¿El minimalismo ha muerto? Algunos lo proclaman, pero lo que Milán mostró fue otra cosa: una sofisticación desacomplejada, materiales inesperados, texturas ricas y contrastes que juegan entre lo brutalista y lo romántico. Brillos
glossy, cerámica en lugares inusuales, mármol fuera de contexto, líneas rectas en lugar de curvas… Todo coquetea con la teatralidad sin renunciar a la intención, a la profundidad. Como dice Enric Pastor, director de MANERA, “en 2025 el diseño se despoja de certezas y se lanza a mezclar sin miedo”. Estas son las siete tendencias que la redacción de MANERA ha seleccionado como faro del nuevo diseño.
© Aytekin Yalçin
La muestra del estudio parisino Pradier-Jeauneau en Milán. © Aytekin Yalçin
© Aytekin Yalçin
1. Una oscuridad profunda y envolvente
Todos en nuestra redacción parecemos haber coincidido en lo mismo este año: la oscuridad está de moda. Pero no de cualquier manera. Hablamos de una oscuridad cálida, envolvente, acogedora. Colores que, como dice Evelien Reich, directora de MANERA Benelux, “se ven tan bien que apetece comérselos”. Caramelo tostado, chocolate aterciopelado, y el rojo burdeos, casi remolacha.
Este tono profundo no solo robó todas las miradas en la instalación inmersiva de Paolo Sorrentino del Salone. Lo cubría casi todo –permitidme la exageración–. Y no es casualidad. “Confirmo lo del caramelo”, dice Judith van Vliet, experta en color y colaboradora habitual de la revista. “Los tonos dentro de la familia del marrón transmiten estabilidad, sinceridad, algo muy orgánico, como el cacao o el café. Y, además, abrazan”. También reivindica el azul oscuro, un navy que, en sus palabras, evoca longevidad: “Es un clásico, y no sorprende que haya vuelto a florecer justo ahora, en medio de la incertidumbre del mercado y el miedo del consumidor”.
En Cassina también han apostado por la paleta cromática de moda. © Simone Barberis
Espacio de Supaform e Alcova. © Piergiorgio Sorgetti
Sillón Ribbon de Artifort en tono remolacha.
El negro también ha reclamado su lugar en escena. Muchas marcas han lanzado nuevas piezas o han recuperado modelos lanzados en temporadas anteriores dándoles un nuevo giro al vestirlos de negro. Un gesto sencillo, pero totalmente intencionado. Porque cuando un producto es verdaderamente bello, cuando cada detalle merece brillar, ¿por qué no desnudarlo del color que distrae, vestirlo de negro y dejar que hablen las sombras? Que cada textura susurre, que cada curva se insinúe, que cada veta, reflejo y acabado se robe la escena.
Biombo negro de Ethnicraft.
El negro es el protagonista en este espacio curado por Room File en Alcova. © Piergiorgio Sorgetti
Más negro de Grou Serra en Alcova. © Piergiorgio Sorgetti
Y ojo, porque la calidez no depende solo del color. Hay materiales que, por sí solos, irradian cierta riqueza y elegancia atemporal. Parecen palabras vacías de tanto usarlas, pero es exactamente lo que transmite el acero inoxidable cepillado, el suave terciopelo, los cálidos panelados de madera. Son los que han brillado con luz propia en esta edición, demostrando que también se puede abrazar desde la textura. Sin añadidos, sin pintura. Solo la materia al servicio de los sentidos.
2. Más gloss, por favor
Puede que no sea tan acogedora, pero tiene otras virtudes. Además, la laca también está muy de moda. Y de forma inesperada. Muchos no la veían venir, pero ahí está: deslumbrante, omnipresente, imposible de ignorar. Quien haya pasado por el stand de BD Barcelona lo habrá notado al instante: todo brilla. La nueva colección de Jaime Hayón, puro gloss. La de Oscar Tusquets, también. La de Muller Van Severen, directamente roza el charol. Y lo confirman desde dentro. Al preguntarle a un directivo de la firma por la gran tendencia del año, lo tuvo claro: “La laca. Yo pensaba quitarla de todo… y míranos, todo aquí es laca”.
