Comedor con tapiz XXL con flores y alfombra naranja con lunares dorados, diseño de Casa Josephine. Al igual que las lámparas de pie lacadas y la mesa de caliza y roble, ambas de su colección Weekend. Sillas tubulares vintage de Tecta, sofá con lino a rayas Belmondo de Dedar y lámpara de techo Semi de 1968 de Bonderup y Thorup.
Equilibrio admirable
El resultado de esta aventura decorativa, que tardó seis meses en gestarse, fue una segunda vivienda confortable, llena de colores y texturas. Perfecta para que la habite una familia joven con dos hijos pequeños en sus visitas a la capital española. “La casa originalmente era muy blanca y necesitaba vida. Por una parte, decidimos dar color a algunos espacios y, por otra, utilizar elementos textiles como tapices y alfombras. Siempre tratando de hacer un pequeño homenaje a las culturas nómadas de Oriente y a la cultura andalusí. Ambas tradicionalmente decoraban con este tipo de materiales”, añade Íñigo.
Esto se refleja a la perfección en el salón-comedor, donde colocaron con maestría dos tapices hechos a medida y diseñados por ellos. Los mismos que conviven ahora con piezas actuales de mobiliario, también a cargo de Casa Josephine, así como con toda una selección de piezas de anticuario comisariadas con esmero en su tienda-estudio en el Rastro, procedentes de diferentes partes del mundo. Tal amalgama de objetos, sin embargo, ni chirría ni choca a nivel visual. Porque este dúo tiene oficio y ojo suficientes como para que eso no ocurra. “Siempre trabajamos para que el resultado de nuestros proyectos sea equilibrado, coherente y creíble”, concluye Pablo. Su objetivo es que parezca una casa real y vivida, y no una galería de arte tan solo para ver y mirar.