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Interiorismo

48h en la Costa del Sol, capital del 'estilo del relax', por Alejandro Cateto

La Costa del Sol es un universo propio, una manera de entender la arquitectura y la vida. El interiorista Alejandro Cateto recomienda qué hacer, qué visitar y dónde comer durante un fin de semana allí.

La Costa del Sol está en Málaga… pero esto no es Málaga: es otro universo, un mundo paralelo. Aquí todo parece suspendido en el tiempo: el mar brilla con intensidad propia, los rótulos de las discotecas parpadean, y lo pop y lo vernáculo conviven en un extraño equilibrio que solo este lugar puede sostener. La Costa del Sol no es solo un destino; es un concepto con vida propia, una identidad que se dibuja en el tipo de turismo que atrae, en su ocio, en sus hoteles dedicados al descanso, en ese estilo de vida pausado que la define.

Aquí nació el “estilo del relax”, una manera de entender la arquitectura y la estética que banaliza todo para exaltar la belleza en sí misma. No busca función; busca asombro, diversión, espectáculo, la atención del ojo curioso. Es la mezcla perfecta entre litoral, montaña y pueblos, entre libertad y rutina, entre lo efímero y lo eterno. Desde aquí, desde su casa-estudio frente al mar —un edificio de los años 60 cuyo portal resiste impasible al paso del tiempo— Alejandro Cateto se inspira y diseña.


Alejandro Cateto en su portal. Edificio Los Maite, Benalmádena. © loveladrillo.

VIERNES

12:00. Un paseo

Sin duda, mi paseo favorito por la Costa del Sol es en moto. La moto te da libertad que la costa merece para disfrutarse, con calma y con los sentidos abiertos; te hace sentir la brisa y el olor a mar, una sensación casi indescriptible. Cada cierto tiempo me encanta hacer ruta y visitar lo que yo llamo las “reliquias del Relax”: algunas obras que permanecen en la Costa de un pasado estéticamente mejor. Desde el Club de Buceo en la N-340 —un edificio “pato”, como diría Venturi, que simulaba un submarino con protuberancias tipo periscopios colocadas al azar— hasta el bazar Aladino, otro edificio con forma de barco que servía de reclamo para el turista que llegaba en coche a Torremolinos. 


Postal antigua del Bazar Aladino.

Detalles Club de buceo, Fuengirola. © Alejandro Cateto.


13:00 Hora de repostar

En la Costa del Sol, hasta poner gasolina era una experiencia en sí misma. La N-340 se había convertido en el gran eje del automóvil, y las gasolineras, fieles al estilo del relax, se concebían como auténticos edificios-reclamo: objetos publicitarios capaces de captar la mirada del conductor. Toda estación de servicio debía ser visible desde la carretera, lo que exigía formas llamativas y anuncios verticales que se erguían como tótems del viaje.

Hoy quedan poquísimas con su estética original. Hay dos en las que siempre recomiendo detenerse: la gasolinera Alaska, en la Carretera de Cádiz, con su espectacular volado de hormigón que recuerda a las curvas de Félix Candela; y la antigua gasolinera del kilómetro 217 de la N-340, en Los Boliches (Fuengirola), que perteneció a Shell. Sus surtidores se cobijan bajo una gran marquesina en forma de concha, símbolo de la compañía a la que un día perteneció. Ya no forma parte de la marca, pero sorprendentemente se mantiene intacta, respetada por quienes reconocen el valor histórico y estético que encierra.


La gasolinera Alaska. © Archivo fotográfico Universidad de Málaga.

14:30 – Un ritual costero

El espeto de sardinas, asado al fuego en una barquita a pie de playa, es mucho más que un plato: es un icono absoluto de la Costa del Sol, casi una religión. Existe un ritual no escrito que todos seguimos sin pensar: nada más llegar, lo primero es comerse un espeto. Así de simple. Así de sagrado.

