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Diseño

Cristina Merchán, la enigmática ceramista venezolana que revolucionó este oficio en el siglo XX

Misterio y belleza en la vida y la obra de esta artista venezolana, considerada una de las mejores ceramistas latinoamericanas. Esta es su historia y su legado.

"Empecé a aprender y a hacer cerámica cuando me rechazó la pintura. Todos sentían desaprobación hacia las figuras, las manchas que parecían plantas, los sueños y los animales irreales que yo pintaba. La cerámica se imponía ante mis ojos. Se mezclaba con la vida cotidiana, con una realidad más densa, más próspera que la que parecía ser la mía hasta entonces”. Este es un fragmento de un texto escrito por la ceramista venezolana Cristina Merchán (Caracas, 1927 - París, 1987), publicado en una de sus exposiciones en 1981 en el Museo de Artes Decorativas de París.

La vida y obra de esta artista es tan enigmática como apasionante. Poco se la conoce en los círculos actuales, pero su trabajo, tan disruptivo para la época, la ha llevado a ser una de las ceramistas latinoamericanas más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Retrato de la ceramista venezolana Cristina Merchán.




Jarrón ovoide con cuello inclinado (1985). La hermosa y uniforme piel de sus cerámicas era resultado de un riguroso estudio del esmaltado, a menudo mate. 


Pequeño cubo (1984).

La ceramista latinoamericana adelantada a su época

Ella desarrolló su talento en una época crucial del resurgimiento creativo de su país. En la década de 1950 nace un movimiento modernista en Venezuela que empieza a explorar nuevos materiales, ideas y formas de concebir lo artístico. Poco a poco comenzó a considerarse arte y diseño lo que antes solo se pensaba como artesanía. 

“Hay dos grandes figuras que son clave en este contexto histórico – explica Luis Sendino, director de Side Gallery en Barcelona–. Por un lado está Carlos Raúl Villanueva, el arquitecto responsable de la Ciudad Universitaria de Caracas, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Con esta obra se abrió un nuevo campo de experimentación en la arquitectura y el diseño. Por otro, está Miguel Arroyo, quien fue jefe del taller de cerámica en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, el lugar en donde estudió Merchán después de haberse formado en Guadalajara, México. Fue Arroyo quien junto a un grupo de creativos, principalmente mujeres, formó el germen del movimiento de cerámica en Venezuela”.

Jarrón ovoide estriado (1978).




Pájaro de cuatro patas (1965).


Botella cilíndrica estriada (1982).

Una misteriosa vida entre Caracas, Barcelona y París

Fue en ese grupo donde Merchán encontró su verdadera vocación después de abandonar la pintura. Poco después de haber terminado sus estudios se hizo con el Premio Nacional de Artes Aplicadas en 1957. Esto generó controversia en el gremio artístico veterano de la época, ya que se trataba de un galardón otorgado a una joven ceramista. 

A partir de ahí comenzaron los viajes de Merchán hacia Europa, y en Barcelona aprendió el manejo del gres con Josep Llorens Artigas, considerado como uno de los grandes ceramistas del siglo XX. En esta ciudad conocería a una de las personas más importantes de su vida, la fotógrafa y galerista venezolana Fina Gómez, quien se interesó en su trabajo y le ofreció una beca de su fundación homónima en Francia. Merchán no pudo dejar pasar esa valiosa oportunidad y decidió alternar su vida entre Barcelona, Caracas y París. 

“Se fue a vivir a la casa-hotel particulier de Fina Gómez e instaló su taller en el garaje. Según los registros que hemos podido encontrar en diferentes archivos, Merchán era muy reservada y dedicada a su trabajo y solo se encontraba con Fina y otros compañeros durante la hora de la comida. De su vida personal casi no existe información, no sabemos si se casó o si tuvo hijos o amigos cercanos. Es un misterio”, explica Sendino.


Personaje (1962). «En los años 50 era muy revolucionario eliminar la parte utilitaria de la cerámica». Luis Sendino, director de Side Gallery.

Cubo con pie (1981).


Cerámicas con innovadoras técnicas de esmaltado

Sus piezas, caracterizadas por las formas ovoides, circulares, cuadros curvados y esmaltes mate o muy satinados en color blanco roto, arena o azul claro, llamaron la atención en la época, especialmente en Latinoamérica, donde tradicionalmente abundan las obras coloridas y brillantes. Sin embargo, en 1965 se salió de lo que usualmente hacía y expuso en el Museo Cantini de Marsella una colección de animales fantásticos en cerámica. 

“En los años 50 era bastante revolucionario que se eliminara la parte utilitaria de la cerámica y que el resultado solo fuera un ejercicio teórico sobre forma y color. Muchas de sus piezas solo tienen un pequeño agujero en la parte superior o unos pequeños tapones. Otras prácticamente están cerradas. La democratización del arte a través de la artesanía, las nuevas ideas de libertad y la posición de la mujer en la sociedad es muy importante en su obra y en la de otras ceramistas de ese tiempo”, destaca Sendino.


Tres manzanas (1986).

El legado de la cerámica de Cristina Merchán

Al morir Merchán en 1987, todas sus obras pasaron a formar parte de la Colección de Fina Gómez y se subastaron a través de los años. Una de las galerías que recientemente ha puesto en valor el trabajo de Merchán es precisamente Side Gallery, en Barcelona, que a finales de 2023 presentó una valiosa colección que fue expuesta en París en Museo de las Artes Decorativas de París en 1991. “Es muy importante volver a reconocer el esfuerzo y el talento de estos artistas olvidados”, finaliza Sendino.


Selección de sus piezas, entre las que destacan Esférica de cuello alto (1971), Esférica plana (1982) o Cilíndrica abombada (1978).

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