Un sillón de Saba con acabado lacado y, además, del color que más se lleva.
Armario bajo Bridges de Muller Van Severen para BD Barcelona.
Instalación de No Ga en Capsule Plaza. © Erik Lefvander
Y no están solos. Este año, el gloss es el que más ha triunfado. Kettal y Minotti han lanzado piezas con acabados lacados, Porro también, Kartell se ha subido a un tren que es suyo por derecho, y No Ga sigue fiel a su estética con mesas y espejos de inspiración space age. Incluso Studioutte ha llevado la laca al siguiente nivel, diseñando un sofá donde este acabado se vuelve el más elegante de la fiesta. Atención, porque de la laca al espejo hay solo un paso, y ya hemos visto a este último asomar la patita también.
La laca en su máxima expresión de elegancia en la instalación Intermezzo de Studioutte y Atelier de Troupe. © Yellow Trace
3. Una textura rica, un color liso
De tanto mezclar lo industrial con lo artesanal, de jugar al límite entre el accidente y la intención, entre lo fabril y lo humano, la dualidad ha terminado por colarse en la decoración. Y lo ha hecho con fuerza. Nunca antes habíamos visto textiles tan ricos en texturas (pelos largos, patrones rugosos…) o piedras preciosas con vetas imposibles conviviendo con acabados planos, monocromáticos, tal vez con algo glossy chillón e intenso, pero lisos. Unos ejemplos que lo explican mejor:
Knoll es una de las firmas que se ha sumado a esta tendencia, cubriendo sus sofás de una rica textura. © Daniele Ansidei
También lo hemos visto en la mesa Bold y el nuevo sofá Vesta de Studiopepe para Sancal. © Nuel Puig
Muchas marcas han perdido el miedo a mezclar, y han sabido hacerlo con gracia. «Me recuerda a algo que dijo la diseñadora Tekla Severin una vez: me gusta combinar algo flirty con algo dirty«, apunta Evelien Reich, directora de MANERA Benelux. Y tiene toda la razón. Esa forma de cruzar tonos pastel atrevidos y limpios con telas terrosas y rugosas genera un equilibrio magnético. Y es una mezcla que ha estado por todas partes en esta edición. Hasta Ondarreta, el mejor embajador nacional del minimalismo escandinavo, ha dicho que sí a la textura con la pana en su nueva colección.
Más pelo largo en Sancal. © Nuel Puig
La rugosidad contra la delicadeza del vidrio, en Acerbis. © Alberto Strada
Nuevas butavas Mibu de Ondarreta. © Nuel Puig
4. La reedición, un primer amor
Ay, las reediciones. Son la debilidad de cualquiera, como esa vieja fotografía en la que ahora te ves guapo, o esa canción de la que ya no te acordabas. Dejando a un lado la ñoñería… las reediciones son ya una constante anual. Este año han estado por todas partes. Pero lo llamativo es que el lipstick red parece haberse coronado como el tono elegido para casi todas. Es el color statement por excelencia, ese que le da a una pieza histórica el rejuvenecimiento definitivo. Como un lifting.
Este año hemos visto a la silla Barcelona de Knoll vestida de un rojo aterciopelado, y le sienta muy bien.
Mesa D’Urso Occasional Table de Knoll, diseñada originalemnte en los 80 por Joseph D’Urso.
Más rojo sobre otro clásico, la Wasilly, en Knoll. © Nuel Puig
Pero no todas las reediciones se tiñen de rojo. Y esas también merecen una mirada atenta. Entre nuestras favoritas, el sofá Marius&Marius de Arflex, un modelo de Mario Marenco diseñado en los 70 destinado a convertirse en el nuevo sofá de cuero que todos vamos a querer, la icónica silla Africa de Scarpa por Tacchini, la casi centenaria cama Spherical Bed de Kaare Klint para Carl Hansen & Søn (antes individual ahora reimaginada como doble) y, por supuesto, todas las piezas nunca elaboradas de Charlotte Perriand que ha editado Yves Saint Laurent.
