Si hace un siglo una arquitecta llamada Beatriz Bergasa hubiera recorrido los pasillos de la Bauhaus, probablemente habría reconocido allí muchas de las claves que hoy atraviesan su arquitectura: la armonía, el equilibrio, la relación honesta con el entorno, el tiempo y quienes lo habitan. Pero Beatriz no pertenece a otra época. Trabaja aquí y ahora, y su inspiración no nace en Alemania, sino en San Sebastián, su tierra, a la que define como “una de las ciudades más inspiradoras”. Desde ese paisaje, pone en práctica una idea aún plenamente vigente: que la forma (y la belleza), efectivamente, sigue a la función.



Clasicismo contemporáneo
La Bauhaus la inspira, sí, pero los proyectos de Beatriz respiran algo más. Una calidez cromática alineada con los tiempos actuales, un clasicismo contemporáneo que busca crear atmósferas de bienestar. Y para lograrlo, la combinación de colores es infinita, pero su verdadero truco está en mirar por la ventana: “todas las combinaciones de color que nos muestra la naturaleza a diario son infalibles y me inspiran”.
Con esa sensibilidad para encontrar una elegancia natural –siempre sin perder de vista el rigor técnico–, Beatriz está llevando a este rincón del Cantábrico un lenguaje arquitectónico sereno y profundamente sofisticado. Su trayectoria la avala: comenzó en 2008 junto a dos socios, con quienes desarrolló proyectos como la Comisaría de la Ertzaintza en Getxo, “un proyecto muy complejo y apasionante del que disfruté enormemente”. Pero fue en 2021 cuando fundó su propio estudio y llegaron los proyectos más determinantes.
Interiores que hablan por sí mismos
Restauración, vivienda, una pequeña bodega privada, una ampliación hotelera, otra vivienda en un edificio clásico de San Sebastián… “Muchos retos y mucho disfrute”, apunta. Aunque si hay uno en el que brilla especialmente, ese es el hotel Ur Bare de Zarautz. “Conseguir transformarlo espacial y físicamente en un hotel de cuatro estrellas, partiendo de un edificio con tantas peculiaridades y dificultades, fue todo un reto”. Un enclave lleno de armonía frente a las olas que invita a imaginar lo que está por venir: “En mis nuevos proyectos se perfilan suelos más oscuros y destellos de metales suaves, con una artesanía más sofisticada; más que una tendencia, lo veo como una evolución, casi una necesidad vital”.

En una bodega privada que acaba de completar, Beatriz pone a prueba tonalidades oscuras y acabados metalizdos. © Marian Etxebeste
En conversación con la arquitecta, Beatriz lo tiene claro: nunca pondría la estética por encima de la técnica ni del bienestar. Y, sin embargo, basta mirar sus proyectos para comprobar que sus interiores son joyas serenas, espacios de los que no querríamos salir jamás, capaces de hacer feliz a cualquiera que los habite. No es arriesgado decir que sus referentes (Mies van der Rohe, Louis Kahn, Eileen Gray…) suscribirían cada una de estas palabras.

Qué mejor cierre final que las espectaculares vistas de las que disfruta la piscina del hotel Ur Bare. © Enric Badrinas