El proceso creativo en paisajismo es, ante todo, un equilibrio entre materia viva, arquitectura y tiempo. Nada se impone; todo se ajusta, crece y encuentra su lugar con el paso de las estaciones. Cada intervención nace desde ese entendimiento del entorno, donde contexto y necesidades del cliente deben mantenerse en diálogo. “El jardín adaptado al clima impredecible marcará 2026”, señala. Y el estudio de Fernando Martos está preparado para ello: se apoya en «un equipo altamente cualificado de arquitectos, ingenieros y paisajistas» que desarrolla cada encargo de principio a fin, con Fernando implicado desde el primer boceto hasta el último detalle construido.
INSPIRACIÓN BRITÁNICA CON VISIÓN ACTUAL
“Nos identificamos con el jardín contemporáneo inglés adaptado al clima mediterráneo”, explican. Una línea visible en proyectos como El Casar (Guadalajara) o los jardines de Cuenca y Toledo, obras que representan el sello del estudio. Esa aproximación, lejos de limitarse a un territorio concreto, se adapta a contextos diversos. Con trabajos en Europa, América, Arabia Saudí y Asia, cada intervención se ajusta a las condiciones climáticas y culturales del lugar.
Color, crecimiento, volumen y textura no son elementos estáticos, sino variables vivas con las que construir cada composición. Cada planta es seleccionada tras un proceso riguroso de investigación, provocando que se relacionen entre sí y generen una paleta equilibrada. Sobre cuál es su combinación de color favorito, lo tiene claro: “Dependiendo del lugar, el jardín pide unos tonos u otros; para aportar frescura, el verde y el blanco; para naturalizar, el azul pálido y el amarillo suave”; la naturaleza siempre tiene la respuesta.
CUIDADORES DE ECOSISTEMAS
Cada encargo supone un desafío, pero hay dos que representaron un esfuerzo significativo para la firma: el jardín realizado en 2024 en Chengdú (China) para la tienda insignia de Loewe, donde el objetivo era evocar el origen español de la firma sin perder integración con el contexto local; y el proyecto en Comporta (Portugal), desarrollado sobre duna, que exigió una adaptación precisa a las condiciones del terreno.
Con varios proyectos en el horizonte, muchos de ellos en España y un par internacionales (Asia y Arabia Saudí), Fernando continuará con la labor de guardián de los hábitats: “Mi proyecto ideal sería mezclar plantaciones con zona de huerto, y que atraiga a la fauna del lugar… y jamás pondría un olivo podado al estilo japonés (en nubes)”, no todo debe ser domesticado.
Jardín El Viso (2025), ubicado en pleno centro de Madrid y concebido como espacio de refugio. El pavimento de adoquín portugués acentúa los tonos verdes de la vegetación.
Al hablar de referentes, Fernando Martos menciona al paisajista inglés Tom Stuart-Smith y al holandés Piet Oudolf, figuras clave del jardín contemporáneo. En arquitectura —disciplina estrechamente vinculada a su práctica— encuentra afinidad con estudios como Tuñón y Albornoz, Torras y Sierra o Nieto Sobejano, así como con Vicens & Ramos e Isabel López-Quesada, algunos de ellos colaboradores habituales.
Si fuese un aroma, “sería el de las aromáticas mediterráneas” —lavanda, romero, tomillo—: notas frescas y reconocibles desde metros atrás. ¿Y si fuese una pieza de diseño? “Un plinto de Álvaro Catalán”, tal vez por su elegancia y sencillez, son jarrones de latón cepillado con aberturas para sostener una flor seca, pasto, hoja u otro elemento natural.
LA NATURALEZA ES GUÍA
“Pasear por un jardín es como un instante de meditación. Todo el ajetreo de la cabeza se detiene mientras contemplas y admiras”. Para Fernando, esa idea resume su manera de entender el paisaje. En un futuro marcado por condiciones climáticas cada vez más exigentes, salvaguardar los espacios vivos se vuelve más importante que nunca. La buena noticia, es que esta disciplina está en manos de quienes saben afrontarlo.