Tacchini ha ganado la batalla de las reediciones con la silla Africa de Tobia Scarpa.
Nuevo sofá Marius&Marius de Artflex.
La cama Spherical Bed de Kaare Klint para Carl Hansen & Søn.
5. Líneas rectas: la nueva claridad del diseño
Mezclar texturas ricas con colores lisos. Colores oscuros. Acabados glossy. Panelados y rojo burdeos. Parece como si, poco a poco, hubiésemos ido invocando a la colección que lo aúna todo: la de Garance Vallée para Monde Singulier. La primera colección de la diseñadora francesa con la que imagina cómo serán nuestras casas en 2093. Aunque tiene algo que no hemos tocado hasta ahora. Las líneas rectas. Los ángulos a 90º.
Y no son los únicos. Las cocinas de Arrital, los aparadores de Rimadesio, la nueva lámpara triangular de Michael Anastassiades (una pieza que también hemos destacado en el artículo donde adivinamos las lámparas del futuro)… ha llegado su momento. “Tras varias temporadas dominadas por curvas sensoriales y volúmenes envolventes, la línea recta vuelve con fuerza”, apunta Enric Pastor, director de esta revista. Y añade: “Pero ya no como sinónimo de frialdad o rigidez, sino como una forma de expresar claridad, orden y ritmo”.
Sigue Enric: “Desde la reedición de la silla Monk de Afra & Tobia Scarpa para Molteni & C hasta la librería y los asientos decorados con bambú de Sisan Lee para Gucci, las formas rectilíneas, tan propias de los años 90, dominaron toda la ciudad. Estaban en las mesas de Marlot Baus en Alcova, en las telas a rayas de Maja Isola para Marimekko e incluso en la escenografía con forma de cruz tapizada en peluche de Nilufar Depot. Estas líneas, lejos de endurecer, crean un contrapeso visual frente al auge de lo esponjoso y lo táctil, dando espacio y pausa al ojo. En manos de los diseñadores ahora se vuelven cálidas, domesticadas, pero con carácter. La geometría se afila, sí, pero también se humaniza”.
El nuevo -y precioso- taburete Zeta de Mario Botta para Alias.
Líneas rectas en la nueva colección de Marlot Baus. © Alejandro Ramírez Orozco
Las piezas de Sisan Lee fueron las que más dieron de qué hablar en la exposición de Gucci
6. Materiales cruzados: el regreso de los ochenta más opulentos
¿Y qué pasa con esos materiales que, en teoría, no deberían hablarse? Pues dejemos la teoría atrás y lancémonos a explorar sin miedo, como han hecho en Milán: “Los materiales se descontextualizan, aparecen donde menos se les espera y generan esa chispa que hace que un objeto deje de ser previsible para volverse memorable”, cuenta Enric. Mármol en cabeceros, cuero en techos, cerámica en sobremesas… Se rompe la lógica tradicional para dar paso a un diseño más libre, teatral y emocional, “como en los años 80”, agrega.
Lo mejor es verlo con ejemplos. En Rossana Orlandi, Aline Asmar d’Amman lleva esta exploración al límite: mesas que combinan cemento rugoso y ónix suave, aluminio plegado a mano con terrazzo, o bancos de piedra con cicatrices de cantera. “Un lenguaje matérico radical —añade— que reivindica que el lujo puede ser crudo, contradictorio y profundamente táctil”. Lo mismo pasa en las mesas Atlas de Cristián Mohaded para Louis Vuitton, que mezclan ónix con incrustaciones de travertino, y en las lámparas de SixNFive para Poltrona Frau, con pantallas de cuero que juegan a lo inesperado.