Como ocurre con los pitufos, cuanto más “de toda la vida” sea el chiringuito, mejor suele salir el espeto. Esa es la norma general. Pero, como en todo, hay excepciones luminosas. Ahí están Soleo, en el Hotel El Fuerte —al que Jaime Beriestain ha insuflado una nueva vida—; La Milla, donde el producto es ley; o el elegante chiringuito de Puente Romano Resort. Todos en Marbella, todos muy marbellíes.

Y Tela Marinera, en Torremolinos, se ha convertido en un must reciente para mí: por sus espetos y por su preciosa celosía Ronda, de la nueva colección de Todobarro.


El interior de Tela Marinera.

La celosía Ronda de Todobarro.


16:00 – Una joya oculta

Torremolinos guarda un secreto que no todo el mundo conoce, preservado como pocos a lo largo del tiempo gracias a la sensibilidad de sus vecinos: el vestíbulo del Edificio El Remo, en La Carihuela, obra del arquitecto Ignacio Dorao Orduña. La entrada, previsiblemente con hormigón moldeado, muestra un conjunto de figuras inspiradas en el entorno marítimo —caballitos de mar, burbujas, palas de remo— que actúan como preludio de lo que espera dentro.

Porque la verdadera sorpresa está en el interior: una imponente escalera de hormigón en espiral que acapara todas las miradas, acompañada por un techo de barroquismo contemporáneo y un elegante juego de losas de hormigón y “losas de agua” en horizontal. Un espacio que nunca deja de impresionarme, por más veces que lo visite.


El vestíbulo del Edificio Remo. © Alejandro Cateto. 

La entrada, con su mundo marino de hormigón. © Alejandro Cateto. 


17:30 – Volver a las raíces

¿Puede existir un hotel de invierno en la Costa del Sol? Teóricamente, no: ni la localización ni el nombre lo sugieren. Pero el Hotel Miami es la excepción que confirma la regla, al menos en mi imaginación. Su salón interior, con esa chimenea encendida y una estética que bebe del Sacromonte granadino, invita a acurrucarse frente al fuego en pleno día de frío, como si estuviésemos lejos del litoral.

La historia de este hotel es tan singular como su atmósfera. Fue originalmente la casa de la bailaora gitana Lola Medina, construida y decorada en 1948 con la ayuda del pintor Manolo Blasco, primo de Picasso, de ahí su estética que fue casi un decorado para la granaína. Años más tarde, en 1957, su amiga Mercedes Gómez la adquirió, la amplió y la transformó en un hotel.

Su salón permanece congelado en el tiempo: profundamente vernáculo, con paredes imperfectas y encaladas, pavimento de barro cocido, cuadros taurinos y esas icónicas sillas de forja que parecen contar historias propias. Por aquí pasaron figuras como el escritor Juan Goytisolo, atraídas por un ambiente que, aún hoy, conserva intacta su esencia.

18:30 Unas vistas brutales

Mi placer prohibido es subir en ascensor hasta la última planta de alguna de las Tres Torres de Torremolinos e ir descendiendo por sus escaleras exteriores. No es un mirador como tal, pero para mí, sin duda, ofrece mis vistas favoritas: desde sus escaleras, las panorámicas son brutales —nunca mejor dicho—, pues las losas brutalistas de hormigón visto que separan los tramos enmarcan los montes de Torremolinos y dejan una estampa preciosa.

Salón interior del Hotel residencia Miami, Torremolinos. © Alejandro Cateto.




Las escaleras de las Tres Torres. © Alejandro Cateto.


Sus vistas de Torremolinos. © Alejandro Cateto.

22:00 – Una cena para bajar pulsaciones

Cenar en AVIVA, en Benalmádena. Es uno de esos sitios que te sorprenden incluso cuando ya crees conocerlos, con una cocina que mezcla técnica y cercanía de una forma muy natural.

