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Arquitectura

¿Tendrías un árbol en medio del salón? Esta reforma en Cáceres lo hace realidad

El estudio Arquitectura G rehabilita una casa tradicional en Cilleros, Cáceres, creando un patio central donde un abedul llena de luz, sombra y aire cada rincón de la vivienda.

Cilleros, en el norte de Cáceres, es un pueblo que aparece después de muchos kilómetros de carretera entre dehesas, encinas y un silencio que solo rompen el viento y los pájaros. Al entrar en esta comunidad, las fachadas de piedra muestran las huellas del tiempo: casas cerradas, persianas bajadas, huertos que esperan volver a ser cuidados, bares de toda la vida que sostienen el pueblo. En una de esas calles tranquilas, una vivienda entre medianeras, casi en ruinas, escondía todavía algo muy valioso: la posibilidad de revivir, de recuperar una forma de habitar ligada a la luz, al aire libre y al paisaje extremeño que la rodea.

Un patio para devolver la luz a la casa

El estudio barcelonés Arquitectura G entendió enseguida que la casa no necesitaba grandes gestos y demasiadas reformas invasivas, sino recuperar su esencia, lo que ya estaba allí. Mantuvieron los muros de piedra y tapial y vaciaron por completo el interior, que había quedado oscurecido por antiguas reformas que no aportaron mucho a la casa. En lugar de luchar contra la estrechez de la parcela, colocaron un patio en el centro de la vivienda. Desde ahí, la luz empezó a entrar desde arriba y el aire a cruzar la casa de un extremo a otro, conectando, además, la casa con el jardín exterior.

Una pequeña topografía interior

La distribución surgió casi como una pequeña topografía interior. Un desnivel descubierto durante la obra llevó a crear cuatro plataformas escalonadas conectadas por una pasarela metálica que rodea el patio. Cada nivel alberga una única función —cocina, salón y dos dormitorios— y eso hace que la casa se recorra de forma natural, sin pasillos innecesarios. Los dormitorios se abren al patio y los baños, revestidos con azulejo blanco brillante, reflejan las hojas y la luz cambiante del árbol central, haciendo que incluso los espacios más pequeños respiren hacia el exterior.

Un abedul que acompaña la vida cotidiana

Lo más atractivo del proyecto es que la naturaleza no aparece como decoración, sino como una presencia cotidiana, como un elemento permanente, independientemente de la estación del año. En el patio plantaron un abedul, un árbol de hojas temblorosas y tronco plateado que filtra el sol en verano y deja pasar la luz en invierno. Sus reflejos verdes se mezclan con el rojo cálido de la cerámica que cubre los suelos y los techos, creando una atmósfera sencilla y profundamente acogedora.

La planta baja puede abrirse por completo hacia el patio y el huerto, convirtiéndose en un lugar para sentarse y disfrutar del fresco, para dejar las bicicletas o para compartir una conversación al final del día. Entre la piedra antigua, el rojo cálido de la cerámica y un árbol que crece en el centro de la vivienda, Arquitectura G nos recuerda que la arquitectura más hermosa suele ser la que acompaña la vida cotidiana, la que recupera la relación entre la casa, el paisaje y quienes la habitan, hasta conseguir que una vivienda olvidada vuelva a sentirse parte del pueblo.

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