Y hay más: Alfombras de Jaipur Rugs que rompen la sobriedad clásica con gráficos lúdicos, una cocina de Patricia Urquiola para Signature Kitchen Suite hecha de barro o los halos pigmentados bajo las estructuras flotantes en la instalación de Hermès en La Pelota, que proyectan halos pigmentados sobre el espacio. Como dice Enric, “ya no importa tanto la función como el efecto que provoca. La mesa ya no tiene por qué ser de madera, ni el lavabo de piedra. Y eso está bien. Hay intención estética, sí, pero también un guiño lúdico que devuelve al diseño algo de su instinto más juguetón”.
Patricia Urquiola se lanza al diseño de cocinas con este modelo para Signature Kitchen Suite.
Mezcla de colores muy ochentera en Glas Italia. © Nuel Puig
Las nuevas alfombras que ha diseñado Richard Hutten para Jaipur Rugs son de lo más divertidas. © Neville Sukhia
7. Brutalismo romántico o barroco digital
Dos nombres para un fenómeno muy de hoy. Son objetos que toman un material rudo y le bendicen con un alma delicada. En el primer caso –también título de una exposición que explora esta corriente dentro del diseño polaco en la Milan Design Week–, habla de quienes ven poesía donde otros ven aspereza. Como en el acero golpeado de la lámpara Cashew de Kilzi, vista en Alcova, o las piezas de Sebastián Ángeles, moldeadas en acero fundido, que parecen esculpir unir industrial y sensibilidad artesanal en una sola forma. Lo entrevistamos en SaloneSatellite y él mismo nos dijo: “Dicen que sentarse en metal es curativo”. Estas piezas entienden la poesía del metal.
Aquí también pertenecen la lámpara Pagoda de Mario Tsai, que condensa la arquitectura asiática tradicional en una miniatura con luz propia, el biombo de aluminio cosido por un hilo rosa de Basetale, el sistema lumínico Liiu de Vantot para Luceplan o las luminarias de Touch With Eyes hechas con conchas marinas.
Basetale condensa la esencia del brutalismo romántico o el barroco digital en sus piezas. © Piergiorgio Sorgetti
Seguro que nunca antes habíamos visto un candelabro creado con ostras marinas como el de Touch With Eyes.
Lámpara Pagoda de Mario Tsai.
El barroco digital es, por otro lado, un término que le gusta más a Lauren Morris-Jansen, redactora de MANERA Benelux. “En Milán vimos formas ornamentadas y orgánicas que se manifestaban en productos y espacios con un efecto casi virtual, subrayando la tensión actual en el diseño entre la estética física y la digital, así como entre el minimalismo y el maximalismo –declara para este artículo–. Esta tendencia hacia el «barroco digital» me atrae porque capta la dualidad de nuestro tiempo y la creciente convergencia de naturaleza y tecnología”.
Tras décadas viendo generalmente a lo fabril y lo industrial como algo opuesto a lo natural, son las nuevas generaciones las que dibujan una nueva perspectiva con la fusion de ambos universos, ya sea con la vajilla de Natalia Criado o la alfombra Cryptis de Patricia Urquiola para cc-tapis, un atardecer en Ibiza con electricidad digital. “Las esculturas Ghost Orchid de Marcin Rusak en Alcova, el visual Blooming Seadragon de Ada Sokół para Moooi, la escultura lumínica Splash de Martin Gallo en Lasvit o el Bamboo Assemblage de Back Studio en Gucci”, añade Lauren. Ah, y flores. Hemos visto muchas flores.
La maravillosa vajilla de Natalia Criado. © José Limbert
Alfombra Cryptis de Patricia Urquiola para cc-tapis en el showroom milanés de la firma. © Luca Caizzi
Bamboo Assemblage de Back Studio en Gucci.
Bonus track: Tótems
No nos queríamos ir sin antes arrojar luz sobre algo que al principio parecía ser pura coincidencia, pero ha acabado conviertíéndose en algo que no hemos dejado de ver. Por alguna razón, más de uno se ha animado a diseñanar objetos, productos y piezas apilando elementos uno encima de otro. Como un tótem. Os invitamos a que echéis un (último) vistazo a esta curiosidad.
Más apilamiento en Rossana Orlandi: la lámpara de Aurélien Veyrat. © Studio.B.Helle