El ambiente acompaña: luz tenue, ritmo tranquilo y ese toque mediterráneo contemporáneo que lo hace especial sin necesidad de imposturas. A mí lo que más me gusta es cómo logran que todo parezca fácil, pero sabes que detrás hay mucho oficio.


23:30 – Antes de dormir, un espectáculo…

El verano es sinónimo de ver los shows de La Prohibida en Parthenon, Torremolinos, donde se encuentra cada verano. Amo su música y compartimos el amor por el Brutalismo, de hecho, ella ha grabado mucho de sus videoclips en edificios brutalistas, como el video de su canción Ruido, en Les Etoiles de Jean Renaudie en París.

00.00 – Y acabar, ahora sí, durmiendo con “las estrellas”

Honestamente, yo aún no lo he hecho, pero me muero por hacerlo. Dormir en el Hotel Pez Espada, en Torremolinos, es como viajar en el tiempo hasta la Costa del Sol de los años 60. Fue el primer hotel de cinco estrellas de la zona y aquí descansaban estrellas internacionales: íionos del cine y la alta sociedad europea como Frank Sinatra, Brigitte Bardot, Ava Gardner, Sean Connery, Charlton Heston, Sofía Loren, Rock Hudson y Orson Welles.

Ha sido reformado hace poco por el estudio Ilmio Design, pero lo que verdaderamente le da valor al hotel es todo lo original que conserva. Me enamora el suelo de terrazo con sus trazos reniformes, bicolor y los murales del friso de la recepción, con motivos vernáculos de la cultura malagueña. Cada detalle nos recuerda que estamos en un lugar histórico, elegante y lleno de personalidad. Honestamente por muchos hoteles de nueva apertura que nazcan en la zona, ninguno consigue eclipsar la personalidad del Pez Espada.


Vestíbulo del Hotel Pez Espada @Alejandro Cateto.

Fotograma del videoclip Ruido, de La Prohibida,  en Les Etoiles de Jean Renaudie en París.



Postal antigua del Hotel Pez Espada.

Sábado

9:30 Un desayuno Cateto

Nada de huevos benedict ni baked beans pese a estar repleto de estos lugares de desayuno…aquí lo tradicional es un pitufo mixto y un sombra.  Un pitufo mixto es el nombre que se le da a un pan blanco con jamón cocido y una pizca de mantequilla untada al pan. Luego hay que tostar todo, derritiendo el queso y consiguiendo que el jamón se caliente. Y un “sombra” es un lenguaje propio malagueño, es la forma de llamar aquí a un café con mucha leche. Cuanto más “barrio” sea la zona donde lo busques…más bueno estará el pitufo. El Bar Paco en Sacaba beach es buen ejemplo de ello.

11.30 Descubrimiento creativo

Una visita obligada para los amantes de la decoración es La Fábrica de Hielo en Marbella. Aún siendo una tienda, es todo un hito de inspiración. Parece una revista de interiorismo abierta: una mezcla entre piezas de anticuario y objetos de diseño cuidadosamente seleccionados. Es casi como un museo de la decoración; aquí, cada pieza tiene una historia que contar.


© La Fábrica de Hielo.

14.30 – Degustar el mar

El mejor producto del mar de toda la Costa del Sol lo ofrece Los Marinos José, una marisquería frente a la playa Carvajal, en Fuengirola. Desde 2024, ha sido renovada por el estudio Lago Interioriza, y lo único capaz de competir con la calidad del pescado y del marisco son las lámparas Dipping de Marset en azul, que transmiten aún más ese frescor marino y aportan un valor añadido a toda la experiencia.


Los Marinos José, Fuengirola @loveladrillo.

16.00 –  ¿Dejarse ver?

El recién reinaugurado Hotel Los Monteros vuelve a ser ese clásico marbellí que uno reconoce al instante. A mí lo que más me gusta es cómo han recuperado ese aire mediterráneo sin perder la elegancia, una mezcla que se siente en cada rincón.

