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Interiorismo

El hotel de Valencia que se diseñó dos veces: la DANA lo destruyó y Burondo lo recuperó sin mirar atrás

¿Qué queda de un proyecto cuando desaparece casi todo? Tras la DANA, las hermanas Isabel y Beatriz Blanco, fundadoras de Burondo, regresaron a un hotel que habían diseñado años antes para replantearlo desde el vacío, la tierra y una arquitectura mucho más esencial.

Zona común de un hotel reconstruido por Burondo tras la DANA.

Lo normal es que un arquitecto regrese a un proyecto pasado porque, con los años, necesita una ampliación, porque han cambiado sus propietarios o porque el tiempo exige actualizar algunos elementos. Isabel y Beatriz Blanco, sin embargo, volvieron a este hotel valenciano por una razón que nadie habría elegido. La DANA había arrasado prácticamente toda la planta baja de un edificio que Burondo, su estudio, había diseñado en 2018.

Hablar de arquitectura después de una tragedia así exige algo de perspectiva. Lo ocurrido afectó a personas, familias, viviendas, negocios y a la vida cotidiana de numerosos municipios valencianos. Dentro de esa dimensión mucho mayor está también la historia de los lugares que tuvieron que levantarse de nuevo. Este hotel es uno de ellos.

Cuando llegó el momento de intervenir, los propietarios pidieron inicialmente recuperar el proyecto anterior. Tenía lógica: conocían aquel hotel, llevaba años funcionando y, después de una situación tan dura, volver a algo familiar era un lugar seguro. Burondo entendió, sin embargo, que reproducir exactamente lo que había existido antes no era la manera adecuada de regresar.

“Habían pasado varios años y nuestra mirada como estudio también había cambiado. No nos parecía interesante reconstruir literalmente el hotel de 2018”, explican. Convencer a los propietarios llevó tiempo. La alternativa suponía aceptar algo nada sencillo después de una pérdida: que recuperar un lugar no implica necesariamente devolverlo al punto exacto en el que estaba.

Burondo trabaja aquí con una paleta en la que importan especialmente la textura, la irregularidad y la respuesta de los materiales a la luz.
Burondo utiliza las cortinas como filtro para tamizar la luz y desdibujar el entorno industrial.

Volver a un lugar conocido

La DANA había hecho desaparecer prácticamente toda la compartimentación de la planta baja. Ante esa situación, Burondo decidió no levantar de nuevo las mismas divisiones. La planta se abrió y los diferentes espacios comenzaron a relacionarse de otra manera, formando una secuencia mucho más continua.

“El propio desastre había dejado un gran vacío y quisimos trabajar desde él”, explican. No han querido representar la destrucción, recrearla ni convertir sus rastros en algo que recordar. Simplemente asumieron que el edificio había cambiado y que su arquitectura debía hacerlo también.

Las dos arquitectas entienden el contexto más allá de aquello que se ve desde las ventanas: también está en quién produce los objetos y cómo se hacen.
Piezas de Flos, Santa & Cole e Ingo Maurer forman parte de la cuidada selección de iluminación del hotel.

Ese proceso obligó además a Isabel y Beatriz a revisar su propio trabajo. “La segunda intervención tiene que ver precisamente con destilar aquel proyecto hasta llegar a lo verdaderamente esencial”, explican. Algunas decisiones de 2018 regresaron; otras dejaron de tener sentido. Hay ahora menos compartimentación y una selección más estricta de cada elemento. “Quizá en 2018 nos preocupaba más construir una determinada imagen; ahora nos interesa más construir una atmósfera”, nos cuentan ante la posibilidad poco habitual de corregirse a sí mismo.

Para el dúo creativo, Gordon Matta-Clark se encuentra entre las referencias manejadas en este proyecto especial. Les interesa su manera de pensar la arquitectura desde el corte, la ausencia y el vacío, conceptos que trasladan al proyecto como herramientas de reflexión. Nadie quiere estetizar los daños, sino preguntarse cómo trabajar arquitectónicamente con aquello que ya no está.

La nueva intervención reduce elementos y gestos para concentrarse en aquello que el estudio consideraba esencial. En la pared, obra de María Tinaut.
Para Isabel y Beatriz Blanco, reconstruir este hotel significó también decidir qué elementos del proyecto anterior merecía la pena recuperar.

Tierra, luz y una Valencia menos evidente

Los bloques de tierra tienen una presencia importante en la intervención. Después de todo lo ocurrido, al estudio le interesaba utilizar un material elemental, aunque su elección responde también a razones estrictamente espaciales: “Frente a superficies excesivamente acabadas o industrializadas, la tierra tiene variaciones, irregularidades y una presencia táctil”, explican.

El edificio se encuentra además en un entorno periférico de carácter industrial. Burondo decidió trabajar con grandes cortinas que filtran las vistas y desdibujan el exterior sin renunciar a la entrada de luz. Una operación sencilla que les permitió plantearse qué significa realmente trabajar con el entorno: “Quizá el contexto de este proyecto no sea únicamente aquello que vemos desde una ventana. Valencia está también en su cultura material, en sus artistas, en sus artesanos, en determinadas texturas y en una manera concreta de relacionarse con la materia”.

Valencia aparece así a través de las personas que siguen produciendo allí. Canoa Lab aporta piezas escultóricas de cerámica y textura cruda; Patricia Varea continúa esa relación con la cerámica; y María Tinaut incorpora otro registro especialmente pertinente en este proyecto mediante trabajos realizados, entre otros soportes, con telas procedentes de antiguos colchones. Materiales existentes que adquieren otra vida sin ocultar completamente la anterior.

La selección de iluminación incorpora piezas de Flos, Santa & Cole, Ingo Maurer, la Weekend de Casa Josephine o la Daphine. Que todo esto suceda en un hotel de dos estrellas tampoco es algo sorprendente. Burondo ha aplicado aquí la misma exigencia material y espacial que utilizaría en un proyecto con otra categoría o ubicación.

La iluminación artificial se ha planteado como una capa más dentro de una arquitectura especialmente atenta a la luz.
La segunda intervención revisa incluso algunas de las decisiones que el propio estudio había tomado en 2018.

Lo que merece volver

Vivir la primera intervención, verla gravemente dañada y participar después en su recuperación ha obligado a Isabel y Beatriz a revisar una idea tan asentada en arquitectura como la permanencia. “Cuando proyectamos tendemos a imaginar los edificios como algo terminado y estable, pero haber visto desaparecer en unas horas gran parte de un proyecto que habíamos construido años antes nos obligó a cuestionar esa idea”, apuntan.

El hotel que existe hoy no pretende hacer olvidar lo sucedido ni permanecer detenido en ello. Es distinto al de 2018 porque el lugar también lo es y porque quienes lo diseñaron han cambiado durante estos años.

“Cuando desaparece casi todo, tienes que decidir qué merece volver y qué no”, resumen ellas. En este caso, volver significó abrir la planta, reducir elementos, recuperar algunos vínculos y descartar otros. Después de una tragedia que transformó tantas cosas en Valencia, Burondo ha demostrado la importancia del diseño y el interiorismo para acoger y sentirnos en paz.

Isabel y Beatriz Blanco, fundadoras de Burondo.
Las dos estrellas de un hotel dicen poco sobre la ambición con la que puede plantearse su interiorismo.
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