Lo que tuvo Tristán Domecq con esta casa fue amor a primera vista. Era el lugar que siempre deseó para construir su refugio más personal: una casa de campo en la ciudad. Y, curiosamente, la encontró en el momento más oportuno. Se instaló en ella dos semanas antes del confinamiento en 2020. “Algo me decía que tenía que mudarme pronto, y menos mal que así fue”, comienza Tristán, quien durante ocho meses trabajó arduamente para remodelar y decorar esta casa de tres plantas de estilo herreriano al norte de Madrid.
“Cambiamos toda la distribución, siempre tratando de guardar su esencia tradicional, pero dándole un toque contemporáneo”, explica Tristán, y continúa: “Lo que quería era meter el jardín dentro de la casa y que desde ahí se pudiera apreciar la naturaleza”. Para lograrlo, modificó las huecos de fachada convirtiéndolos en ventanales hasta el suelo para tener vistas panorámicas al exterior.
Jardín, mesa de acero años 60 heredada de su abuela y persianas de esparto.
En el salón, alfombra de Beni Rugs diseño de Colin King, mesa Mahón y sofá con tela de Kieffer, ambos de Tristán Domecq Casa, y obra de colores de Manolo Ballesteros. A la izda., mueble de Vittorio Dassi con pintura de Milena Muzquiz, en Travesía Cuatro.
Biblioteca con alfombra de Kaymanta, mesa de centro Caravaca de Tristán Domecq Casa y sofá de Mario Bellini. En la pared, obra del artista Mason Saltarrelli, y sobre la chimenea, de Antoni Tàpies.
Una casa cómoda y bella para disfrutar
En la planta baja, la zona social, el interiorista buscó hacer estancias más amplias. El espacioso salón, con muebles mid century y piezas de arte, tiene una chimenea, un cine y un gran ventanal que es como una pintura viva que cambia de color a medida que pasan las estaciones del año. “Comúnmente en las casas grandes los salones son olvidados, ya que solo se usan en las reuniones familiares y con amigos. En este caso, no es así, lo vivo todos los días, por las noches veo aquí la televisión, por las mañanas me tomo aquí mi café…”.
La misma filosofía se aplica al comedor que conecta con el salón. Se trata de un espacio lleno de arte y una gran mesa diseñada por Tristán. “Deseaba una casa cómoda y bella para disfrutar, no me interesaba tener espacios solos y desaprovechados”. En esta planta también está la biblioteca, una de las áreas más concurridas, ya que es un espacio de transición entre el hall, el salón y el porche. Este último, lleno de vegetación y mobiliario atemporal. La biblioteca, además, es una habitación ideal para utilizar en invierno porque es una de las más cálidas y recogidas de la vivienda.
Hall con alfombra de Beni Rugs diseño de Colín King, sobre la peana, vasija antigua de terracota, en la pared, obra en laca negra, y escalera revestida en estuco.
Biblioteca con butaca Eames, en Vitra, mesa antigua de madera del siglo XVIII de un anticuario en Italia, y en la pared, obra de Sune Christiansen, en Alzueta Gallery Madrid.
Despacho abuhardillado de la segunda planta con escritorio suizo del XVIII y butaca de piel de De Sede. Al fondo, obra de Eduardo Lalanne, estructura de madera y lámpara de seta de Tristán Domecq Casa.
Dormitorio con ropa de cama de Matarranz y manta de coyote.
Vestidor en roble diseño de Tristán Domecq con escultura colgante móvil de Laurent Martin, en Alzueta Gallery Madrid, y sobre la isla, cofre de Louis Vuitton.
Retrato del interiorista Tristán Domecq.
Una vivienda abierta al jardín
Por otro lado, la cocina en tonos azules oscuros, encimeras de mármol y azulejos artesanales, es grande, cómoda y tiene salida directa a la huerta y al jardín. “Me apetecía que pareciera que ya estaba hecha en la casa y que yo solo la había restaurado. Tampoco quería que fuera la típica cocina cerrada, sino que fuera abierta y muy vivida”. El interiorista también modificó la distribución del área de descanso. Antes había cuatro dormitorios y los convirtió en una amplia habitación principal con vestidor y dos baños. En el sótano está la zona de lavandería, el gimnasio y una bodega de vinos.
“Tener una bodega es un capricho que me hacía ilusión porque me encanta el vino tinto y estoy aprendiendo de ese mundo”. En la planta alta abuhardillada hay tres dormitorios, dos baños y un salón/despacho. Un área perfecta, muy confortable y privada para acoger a las visitas. Y en el jardín, la joya de este proyecto, hay diferentes plantas salvajes, flores, caminos y rincones diseñados por él mismo. “El verdadero lujo es que con esta casa me siento de vacaciones gran parte del año”, afirma su dueño.
La cocina es diseño del estudio de Tristán Domecq y alberga parte de la colección de platos de la Compañía de Indias que el interiorista va recaudando en ferias de antigüedades.