Lo que realmente me fascina es su juego de piscinas. La principal, abierta y escalonada, me recuerda a los pozos de conversación de los años sesenta, un detalle que considero todo un acierto. En las alturas, la piscina del Escondido Rooftop ofrece otro plan: música, vistas y ese ambiente perfecto para las tardes largas.

Me encantan las dos opciones: una para relajarse y la otra para dejarse ver… o ser visto. Aquí, todo encaja.


Hotel Kimpton Los Monteros, Marbella.

19.00 –  Arte en la calle

Málaga es la ciudad de los museos… pero en la Costa del Sol también hay sorpresas urbanas, como la pintura que adorna la fachada principal del edificio Milano, en Fuengirola.

Esta obra se llama Eriana y es del artista Barbadillo, inaugurada en 1982. Forma parte de un proyecto del ayuntamiento que se llama “museo al aire libre”: La idea es que el arte contemporáneo no solo se contemple, sino que se viva en el espacio público, transformando el paisaje urbano de zonas recién construidas.

Se trata de una obra de abstracción geométrica: figuras negras que se suceden en curvas sobre un fondo blanco. Es hipnótica, como toda la obra de Barbadillo, marcada por esos ritmos psicodélicos. 

21.30 –  Una cena

Volvemos a comer pescado, pero esta vez de otra manera: nos alejamos del típico restaurante malagueño. En Benalmádena, Pirañaconda se impone como uno de mis japoneses favoritos. Yo diría: “aquí no se viene a comer rápido, se viene a saborear”. Es un espacio pequeño, un lugar al que venir sin prisas, los platos llegan con mimo, nada está preparado de antemano; la espera vale realmente la pena.

23:00 – ¿Bailar en el mítico Studio 54?

La Costa del Sol está llena de opciones para disfrutar de la noche…pero mi lugar favorito es Sarao… nombre actual de la antigua discoteca secreta, inspirada en Studio 54, del mítico hotel Byblos, hoy hotel La Zambra. Imaginar que estás bailando en el mismo sitio que alguna vez bailaron Ladi Di, Julio iglesias o los Rolling Stones tiene su punto.


Discoteca Sarao. @Alejandro Cateto.

Barbadillo en Fuengirola.


00.00 – Esta noche dormimos en El Fuerte

Me gusta imaginar cómo será dormir en este hotel cargado de historia, no puedo evitar viajar a sus orígenes: aquella fortaleza que Carlos V mandó construir en 1554 y, mucho después, a 1954, cuando José Luque Manzano compró la antigua Casa de Doña Elvira para transformarla en un hotel que terminaría acogiendo a Walt Disney, Lola Flores, Penélope Cruz y tantos otros.

Tras el gran rediseño de 2023, siento que algo ha cambiado de forma profunda. El interiorista Jaime Beriestain ha dejado una huella muy personal, nacida de la cultura andaluza: de la calle, de los palacios, del mundo ecuestre y de las ferias. Esa mezcla —honesta, colorida, muy nuestra— es, para mí, lo que vuelve a insuflar vida a esta casa que ya carga con siglos de historias.


Hotel El Fuerte, Marbella. @Manolo Ylera.

Domingo

09:00 Una escapada cercana…

Si necesito desconectar sin alejarme demasiado, siempre conduzco hacia LA Almazara, en Ronda. Enciendo el coche como quien inicia un pequeño ritual, y a una hora de Marbella ya estoy en otro mundo: silencio, aire fresco y esa sensación de que el paisaje te está hablando.

El proyecto de LA Organics lleva la firma creativa de Philippe Starck, llama la atención en la escala, en los volúmenes, en la manera en que la luz cae sobre las superficies. Lo que más me gusta es cómo convive lo contemporáneo con lo rural. Hay algo muy puro en la forma en la que este sitio celebra el aceite, la tierra, y el tiempo lento.


LA Almazara, de LA Organic.

