Mucho antes de que Palafrugell se convirtiera en uno de los rincones más demandados y auténticos de la Costa Brava, su paisaje ya tenía una historia escrita en la corteza de los alcornoques. Durante décadas, el corcho marcó el ritmo de la vida local, y todavía hoy los bosques de pinos, encinas y alcornoques conservan esa atmósfera áspera y salvaje que lo hace uno de los rincones más fascinantes de Cataluña. En este especial lugar, a apenas quinientos metros del mar, López Rivera Arquitectos ha proyectado dos viviendas que no buscan destacar o cambiar el paisaje, sino integrarse naturalmente en él.
La memoria del corcho
Ambas viviendas combinan una base de hormigón con una estructura superior de madera contralaminada fabricada en el País Vasco que está revestida con dos capas de corcho natural de 50 mm y fijadas mediante anclajes mecánicos y un mortero de cal transpirable. Más que un simple aislamiento, el corcho es la piel del proyecto: su textura se asemeja con los alcornoques del bosque y ayuda a tener aislamiento térmico, resistencia al fuego y una huella ambiental mucho más reducida, algo que es crucial en los proyectos de arquitectura contemporáneos.


Vivir mirando las copas
En el interior, la madera queda completamente a la vista y crea una atmósfera cálida y serena, que se asemeja un refugio entre árboles. Los espacios interiores se conectan sin pasillos y cada estancia se orienta hacia un fragmento distinto del paisaje: las copas de los pinos y los arbustos más pequeños. Por su parte, en la vivienda principal, una marquesina de hormigón arenado extiende la zona de estar hacia dos grandes terrazas suspendidas entre los árboles, desde donde se abren vistas tanto al mar como a la cordillera costera.


La sostenibilidad es la joya del proyecto
La sostenibilidad aquí es una parte fundamental, es el corazón del proyecto. Las casas aprovechan la aerotermia, el suelo radiante, la ventilación natural y la sombra de los pinos para mantener una temperatura agradable durante todo el año con un consumo energético muy bajo, lo que les ha permitido obtener calificación energética Clase A. Pero más allá de los datos, lo verdaderamente valioso es que con este proyecto se demuestra que todavía es posible construir con suavidad, dejando que el bosque, la luz y el silencio sigan siendo los auténticos protagonistas.