Ya sea diseñando una colección completa de baño para Roca, una mesa de cerámica con forma de seta, platos para El Celler de Can Roca, lámparas orgánicas o restaurantes modulares y de ecodiseño (como Tramo en Madrid y Normal en Girona), Andreu Carulla aplica siempre el mismo método: la exploración constante de los materiales y el equilibrio entre técnicas milenarias y procesos contemporáneos.
Rodeado por el paisaje del Empordà y con base en Banyoles, Andreu Carulla fundó allí su estudio en 2006. Dos décadas después diseña muebles, lámparas, vajillas, baños, restaurantes y hoteles, pero detrás de esa aparente dispersión hay una idea bastante precisa de cómo deberían hacerse las cosas: “Proyectos enteramente a medida, utilizando materiales naturales, dándole una vuelta de tuerca a la artesanía local y con una estética justificada”. Él es una de las 200 voces del interiorismo en España reunidas por MANERA en #LaListaInteriorismo.
Puede diseñar una colección completa de baño para Roca, la vajilla de El Celler de Can Roca, un restaurante o una destilería. Cambia la escala, pero no demasiado el método. Carulla investiga cómo están hechas las cosas, qué material necesitan realmente y cuánto puede retirarse antes de que el diseño pierda sentido.

Un diseñador entre Coderch, William Morris y Renzo Piano
Quizá por eso, cuando se le pide que elija sus referentes, no enumera nombres por prestigio sino cualidades: “La simplicidad de Coderch, el discurso de William Morris y la precisión de Renzo Piano”. También se reconoce explícitamente en el movimiento Arts & Crafts. Hay bastante de aquella reconciliación entre diseño, oficio y utilidad en una práctica que sigue buscando conocimiento en las técnicas tradicionales sin renunciar a los procesos contemporáneos.
Su posición frente a los materiales es igual de clara. Nunca introduciría en un proyecto “material sintético que imite otro material; réplicas de materiales naturales”. No parece una cuestión puramente estética. En su trabajo, dejar que la madera parezca madera, la cerámica cerámica o el hormigón hormigón forma parte de una actitud más amplia: diseñar sin disfraces.

Tramo: sofisticación escondida bajo una estética sin pretensiones
Eso se entiende especialmente bien en Tramo, el restaurante madrileño diseñado junto a SelgasCano, uno de los dos proyectos que el propio Carulla considera más representativos de su estudio, junto al restaurante Normal de Girona. Al encontrarse con la antigua nave industrial de Prosperidad, su decisión fue precisamente no domesticarla: “Dejar que sea el espacio quien domine y no el autor”.
En Tramo, esa renuncia al gesto gratuito esconde bastante ingeniería. El mobiliario está compuesto por más de 2.000 módulos; los bancos de cerámica fabricados en La Bisbal ocultan las salidas del sistema de ventilación y unos pozos provenzales aprovechan la temperatura del subsuelo para modificar entre 10 y 12 grados la del aire exterior. Es quizá una buena definición de su trabajo: “Detrás de esta estética tan humilde o tan poco pretenciosa hay una sofisticación y un confort extremo”.
También permite entender por qué, si Andreu Carulla tuviera que convertirse en una pieza de diseño, elegiría algo bastante menos solemne que una silla de museo: “Un taburete de ordeñar de tres patas. Minimalista, funcional y estético sin pretensiones”. Difícil resumir mejor su programa.

Del baño como santuario a Esperit Roca
Esa misma búsqueda de belleza útil aparece en su larga relación con Roca. Para la firma diseñó Tura, una colección completa para el baño de lenguaje mediterráneo, y en 2025 llevó esa investigación más lejos con Tempus, una instalación que convertía el baño en un pequeño santuario construido con madera, hierro, agua, piedra, luz y materiales reutilizados. “El baño es un espacio en donde nos desnudamos por dentro y por fuera. Es un santuario para el cuerpo”, explicaba entonces a MANERA.
Hay detrás una preocupación poco espectacular y bastante importante: cómo vivimos realmente. En Tempus defendía incluso el baño pequeño frente a esos interiores de dimensiones irreales que abundan en las imágenes aspiracionales. Y cuando participó junto a MANERA y Roca en Sesión Continua en el Museo Reina Sofía para conversar sobre La casa, de Álex Montoya, volvió sobre ideas parecidas: tiempo, uso, memoria y objetos capaces de envejecer sin hacer ruido.

Sus trabajos más recientes
Sus trabajos recientes amplían esa escala. Carulla señala la Destilería Esperit Roca y Termas Bonay —el rooftop spa de Casa Bonay— entre sus últimas obras. Y su colaboración con los hermanos Roca ha crecido hasta Esperit Roca, en Sant Julià de Ramis, un proyecto que reúne hotel, restaurante, bodega, destilería y espacio expositivo y para el que ha trabajado el interiorismo y el mobiliario.
En el horizonte aparecen el Hotel Mercer Madrid y nuevas heladerías Rocambolesc. Y cuando se le pregunta qué tendencia cree que crecerá en 2026, responde con dos palabras que podrían aplicarse a casi toda su carrera: “El arte funcional”.

Tener «un cliente sensible y entregado»
No parece casual. Para Carulla, la belleza nunca termina de separarse de aquello que una cosa hace. Su proyecto ideal necesita un presupuesto y una ejecución equilibrados y, sobre todo, “un cliente sensible y entregado”. El enemigo cotidiano es bastante menos romántico: “Sortear las restricciones normativas, administrativas y burocráticas sin perder la esencia del proyecto”.
Entre William Morris y un conducto de ventilación oculto bajo un banco de cerámica hay, aparentemente, una distancia enorme. En el trabajo de Andreu Carulla, no tanta. En ambos casos se trata de lo mismo: conseguir que técnica, oficio, material y belleza vuelvan a formar parte de una única cosa.
