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Diseño

Fondo Supper Club: la comida en diálogo con el arte, el diseño y los espacios

En estas cenas 'clandestinas' celebradas en Madrid, la gastronomía es un vehículo para acercarnos al arte, al diseño, a la investigación o a los grandes debates sociales. Hablamos con sus cuatro fundadoras.

Una artista, una diseñadora, una chef y una sumiller. Un sujeto poliédrico: la comida. Un mundo que para muchos podría parecer distante: el del arte y el diseño. Cientos de temas que abordar a través de la intersección de los tres. De este caldo de cultivo nació, hace ya dos años, Fondo Supper Club, que se define como “un estudio gastronómico creativo que traduce conceptos a situaciones comestibles” y se materializa en cenas ‘clandestinas’ mensuales en espacios artísticos de Madrid intervenidos para la ocasión.

Nora Silva, Belén Cabello, Marta Moya y Sara Oldenburg se conocieron en distintas situaciones vitales y lugares del mundo, y se unieron en este proyecto porque sus intereses y las piezas de sus respectivos puzzles encajaron. “Teníamos todas muchas inquietudes. Yo venía del mundo del diseño y sabía que quería hacer algo con comida. Sara –sumiller– estaba haciendo eventos, pop-ups. Marta trabajaba como chef en un restaurante. Y todo cristalizó porque Nora –artista, investigadora y directora del proyecto– vino de Londres y nos trajo el formato, el supper club –en el que ella ya trabaja allí con otro proyecto, The Gramounce–. Estas cenas clandestinas no existían en Madrid. Vimos que, teniendo el equipo que tenemos, podíamos crear algo muy completo”, cuenta Belén Cabello –diseñadora– a MANERA. 


De izda. a dcha., Belén Cabello (diseñadora), Nora Silva (directora y artista), Marta Moya (chef) y Sara Oldenburg (sumiller). © Silvia Coca.

La comida como sujeto poliédrico

La piedra angular de Fondo es una visión compartida de la comida como vehículo para el diálogo y el aprendizaje. “La comida es universal. Es un medio de comunicación común; un lenguaje sin barreras. Es cierto que cada cultura significa los ingredientes y los platos de manera distinta, cada gastronomía tiene su historia, pero todo el mundo habla este idioma. Por eso es un medio idóneo para hablar de cosas”, explica Nora. “Es humana, necesaria, un factor de cambio, afecta a la ecología, a la política, a la religión, a la cultura. Es súper transversal”, añade Belén. 

La comida es cercana, rutinaria; y es precisamente esta condición lo que la convierte en una herramienta para que los comensales se acerquen a otros mundos que de primeras podrían parecer menos accesibles, como el mundo del arte. “¿Por qué te sientes capaz de comer un plato, sea en tu casa o en un restaurante de tres estrellas Michelin, mientras que con el arte, la gente se siente familiarizada con el póster que tiene en la pared de su casa, pero luego no van a una galería?”, plantea Belén. Y esa es la pregunta que tratan de responder en conversación con quienes acuden a sus eventos. “Una galería puede parecer un sitio un poco frío o distante, ajeno e incluso violento, pero aquí te sientas, hay una mesa, la iluminación es agradable, te servimos comida, vino y todo empieza a acercarse”. 


Además de cenas abiertas al público que giran alrededor del arte, tienen un servicio para marcas que quieren celebrar eventos especiales. En este caso, era una cena para Land Rover basado en el concepto de ‘lujo escondido’ que celebraron en La Mosca. © Mayra Carreño. 

Otra de sus premisas es el uso exclusivo de productos veganos o vegetarianos. © Cristina Góngora.



Una de las cenas. © María Paz Vallejo.

¿Cómo se crea un menú a partir de una exposición de arte?

La mayoría de estas cenas mensuales se gestan partiendo de la colaboración con galerías u otras instituciones artísticas. Los elementos con los que las cuatro trabajan son una exposición cuya obra trasladarán al lenguaje gastronómico y un espacio que contribuirá a contar esa misma historia. Para diseñar el menú, se sumergen en el trabajo del artista y buscan hilos conductores, que pueden tener casi cualquier forma y oscilan entre la abstracción y la figuración. Por ejemplo, cuando trabajaron con la artista chileno-peruana Ivana de Vivanco en una cena celebrada en la galería The Ryder Projects, sabían que ese hilo sería la cuestión territorial, pues su obra habla de la historia de su continente. Para la Mayrit –bienal de arquitectura y diseño– de este año, cuyo tema central era el agua, Marta trabajó con el también chef Martin Planchaud para crear un menú inspirado en la humedad. “Iba de lo más seco a lo más húmedo, jugando con las texturas. En el vino, íbamos de regiones más húmedas a menos húmedas”, nos cuenta Sara. Con el colectivo de arte Casa Antillón, cuyo trabajo destila inocencia, aventura y experimentación, recrearon los placeres gastronómicos de la infancia –por ejemplo, mojar patatas en Coca-Cola–. 

Así, plato tras plato, los comensales se sumergen en la obra, la viven. Y no solo ellos. También los propios artistas. “Ven su exposición traducida al menú y se emocionan al ver que hay una nueva capa y una nueva manera de hablar de su obra que no habían pensado antes”, explica Belén. 


La mesa creada para la Mayrit de este año en Elisava Acid House, obra de la artista y arquitecta Elena Rocabert en colaboración con Fondo. Como el tema central era el agua, transformaron el espacio en una fuente que flota sobre la mesa. © Mayra Carreño.

© Rebeca Sayago.


En el futuro, les gustaría llevar el concepto un paso más allá y colaborar de forma continuada con museos e instituciones artísticas para acercar la investigación a un público más amplio. “Consistiría en divulgar investigación artística contemporánea a través de nuestros supper clubs. Los museos e instituciones también se beneficiarían, pues podrían ofrecer una experiencia muchísimo más cercana a un público muy amplio y nosotras seríamos capaces de contar cosas que nos parecen interesantes y normalmente urgentes de contar a través de nuestro medio de comunicación accesible. Creo que la investigación artística necesita apoyo y no depender del cliente o el patrocinador”, detalla Nora. 

El concepto es simple e incluso ancestral: alrededor de la mesa entablamos conversaciones, forjamos relaciones, contamos historias. Una buena comida en un espacio cuidado y en compañía agradable nos relaja, nos pone cómodos, nos predispone a escuchar y a entender. En Fondo llevan ese concepto a su máximo exponente, y, para disfrutarlo, solo hace falta apuntarse y asegurarse de acudir cargados de curiosidad y dejar los prejuicios en casa. “La experiencia ideal se produce cuando te metes en el ajo, te lees todo, escuchas lo que te contamos, intentas entender por qué ese alimento está en tu plato. Cuando vienes sin prejuicios de qué es lo que debería ser un plato específico. Olvidarse de eso es importante. Son obstáculos que impiden que llegues al verdadero quid del asunto”, concluye Nora.


© Cristina Góngora.

Imagen de «El patio de recreo», la cena con Casa Antillón en el chico, Espacio Nueva Carolina, que giraba alrededor de los placeres de la infancia. © Cristina Góngora.



Este fue su primer supper club, para la Mayrit de 2022. También eligieron La Mosca como espacio y se inspiraron en las mesas de cata del siglo XIX. © Asier Rua.

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