Todo empezó en 2016, en un local a pie de calle que Vanesa abrió en Getxo, cerca de Bilbao. Pronto el equipo creció y aquel primer estudio se quedó pequeño, dando paso a una nueva etapa en Leioa. Desde allí, IN56 da forma a interiores contemporáneos y sofisticados a partes iguales, espacios que despiertan confort y calidez a través de materiales nobles, texturas naturales y funcionalidad. El resultado es siempre honesto y sereno: interiores pensados para durar, como esa silla clásica que no pasa de moda y con la que Vanesa se siente profundamente identificada.
Una casa rodeada de colinas verdes alavesas, diseñada para escapar del bullicio de la capital vasca.
Cada interior, un nuevo reto
“El estudio se distingue por su capacidad de escuchar, comprender y acompañar a los clientes en el proceso de transformación de sus hogares”, explica la interiorista. A veces ese acompañamiento se traduce en una inspiración concreta, como el mid-century de la Casa Mid o Casa Tundra; otras, en un gesto arquitectónico que lo define todo, como el lucernario y el olivo de Casa Oliva. En algunos proyectos son las vistas las que marcan el carácter del espacio, como en Casa Moana, y en otros, la memoria viajera de quienes lo habitan, una narrativa que IN56 interpreta con especial sensibilidad en Casa Alma.
La naturaleza también es un elemento esencial en este proyecto bilbaino.
La diseñadora y fundadora de IN56, Vanesa Vergara.
Las características ventanas tipo bow que se aprecian al fondo definieron el carácter de esta vivienda.
Tonos para la calma
Para este estudio vasco, la armonía y la tranquilidad de un espacio son esenciales. Por eso, Vanesa tiene muy claro lo que nunca entraría en uno de sus proyectos: “diferentes colores o texturas de madera, y los tonos fríos, que pueden restar calidez”. En cambio, todo aquello que transmita paz y bienestar tiene un sí rotundo: beiges, tierras, verdes oliva, aromas a cedro, vetiver o bergamota. Incluso colores más profundos y maderas oscuras que, según vaticina, llegan con fuerza. No como tendencia pasajera, sino como una forma más madura y envolvente de habitar los espacios.
La Casa Mid toma su nombre –y bebe– del estilo mid-century.
Y así, desde Bizkaia, Vanesa Bergara construye interiores que envejecen bien, como las piezas icónicas que perduran en el tiempo sin perder un ápice del atractivo con el que un lejano día se las vio nacer. Y como estas piezas, a Vanesa nunca la veremos queriendo llamar la atención, pero es inevitable que sus interiores dejen huella.
Al fondo, el olivo que inspiró el interior de esta casa.