Durante años, el acero inoxidable fue víctima de un malentendido que la nueva colección de accesorios de mesa WMF quiere desmontar. Se le consideró un material frío, casi clínico, reservado a cocinas profesionales o laboratorios. Después llegó a las casas. Primero tímidamente. Una encimera aquí, una lámpara allí. Y ocurrió algo curioso: su brillo dejó de parecer industrial y adquirió una cualidad casi eterna. Como la madera que envejece bien. Como la piedra pulida por el tiempo. Como el mármol que atraviesa generaciones.

Los arquitectos lo entendieron pronto. En muchas casas construidas durante los años cincuenta, sesenta y setenta, el inox ya resplandecía en las cocinas como sinónimo de sofisticación. Hoy vuelve a estar de moda, aunque nos gusta pensar que nunca se fue. Porque hay materiales que no necesitan reinventarse.

Ahí se sitúa la nueva colección de WMF: salpimenteros, hueveras, cubiertos o mantequilleras comparten un mismo lenguaje, el Cromargan®, el acero inoxidable exclusivo de la marca. Por eso, el eslogan Todo al inox por el que apuesta hoy la firma alemana es una declaración de permanencia. Objetos pensados para usarse mucho, lavarse mil veces y seguir brillando. Porque las modas pasan. Pero el desayuno de mañana, servido con piezas que te acompañarán toda la vida, siempre vuelve.



