas y lecciones valiosas. Fogonazos de lucidez urbanística que sé que regresarán a mí en otras ciudades, en otras calles, en otras plazas. Porque Concéntrico trata de Logroño, pero no solo. Trata, más bien, sobre todo aquello que nos une como ciudadanos.
La arquitectura construye la memoria colectiva
Primera lección. Y una importante, además, pues, en esta edición, el ritual cobra protagonismo. La ciudad como escenario de tradiciones, fiestas, símbolos; de esas ficciones que creamos para sentirnos parte de un lugar. Quizás no sean las construcciones con una ejecución técnica más sofisticada, pero sí son las que dejan una huella emocional más profunda porque nos acercan a quienes fuimos, a quienes nos cuidaron, a aquello que nos construyó.
La prueba está en que, cuando supo que participaría en Concéntrico, el arquitecto chileno Smiljan Radić, Premio Pritzker 2026, no imaginó grandezas; decidió que traería a Logroño un “circo pobre” como los que recorrían cada verano las costas de su país.

Desde Milán, Matilde Cassani Studio vino a reimaginar el Arco de San Bernabé, que se alza solo durante las fiestas, engalanado con hojas, banderas y escudos, y ahora aparece cubierto con una ‘falda’ inspirada en el vuelo de las del traje regional riojano.

Frente a la Concatedral de Santa María de la Redonda, vemos ese mástil que corona una montaña de arena del que os hablaba antes, ese de las niñas y los saltos. El estudio Central y el fotógrafo Maxime Delvaux construyen Architecture for Ritual (en la imagen de portada), un escenario vinculado a la tradición de San Juan. Con él pasará algo, pero tendrás que seguir leyendo para descubrirlo.
Los palestinos AAU Anastas construyen una “catedral para uno” con losas de piedra desechadas. Capa a capa, levantan un vacío interior en el que uno –solo uno– puede adentrarse y disfrutar de una composición sonora. Durante el festival, se celebran dos oficios diarios –matutino y vespertino– que ofrecen un espacio de soledad, de contemplación, de disfrute calmado de la música. El ritual desacralizado.

Conocer materiales y tradiciones es conocer mejor tu ciudad
Lo mejor de aprender sobre arquitectura y diseño es que la mirada se amplía y percibe detalles que antes no percibía. Es la enésima demostración de que siempre es mejor saber que ignorar. Las intervenciones de Concéntrico tienen el mismo efecto. En Terroir, los estudios Boltshauser Architekten y Garbizu Collar trasladan el paisaje vitivinícola de Logroño a un pabellón que hace visible lo que suele permanecer implícito: que el vino es resultado de una relación profunda, climática y paciente con el territorio.


Frente al Ayuntamiento diseñado por Rafael Moneo, los mexicanos PPAA despliegan una estructura de estacas de acero cuya forma imita los pilares del edificio. Es un reflejo de la retícula, una extensión de su geometría que, al recorrerse, consigue que se entienda mejor.

En el viñedo Villa Lanciano de Bodegas LAN, el estudio BeAr ha cavado un surco que nos invita a descubrir los estratos de la tierra, la historia viva de un suelo que decanta sabor y cultura. Inspirado en la idea de Robert Smithson del paisaje como acumulación de capas, nos permite introducirnos en él bajo una tela que filtra la luz y un riego de agua que intensifica su olor.

Vivir mejor requiere espacios que recojan
Mientras logroñeses y visitantes redescubren la ciudad, una segunda capa del festival se va posando sobre el entramado urbano, la de la arquitectura como proceso y laboratorio de ideas sobre cómo vivir mejor.
Estaba, claro, el gran tema: cómo adaptar la ciudad al cambio climático. Noof Group, que operan entre Santiago de Chile y Barcelona, construyeron en una esquina de esas en las que siempre sopla el viento un sistema de refugio climático a base de hierro, madera, toldos y agua nebulizada. Un lugar para sentarse al fresco. Una solución que puede adaptarse a puntos críticos en olas de calor. En la misma línea, el estudio berlinés Raumlabor construye con madera, un envoltorio de fibra de coco y un depósito de agua que refresca al evaporarse una condición agradable de luz, sombra, aire y temperatura. En ambos lo experimentamos: de aquellos pabellones, en un mediodía de verano logroñés, no queríamos salir.


Sucedía lo mismo en Los sábados, la propuesta del estudio de Varsovia Tło, que recreó las ‘soboty’, unas galerías bajas de madera que rodean la base de las iglesias rurales en Polonia y servían de refugio para quienes llegaban un día antes de la misa del domingo. Ahora cubre una calle estrecha de Logroño y la invitación es la misma: no importa de dónde vengas, quédate a la sombra y descansa.

La ciudad debe pertenecer a las personas
Y ese era otro hilo conductor de las intervenciones. Me llamó especialmente la atención la Escalera de la cigüeña propuesta por Future Firm, un estudio de Chicago. Junto al río Ebro, resuelve un problema de distancia entre su cauce y sus orillas y la vida urbana al conectar el parque con el Puente de Hierro.

Cuando llegamos a Frontones Danzantes, la propuesta del colectivo 2050+ que sigue este mismo hilo, no hizo falta explicación. El deporte ha sido siempre un vehículo para reclamar el espacio urbano y los niños que jugaban, el muro y la pelota, el bote que invitaba a que cada vez se uniesen más, fueron aquella tarde la prueba de ello.

Mañana, martes 23 de junio, noche de San Juan, el mástil que corona el montículo de arena frente a la Concatedral de Santa María de la Redonda, el lugar donde comenzaba esta historia, arderá. Será una invitación al ritual colectivo y un reflejo de lo que sucederá con el resto de intervenciones. Se desmontarán, irán desapareciendo poco a poco, dejando las plazas y fuentes y parques tal y como estaban. Pero no. Porque nada que hable de un futuro mejor se va sin dejar huella. La idea queda ahí, y la esperanza. Concéntrico es efímero, pero su transformación es permanente.
