Sublime Comporta, el hotel que ayudó a definir la imagen contemporánea de este rincón de la costa alentejana, acaba de desdoblarse. Desde este año, el proyecto original pasa a llamarse Sublime Terracota y convive con un nuevo capítulo, Sublime Sand. Dos resorts situados a ambos lados de la carretera, dos personalidades distintas y una misma obsesión: preservar el espíritu de esa Comporta que nadie aquí parece dispuesto a perder.
Hace un año contamos en MANERA la historia del primer Sublime Comporta, un hotel que entendió antes que nadie que el verdadero atractivo de este lugar no eran solo sus playas, sino una determinada forma de habitar preservando el paisaje. Ahora, con Sand, la pregunta era inevitable: ¿es posible crecer sin perder aquello que te hizo especial?

La respuesta aparece nada más atravesar los pinares que rodean la propiedad. Comporta ha cambiado mucho durante la última década. Han llegado nuevas casas, nuevos hoteles, nuevos visitantes y nuevos precios.
La transformación alcanza ya a buena parte de la costa alentejana. A pocos kilómetros, en Melides, proyectos como Vermelho, el hotel impulsado por Christian Louboutin, han contribuido a situar esta región portuguesa en el radar internacional del diseño y la hospitalidad.
Sin embargo, sigue habiendo algo difícil de explicar en la manera en que la luz atraviesa las copas de los pinos, en el olor de la resina calentada por el sol o en ese silencio extraño que aparece al caer la tarde. Dormir en Comporta sigue pareciendo más una experiencia de paisaje que una experiencia hotelera.

Eso es precisamente lo que Gonçalo Pessoa, fundador de Sublime, ha intentado preservar. “Me gustaría que cada huésped sintiera, desde el momento en que llega, que está en Sublime, al tiempo que descubre nuevas formas de vivir este lugar”. Y añade: “Quizá la verdadera sorpresa sea haber conseguido expandir la marca Sublime sin perder su esencia”, explica. Y después de pasar un fin de semana recorriendo Sand, cuesta no darle la razón.
Para quienes buscan dónde alojarse en Comporta sin renunciar a la tranquilidad que hizo famoso este rincón de Portugal, Sublime Sand ofrece una de las propuestas más ambiciosas de la región.



Sublime Sand: 43 villas entre pinares y dunas
El nuevo complejo ocupa 51 hectáreas y suma 43 villas, 100 habitaciones, varios restaurantes, spa, piscinas y nuevos espacios comunes. Sobre el papel podría parecer una ampliación gigantesca. En la práctica, casi todo desaparece entre los árboles.
El estudio lisboeta Fragmentos firma las nuevas villas con el apoyo de José Charrúa, autor del primer Sublime junto a Miguel Câncio Martins. El resultado consigue algo nada sencillo: ampliar la escala sin alterar la atmósfera. Más orientado a familias y grupos que Terracota, Sand funciona como una extensión natural del proyecto original. Las villas reinterpretan las cabanas tradicionales de Comporta y se distribuyen alrededor de los pinos existentes, como si el paisaje hubiese decidido primero dónde quería estar y los arquitectos hubieran llegado después.

Arquitectura que desaparece en el paisaje
La villa donde me alojé resumía bastante bien esa filosofía. Techos altos, enormes ventanales abiertos al paisaje, salón con chimenea, comedor, cocina, piscina privada, un agradable cenador exterior y baños revestidos con materiales naturales donde incluso los amenities de origen natural aparecen en recipientes cerámicos de barro.
Andringa Studio vuelve a firmar unos interiores dominados por tonos arena, tostados, lino, rafia, maderas poderosas y fotografías de naturaleza del fotógrafo de viajes Ricardo Ferreira Alves que consiguen algo poco habitual: que una casa completamente nueva parezca llevar años perteneciendo a ese lugar.


Aqua, el nuevo espacio de bienestar
La sensación de refugio se mantiene en todo el complejo. También en Aqua, el nuevo espacio de bienestar, que tiene algo que cada vez valoro más en los hoteles: no parece diseñado para que hagas cosas, sino para que dejes de hacerlas. La gran piscina interior climatizada se abre hacia otra exterior rodeada de pinos, mientras la mirada encuentra constantemente arena, vegetación y cielo.
También por eso resulta fácil imaginarse aquí en pleno otoño, incluso en invierno, cuando Comporta recupera parte de la calma que la hizo famosa. Aqua parece diseñado precisamente para eso: para recordar que este paisaje también merece ser disfrutado con menos grados en el termómetro, cuando desaparecen las multitudes.

Cómo subir la apuesta gastronómica
La gastronomía ya era uno de los grandes argumentos del primer Sublime Comporta —ahí siguen Food Circle, Canalha o el Beach Club para demostrarlo— y Sand parece decidido a ampliar todavía más esa ambición.
Tras visitar el restaurante Beefbar en St. Moritz, Gonçalo Pessoa decidió incorporar la prestigiosa marca gastronómica a Sand. Vista la experiencia, cuesta discutir la decisión.


La firma nacida en Montecarlo encuentra aquí una de sus versiones más relajadas. Maderas, fibras naturales y una enorme instalación artesanal suspendida sobre el comedor suavizan la identidad habitual de la marca. En la mesa aparecen sus clásicos —las Rock Corns, las hamburguesas, los carpaccios, los cortes especiales o el célebre Marbled Chocolate Bar— junto a referencias al producto portugués.
A pocos metros, Davvero repite la fórmula que tan bien funciona en Sublime Lisboa y se desdobla entre el informal Davvero Blu durante el día y el más sofisticado Davvero Comporta por la noche. El resultado encaja perfectamente con el tono del hotel: refinado, pero sin necesidad de exhibirse.

Y todavía queda una sorpresa más. En la planta inferior de Aqua se esconde Rvina, una discoteca inspirada en la antigua Roma donde ánforas, estucos y terciopelos construyen un escenario inesperado para Comporta. Promete convertirse en uno de los lugares más comentados del verano.
El verdadero lujo en Comporta es desaparecer un poco
Los responsables de Sublime hablan de grounded luxury, una idea de lujo profundamente arraigado al territorio. Normalmente las expresiones de marketing hotelero suelen sonar mejor en el dossier que en la realidad. Aquí ocurre lo contrario. Porque después de un fin de semana entre arena, pinos, dunas, huertos, chimeneas, lino lavado y brisa atlántica, resulta difícil encontrar una definición más precisa.

Quizá porque el lujo portugués ya no consiste en impresionar. Consiste en ofrecer tiempo, espacio y calma. En permitir que una conversación dure más de lo previsto, que una comida se alargue o que una tarde transcurra entera mirando un pinar.
En un momento en que tantos destinos parecen competir por llamar la atención, Sublime sigue apostando por algo mucho más difícil: desaparecer un poco dentro del paisaje. Y eso, en la Comporta de hoy, es probablemente el mayor lujo de todos.
