El agua que cura, que alivia. Cuenta la historia que los velluters, los artesanos de la seda de Valencia –hubo un tiempo en que este oficio era el principal sustento de la ciudad– acudían para aliviar los callos de sus manos a la Font d’En Corts, que hoy da nombre al barrio valenciano. En una antigua nave industrial en el corazón de sus calles, acaba de abrir un nuevo espacio para la libertad creativa de la mano de la artista valenciana de ascendencia argelina Yasmina Benabdelkrim. Aguas Internacionales –así se llama– es un espacio de encuentro cultural y artístico, de debate, de observación, de diversión. Un espacio donde dejarse llevar por la corriente.
El agua que arrastra, que moldea, que comunica lugares, que transporta energía. El agua cuya naturaleza vectorial da nombre a la exposición que inaugura este espacio: Vectors. Comisariada por Studio Torbina en colaboración con la galería parisina SM Bureau, reúne una selección de diseño coleccionable de ámbito local, nacional e internacional. 30 artistas, 60 piezas que exploran los límites entre arte, diseño y arquitectura.
Polina Torbina, comisaria de la exposición, y Yasmina Benabdelkrim, creadora del espacio Aguas Internacionales.
De izda. a dcha., silla de Lola Mayeras, mesa Mara T de Teget, mesa 4E de Cuatro Cuatros, mesa con ruedas de Nicolas Zanoni y lámpara Lux Æterna de Sasha x Sasha.
Instalación Floating River de Elena Rocabert.
JUEGO DE ENSAMBLAJES Y MATERIA
Objetos únicos o producidos en series muy limitadas, en las antípodas de la producción en masa, pensados para ser coleccionados como obras de arte, pero también para ser funcionales y sostener una vida y sus rutinas. «No se trata solo de producir objetos bellos, sino de condensar en ellos las sensibilidades, los gestos y los valores de una época. Cuando nos rodeamos de este tipo de piezas, nos hacemos parte de una cadena de transmisión cultural que cruza fronteras invisibles», explica Polina Torbina, fundadora de Studio Torbina. «En este sentido, la belleza es una forma de empatía: mirar un objeto y entender su recorrido, su fragilidad, su resistencia, nos enseña también a mirar a los demás con más comprensión».
En la muestra, el sello valenciano está muy presente y convive con una mirada más amplia, que abarca el país, el mundo. Propuestas de su padre y de su madre, pero con dos hilos conductores: técnicas de ensamblaje disruptivas y una narrativa material sólida con materiales comunes que cobran nuevos significados. Cada pieza es un punto de partida que se expande y sugiere nuevos caminos sobre cómo los objetos pueden habitar, transformar y dialogar con su entorno. «Tanto el vidrio como la cerámica son materias con memoria, con una historia profunda vinculada al Mediterráneo, pero aquí los presentamos en movimiento. El vidrio no solo se sopla o se moldea: se ensambla, se tensa, se fractura, se deja atravesar por la luz para proyectar nuevas geometrías en el espacio. La cerámica se trabaja desde lo táctil y lo impermanente: superficies rugosas, pigmentos que parecen líquidos detenidos, piezas que conservan la huella de la mano o la irregularidad del proceso», explica Polina.
Taburete Fuzzy de Nicolas Zanoni, candelabro Route de Sofia Karnukaeva, silla de Jordi Iranzo y mesa 67º de Angel Tausía.
Banco St Joseph de PEF, mesa The stone side table de Pascale Zintzen. Sobre peanas, lámpara de Sheyang Li y jarrón de Canoa Lab.
Mesa cubo AME de Zoe Wolker.
Candelabro Los remantes de Ovidi Benet.
Lámpara panelada Frame de Oven.
Mesa Route de Sofia Karnukaeva y aplique ALO sconce de Angel Tausía.
Aguas Internacionales, un espacio para el encuentro
Cuando Yasmina entró por primera vez en lo que hoy es Aguas Internacionales, llevaba unos quince años abandonado. «Estaba dividido por un muro en dos; era grisáceo y sucio, con maquinaria antigua, pero se percibía el potencial a través de esta bella decadencia», nos cuenta. «Cuando me acerqué y vi la higuera junto al horizonte del cielo, decidí lanzarme a la metamorfosis».
El espacio es el resultado de tres años de trabajo de Benabdelkrim junto al estudio Cases Pati y a artesanos locales —arquitectos, ceramistas, carpinteros y herreros—, co diseñando cada elemento en un diálogo entre su experiencia en entornos creativos y las manos expertas que preservan los oficios tradicionales. Madera, cristal, cemento y ladrillo. Industrial y a la vez delicado, con los pies en la tierra, en la de Valencia.
Su referente es de esos que piden estar a la altura. Yasmina se inspiró para crear este concepto en la Casa de Vidrio en São Paulo de Lina Bo Bardi, «en la manera en que integraba la arquitectura moderna con la cultura popular brasileña, dotándola de un profundo sentido social y funcional. Espacios concebidos para el encuentro, la comunidad y la transformación continua», explica. Si estáis en Valencia esta semana: corred a su encuentro. Desde aquí, habiendo disfrutado de esta primera muestra, ya estamos deseando saber qué será lo próximo.
Escultura Boira de Ovidi Benet.
De izda. a dcha., taburete Fortress de Wendy Andreu, mesa SSS01W de Sasha x Sasha y jarrón de Ayse Habibe
Kucuk.
Instalación Se vuelve a encontrar S1 de Claudia Pastomas.