13:00 La hora del vermut…

Para vermutear, nada como la Bodeguita del Chato, en Estepona: pequeña, acogedora, con ese aire de taberna donde el tiempo se detiene entre una tapa bien hecha y un buen vermú. Otra opción para un buen vino es la Bodega Guerola, en Torremolinos, una bodega de toda la vida, auténtica, sin artificios. Lleva desde el año 1962 dando servicio.

14:30 – “Como” en casa…

Para mí, algo que se ha convertido en tradición es llevar a amigos y familiares que vienen de visita —e incluso he organizado allí reuniones informales— a mi lugar de confianza para disfrutar de una buena comida: el restaurante La Cala, en Benalmádena. Tiene una terraza mágica bajo un ficus enorme desde la que se ve el mar. Su ensalada templada de bacalao y su mousse de turrón son imprescindibles.

16:00 – Una sobremesa

La interiorista Marie Caroline Willms, del estudio EMCI, domina como pocas la creación de atmósferas; su trabajo de remodelación en el Marbella Club es, sencillamente, exquisito. Y si tuviera que elegir un lugar para alargar una sobremesa, sin duda sería El Patio del Marbella Club. Aquí se respira historia: un espacio que se nutre del origen extravagante y lujoso del propio club, filtrado por la despreocupación cálida de la California de los años 50 y matizado por un acento profundamente español. Porque esto sigue siendo Andalucía, y se nota en el uso del barro en el pavimento, en la forja del mobiliario y en esa mezcla natural de tradición y sofisticación.

Merece una mención especial el trabajo de los bancos pintados a mano y la chimenea interior, coronada por esculturas artesanales de los sevillanos The Exvotos. Un rincón donde el tiempo parece detenerse entre conversaciones, luz suave y ese encanto effortless que solo el Marbella Club sabe sostener.


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17:30 – Siguiendo los pasos de Gala y Dalí…

Un plan que me encanta, y que siempre recomiendo vivir aquí, es darse un baño en el mar desnudo. En la Costa del Sol, cuna del topless —como lo practicaron Gala, de Dalí, o Brigitte Bardot, lo que en su momento escandalizó y abrió la época del Torremolinos dorado—, es perfectamente posible. Cabopino, en Marbella, es una playa rodeada de naturaleza donde puedes sentirte completamente libre en verano, o simplemente disfrutar de un paseo tranquilo en invierno.

19:30 – Houston, tenemos una plaza

Seas taurino o no —en mi caso no lo soy— te recomiendo visitar la que, como a mí me gusta llamarla, es la primera plaza de toros Space Age del mundo. La plaza de toros de Estepona aparece como un ovni junto a la N-340. Su fisonomía orgánica, sus muros blancos de aire vernáculo y una topografía reinventada dan lugar a una edificación única, donde las gradas se desarrollan de manera asimétrica con el objetivo de generar el mayor número de localidades en sombra.

Inaugurada en 1972 y proyectada por el arquitecto Juan Mora Urbano, la plaza cuenta con una serie de accesos en pendiente creados mediante muros de contención curvos en forma de “C”, que generan espacios a cota de calle y que, vistos desde una perspectiva aérea, conforman un paisaje casi lunar. ¡Puro estilo del relax!


Gala en La Carihuela, Torremolinos.

Plaza de toros de Estepona @Daniel Espada Cerón.


21:00 – Hora de hacer homenaje a la estética de la Costa del Sol, es “la hora del Relax”…


Para cerrar este fin de semana, nada como relajarse en el spa del Hotel La Zambra. Es un espacio increíble desde su llegada…ese hall con esa altura con esas cortinas tan imponentes tapando las columnas del espacio, una jugada maestra desde el punto de vista del interiorismo, hace del espacio casi un lugar mágico, si eso se lo sumamos a la noche de “Candle night”…vives una experiencia única.

Quizá eso sea el «estilo del relax»: saber detener el mundo un momento, mirar, y dejarse deslumbrar.

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