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Interiorismo

Ábaton, arquitectos: “Una escalera debe ser única, respirar carácter escultórico y estar pensada para la vivienda en la que va a estar”.

Desde 1998, Ábaton ha construido una arquitectura sostenible que combina precisión técnica y sensibilidad humana. Entre el detalle escultórico y el compromiso ambiental, su trabajo anticipa una manera de habitar más consciente, esencial y profundamente ligada al lugar.

Fundado en Madrid en 1998 por Camino Alonso, Ignacio Lechón y Carlos Alonso, Ábaton se ha consolidado como uno de los estudios más consistentes de la arquitectura residencial española. Su trabajo —más de 500 proyectos construidos y más de 300 rehabilitaciones— no se apoya en una estética reconocible a primera vista, sino en una manera de hacer. 

Ábaton lo resume explicando que hacen una “arquitectura humana, empática y sencilla”, y que no repiten fórmulas, sino que desarrollan “soluciones específicas para cada caso”. Esa frase explica mejor su trayectoria que cualquier etiqueta.


En el Proyecto AS en Madrid, los espacios fluyen en continuidad, abiertos al jardín mediante grandes ventanales. Foto: Belén Imaz.

UNA ARQUITECTURA ESENCIAL

El proceso de Ábaton se traduce en una acción concreta: eliminar lo innecesario hasta que el espacio respire. No se trata de minimalismo como estética, sino de precisión. Sus casas transmiten calma, trabajan con proporciones, luz natural y materiales honestos. Rechazan, como dicen, “materiales que imitan ser algo que no son”. Esa declaración ética se traduce en una arquitectura sostenible donde la madera es madera y el hormigón es hormigón, sin disfraces.

En proyectos urbanos como Casa Brisa, o en intervenciones como Proyecto AS o Proyecto CH, esa claridad se percibe en plantas fluidas, espacios conectados y una atención casi quirúrgica al detalle constructivo. No hay elementos gratuitos. Todo tiene una función estructural, espacial o atmosférica. También en las reformas de pisos: incluyen respeto, fluidez espacial y mucha pieza de arte. 


Madera estructural vista y hormigón encofrado definen un interior cálido y preciso en el Proyecto CH en Madrid. Foto: Belén Imaz.

En este punto, su arquitectura dialoga con la contemporaneidad japonesa y nórdica —la sobriedad, la luz tamizada, el respeto por el material—, pero siempre anclada al territorio. Sus casas en Madrid, Extremadura o Menorca no podrían estar en Oslo o en Kioto sin perder algo esencial: la relación con el clima, la topografía y la forma de habitar española.

ESCALERAS: LA ESCULTURA ÚTIL

Uno de los rasgos más reconocibles del estudio aparece en un elemento que muchos arquitectos relegan a lo funcional: la escalera. En una entrevista explicaban que “una escalera debe ser única, respirar carácter escultórico y estar pensada para la vivienda en la que va a estar”. Esa idea resume bien su enfoque: la escalera no es un trámite vertical, sino una pieza que organiza la casa, la articula y le da carácter.


Escaleras de Ábaton en Las Marías y Proyecto CH: madera y hormigón como esculturas habitables que articulan luz, niveles y recorrido interior. Foto: Belén Imaz.

Foto: Belén Imaz.


En varias de sus viviendas, la escalera se convierte en un volumen limpio de hormigón visto o en una estructura ligera que dialoga con la luz. No busca espectáculo, sino coherencia. A veces es un bloque monolítico que ancla el espacio; otras, una pieza más liviana que flota entre plantas. Siempre responde al conjunto. 

La referencia inevitable podría estar en cierta arquitectura japonesa —como la manera en que Tadao Ando entiende el hormigón como materia espiritual— o en la tradición nórdica que convierte los elementos estructurales en protagonistas silenciosos. Pero en Ábaton hay algo más terrenal: la escalera no es un manifiesto, es una herramienta para vivir la casa.

COCINAS COMO CENTRO DE GRAVEDAD

Otro punto clave en su arquitectura son las cocinas. No se diseñan como anexos técnicos, sino como verdaderos núcleos domésticos. En muchos de sus proyectos, este espacio se abre al salón o se articula como centro desde el que se organiza la vida cotidiana. 

Aquí la influencia nórdica —la importancia del hogar como espacio compartido— se cruza con una tradición mediterránea donde cocinar y reunirse forman parte de la cultura. El resultado no es escandinavo ni japonés, sino profundamente español: espacios luminosos, pensados para la conversación y el uso real.


En la Casa Brisa, una obra nueva en Madrid, volúmenes blancos abrazan la encina y se abren al jardín mediterráneo. Foto: Belén Imaz.

ARQUITECTURA PARA SENTIR

En un contexto saturado de imágenes y proyectos icónicos, Ábaton opta por otra vía. Sus espacios están “más pensados para sentirlos que para verlos”, aseguran. Esa frase, lejos de ser retórica, se confirma cuando se recorren sus casas: la luz entra de manera medida, la circulación es natural, los materiales envejecen bien.

No hay voluntad de espectacularidad. Hay coherencia. Y en esa coherencia reside su fuerza. Su arquitectura no pretende ser tendencia, pero anticipa una: “Vamos a observar un auge en arquitectura sostenible, materiales de bajo impacto y diseño bioclimático”, aseguran. Ellos ya llevan practicándolo varios años.

En definitiva, Ábaton representa una manera de entender la arquitectura contemporánea española que dialoga con referentes internacionales sin perder el arraigo. Esencial, precisa y honesta, su obra demuestra que el verdadero lujo no está en añadir, sino en saber exactamente qué quitar.


De nuevo un patio central articula los espacios en el Proyecto CH, diluyendo los límites entre interior y exterior. Foto: Belén Imaz.

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