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Interiorismo

Este pasaje art déco de 1925 esconde uno de los hoteles más auténticos de Ciudad de México

Hotel Parián ocupa el segundo piso del histórico Pasaje Parián, una joya art déco de 1925 en Roma Norte que acaba de cumplir cien años y hoy alberga uno de los hoteles más interesantes de Ciudad de México.

El Pasaje Parián, con su patio lleno de restaurantes y tiendas, y el hotel Parián arriba, bajo una cubierta de cristal. Foto: Diana Baldera.

Ciudad de México tiene hoteles espectaculares, obsesionados con parecer internacionales. Pero Hotel Parián juega en una liga más difícil: la de los lugares históricos que se impregnan del carácter de la capital y donde uno realmente quiere quedarse.

Quizá tenga que ver con el propio edificio. El hotel ocupa la segunda planta del icónico Pasaje Parián, una construcción art déco inaugurada en 1925 en plena Roma Norte que acaba de cumplir cien años y su señalado aniversario sigue celebrándose durante todo 2026. Originalmente fue un mercado y posteriormente se reconstruyó para convertirse en pasaje comercial y cultural. Así sigue: es un pequeño ecosistema urbano donde restaurantes, terrazas, galerías y comercios conviven alrededor de un patio central que funciona como una plaza interior escondida dentro del barrio.

Hotel Parián de puertas para adentro: rayas verdes, iluminación tenue, madera cálida, textiles naturales y una lograda escala doméstica. Foto: Diana Baldera.

Durante Art Week en febrero, mientras media Ciudad de México vive acelerada entre eventos, tráfico y cenas, volver cada noche a Parián produce una sensación extraña: llegar a casa.

EL NUEVO LUJO MEXICANO EN EL PASAJE PARIÁN

Lo interesante del hotel Parián es que no intenta impresionar. No hay exceso visual ni teatralidad innecesaria. Rayas verdes vitamínicas, iluminación tenue, madera cálida, textiles naturales, escala doméstica y una sensación permanente de comodidad.

El interiorismo evita la estética boutique internacional que hoy se repite idéntica de Lisboa a Seúl. Parián se siente bien mexicano sin necesidad de recurrir al cliché folclórico. Hay color, vegetación y artesanía, sí, pero también una sofisticación informal que parece entender muy bien cómo vive realmente la gente en Ciudad de México.

Y luego está algo cada vez más raro de encontrar en hotelería: dormí extraordinariamente bien. Puede parecer un detalle menor, pero después de días enteros atravesando una de las ciudades más intensas del mundo, descubrir un lugar donde el cuerpo realmente se resetea empieza a parecer lujo extremo.

El histórico Pasaje Parián sigue conservando la arquitectura art déco que lo hizo célebre hace más de 100 años. Foto: Diana Baldera.
En el patio interior, restaurantes, tiendas y cafés que son una prolongación natural del hotel. Foto: Diana Baldera.

UNA CASA SOBRE ROMA NORTE

También ayudaba bajar un piso y encontrarse directamente dentro del pasaje y la vida de Roma Norte. Desayunar allí por la mañana o cenar por la noche terminaba formando parte de la experiencia del hotel. Más que hospedarte en un edificio, tenías la sensación de integrarte temporalmente en un pequeño fragmento de la colonia más artística de Ciudad de México.

El Pasaje Parián lleva un siglo observando cómo cambia Ciudad de México. Ha visto transformarse la Roma, pasar generaciones enteras y sobrevivir a distintas versiones de la ciudad. Hoy, convertido parcialmente en hotel, sigue funcionando igual que hace cien años: mezclando vida cotidiana, arquitectura y comunidad dentro de una escala profundamente humana.

El restaurante de Hotel Parián a la hora del desayuno. Foto: Diana Baldera.

Y hay otro detalle que termina de convertir Parián en un pequeño lujo. Dentro del propio pasaje está Tacos del Valle, una de las mejores taquerías de la colonia por su interpretación contemporánea del taco mexicano, y Deigo, un excelente sushi-bar. Lo mejor es que ni siquiera hace falta pelear por una mesa en horas punta: si ambos están llenos, puedes pedir a través del hotel y te subirán la comida a la terraza en la segunda planta. Hay hilo directo entre los locales y Hotel Parián, sin listas de espera, como en una casa compartida.

Dormir allí durante unos días cambia ligeramente la percepción de Ciudad de México. La ciudad sigue siendo inmensa, caótica y vibrante. Pero desde el segundo piso de Parián todo parece encontrar, aunque solo sea por unas horas, un ritmo más habitable.

La recepción junto al patio de acceso. Foto: Diana Baldera.
La terraza superior del hotel, donde poder pedir cualquier plato de los restaurantes del patio. Foto: Diana Baldera.
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