Que una vivienda sepa responder a las necesidades del día a día es fundamental, pero ¿qué sucede cuando se piensa y diseña como un lugar capaz de acompañar los cambios de la vida? En Aldeburgh, Suffolk, este bungaló de apariencia modesta se convierte en mucho más que un hogar accesible para una persona con problemas de movilidad: es un proyecto pensado para compartir, recibir, cultivar y envejecer sin renunciar al diseño. ¿Acaso se le puede pedir más a una casa?
Bautizada como Evermore, la reforma y ampliación, firmada por el estudio británico Nimtim, parte de una premisa sencilla pero ambiciosa: adaptar la arquitectura a las personas, y no al contrario. El resultado, como decimos, es una casa accesible y preparada para el futuro, pero lejos de la imagen estereotipada de la vivienda adaptada. Aquí, funcionalidad, belleza y vida cotidiana son un todo. “El proyecto va más allá de ideas convencionales de accesibilidad y se plantea cómo un hogar puede adaptarse a la vida diaria a lo largo del tiempo. Nos centramos en crear un entorno adaptable donde la apertura, la materialidad y los detalles consiguen que casa responda a las necesidades cambiantes sin perder su personalidad”, asegura Nimi Attanayake, directora de Nimtim Architects.

Un nuevo escenario para una nueva etapa
Julia y Simon, los propietarios, vivían al norte de Londres en una casa en la que Julia, con problemas de movilidad derivados de su esclerosis múltiple, ya no estaba a gusto. En 2018 comenzaron a buscar una casa que pudieran transformar en su hogar definitivo. No fue hasta 2021 cuando encontraron este bungaló, algo vulgar a simple vista, sí, pero con un gran jardín. Una visita a Aldeburgh en 2020 había decantado la balanza: la tranquilidad, el ritmo pausado y la cercanía del mar —a solo cinco minutos en coche— ofrecían el escenario que buscaban para una nueva etapa.

Como decimos, en 2021 compraron la casa y ahí comenzó el trabajo de Nimtim. Lo primero fue eliminar las habitaciones pequeñas, estrechas y compartimentadas del bungaló original para liberar una planta baja continua, abierta y fluida. El resultado fue inmediato y, ahora, los espacios están conectados y las zonas de circulación son amplias. Todo gracias a grandes puertas correderas que desaparecen en las paredes cuando no son necesarias. Incluso la rampa de acceso, de suave pendiente, se integra en el jardín delantero como un elemento más del paisaje.

Conexión para una rutina sin agobios
Pero la accesibilidad en Evermore no se limita a resolver cuestiones técnicas. Es, sobre todo, una cuestión de cómo se vive la casa. El dormitorio principal, en la planta baja, se abre directamente a la cocina y el salón. Las puertas correderas ocultas hacen muy fácil conectarlo o independizarlo. La arquitectura permite así que las rutinas de Julia formen parte de la vida cotidiana sin aislarla.
La misma idea de conexión se prolonga en la entreplanta, donde se encuentra el despacho de Simon. La acústica se mantiene deliberadamente abierta hacia la planta inferior, favoreciendo la comunicación entre ambos incluso cuando realizan actividades diferentes. Y, pensando en un futuro, la vivienda incorpora también una habitación destinada a un posible cuidador. Así, la casa puede cambiar sin tener que volver a empezar de cero.

En el corazón de la vivienda se encuentra una generosa cocina con despensa: un espacio de doble altura que cuenta con un tragaluz que lleva la luz natural hasta el centro de la casa y acentúa más si cabe la sensación de amplitud que se tiene. Aquí, Julia y Simon disfrutan de una de sus pasiones: cocinar y preparar conservas.

Pero no todo sucede en este gran espacio común. En el salón de la planta baja ambos disfrutan cuando vienen amigos, viendo alguna serie o, incluso, haciendo yoga. Como no, también puede aislarse del resto mediante una puerta corredera. Al cerrarse, se transforma en una habitación independiente con una ducha para invitados en un cálido naranja quemado.

Justo enfrente se encuentra el estudio de Julia: un espacio más íntimo, rodeado de libros y de una colección de arte exclusivamente de mujeres. Este es su lugar preferido de la casa. “El arte está es una especie de hermoso consuelo. Cambia mi perspectiva y mi comprensión del mundo que me rodea. Contemplar arte es una parte fundamental de mi vida, y aquí se convierte en algo que simplemente forma parte del día a día”, comenta la propia Julia.

Materiales y detalles que hablan de permanencia
El jardín fue otra de las razones que llevaron a Julia y Simon a huir de Londres. La relación con el exterior forma parte esencial de su nueva vida y Julia tiene una buena amiga que la ayuda semanalmente con el mantenimiento de las plantas. Simon se ocupa del jardín por las mañanas y continúa así esa afición que ya hemos mencionado y que viene de largo: cultivar alimentos y preparar conservas.
También los materiales hablan de permanencia. La pareja buscaba una casa cálida, táctil y singular, pero que no exigiera un mantenimiento constante. Los arquitectos han respondido con una paleta cromática intensa y una combinación de materiales naturales concebidos para reforzar la personalidad de la casa a medida que pase el tiempo. Así lo cuenta Simón: “Para nosotros, la clave era la permanencia. Cada decisión se tomó con la idea de que la casa debía durar 30 años con un mantenimiento mínimo: sin reparaciones constantes, sin repintar, sin nada que requiriera una intervención continua”.

En el exterior, el Viroc –un panel a base de partículas de madera y cemento comprimido– se ha escogido por su resistencia al exigente clima de la zona. El tono rojo le da personalidad a la ampliación. Las carpinterías de aluminio acompañan el tono rojo óxido de la fachada, que como ya hemos visto también aparece dentro, en los baños en microcemento naranja. Así, la misma gama cromática contribuye a establecer un diálogo continuo entre dentro y fuera.

En las estancias principales, el ambiente cambia. Los tonos neutros y luminosos de dos acabados de yeso de arcilla de Clayworks crean superficies mates y suaves que reaccionan a las variaciones de la luz a lo largo del día. La madera introduce calidez bajo los pies, mientras que el microcemento resuelve los baños sin umbrales. En la cocina y la despensa, los armarios, en un suavísimo azul, añaden un contrapunto de color.
Y no son los únicos detalles de la casa, pensada también para que Julia y Simón disfruten del arte, que como hemos comentado ocupa un lugar central en sus vidas. Así, los arquitectos han incorporado un panelado continuo y empotrado para los cuadros que recorre toda la vivienda. De esta forma, pueden reorganizarse fácilmente cuando ellos quieran; como una colección en permanente evolución. Además, cerámicas y otros objetos coleccionados durante décadas de viajes ocupan las estanterías diseñadas a medida. En definitiva, todo en esta casa forma parte de la propia arquitectura. Es, seguramente, una nueva manera de entender el confort, la independencia y la convivencia a la que todos deberíamos aspirar.
