Casa Alkymia empieza, en realidad, fuera de casa. El apartamento ocupa 230 metros cuadrados dentro de un edificio de los años treinta en Monteverde Vecchio, un barrio residencial de Roma, y el estudio Punto Zero encontró en su fachada el vocabulario con el que desarrollar la reforma. “Reinterpretamos los arcos de la fachada exterior y las formas curvas racionalistas como elementos reconocibles dentro de nuestro proyecto”, explican los arquitectos.
Esa decisión resulta especialmente interesante porque la vivienda había ido acumulando transformaciones ligadas a distintos usos y había terminado perdiendo parte de la coherencia del edificio original. Punto Zero replanteó la distribución mediante demoliciones selectivas y nuevas particiones adaptadas a las necesidades de su joven propietario. El objetivo era recuperar una lectura más unitaria del apartamento y establecer una relación directa con el lenguaje racionalista de la arquitectura existente.


Así aparecieron los arcos
Los arcos reaparecen entonces en el interior, aunque rara vez como una reproducción literal, más bien se dibujan alrededor de algunas ventanas y vuelven en los pasos entre habitaciones, acompañados por superficies curvas que modifican la manera de percibir los huecos. Una nueva contrapared de cartón yeso permite ordenar fachadas interiores donde las ventanas tenían proporciones diferentes. Giorgio Marchese, de Punto Zero, explica que aquella solución hizo posible “llevar las ventanas preexistentes a un segundo plano, de manera que sus distintas proporciones y dimensiones entraran coherentemente en un dibujo inspirado en el lenguaje de principios del siglo XX”.

Un nuevo espacio se abre a la gran terraza
El gran cambio distributivo se concentra en la zona común, donde Punto Zero abrió un hueco estructural entre la cocina y el salón para mejorar la circulación y ampliar las relaciones visuales entre ambos. La intervención permite leer con mayor continuidad una parte de la vivienda que anteriormente estaba más fragmentada y favorece además la entrada de luz a través de una planta de gran profundidad. “Queríamos llevar el espacio de la terraza ‘dentro de casa’”, añade Arianna Nobile, partner de Punto Zero. Esa relación se entiende ahora a través de una zona social más conectada, en la que cocina y salón participan de una misma secuencia y la terraza queda vinculada con mayor claridad a los espacios comunes.

Con sus 140 metros cuadrados, el exterior tiene una escala excepcional dentro del proyecto. Se prolonga a lo largo de uno de los frentes de la vivienda y alberga una zona de descanso bajo una gran vela textil, rodeada por vegetación. La apertura de la planta interior hace que ese jardín elevado forme parte de la experiencia de las estancias principales y ayuda a explicar por qué Punto Zero concedió tanta importancia a las visuales y a los recorridos entre ellas.

Cocina y salón ahora interactúan
Dentro, la cocina ocupa un ámbito definido por el rosa empolvado que continúa por las paredes y el techo. El mobiliario oscuro queda acompañado por una gran superficie de terrazo en la isla, mientras el acero aparece en la zona de trabajo. Sobre ella, una campana suspendida con acabado en latón introduce uno de los elementos metálicos que se repiten en distintos puntos de la casa. La apertura hacia el comedor permite además que la cocina participe visualmente del salón y que las piezas curvas de la arquitectura se lean de manera continua entre ambos espacios.
En el salón, esos arcos que ya habían aparecido en los primeros compases del proyecto vuelven alrededor de las ventanas y ayudan a ordenar una fachada interior compuesta por huecos de proporciones diferentes. El mobiliario mezcla piezas contemporáneas con diseño histórico: la butaca Platner de Knoll convive con los pequeños modelos Palette de &Tradition, mientras la iluminación incorpora una suspensión de Gino Sarfatti para Stilnovo. El rojo y el verde tienen aquí una presencia fuerte, acompañados por una banda cromática que recorre la parte baja de las paredes.

Recorrido y color van de la mano
El pavimento ayuda a enlazar todo este recorrido. Punto Zero trabajó con terrazo de diferentes formatos y granulometrías para reinterpretar los antiguos suelos del mismo material. Así, en la entrada y la cocina aparecen pequeñas piezas gris antracita de grano fino, mientras el salón adopta un formato mayor con un árido más grueso y más color. Los cambios se marcan mediante perfiles de latón insertados en el suelo, siguiendo algunas zonas líneas rectas y en otros dibujando curvas amplias que acompañan el paso hacia zonas contiguas.


A partir de ahí, la casa entra en una zona más privada donde el color adquiere otra función. En el dormitorio principal, Punto Zero plantea una composición que los propios arquitectos describen como “una especie de caja roja dentro de una caja verde claro”, con la que distinguen la zona de la cama del pequeño salón asociado a la habitación. “Queríamos recuperar una jerarquía de espacios parecida a la de las antiguas suites”, explican. El rojo carmín ocupa paredes y techo de esa estancia y se combina con un suelo de terrazo negro.

En la habitación infantil, el azul se concentra en la parte superior para trabajar con la notable altura del espacio. El proyecto utiliza así el color de manera distinta según cada estancia y también modifica su acabado: el blanco masilla aparece en mate, mientras otros paños recurren al esmalte satinado. Los pasos entre habitaciones reciben acabados de mayor brillo, haciendo que la transición entre zonas pueda reconocerse también por la manera en que la superficie refleja la luz.


Una casa con identidades muy distintas
El terrazo reaparece en los baños, donde reviste las duchas y las encimeras construidas en obra. Uno de ellos incorpora un chandelier vintage Cubic Sciolari y una lámpara Snoopy de Flos, dos piezas que llevan el diseño de autor a una estancia tratada con la misma atención que los espacios principales. La casa reserva todavía otra intensidad cromática para una estancia vinculada al dormitorio, donde el rojo ocupa el fondo y convive con una cajonera 360° de Magis y una Pilot Chair de Knoll. Esa sucesión de ambientes permite que el proyecto trabaje con identidades muy distintas manteniendo constantes algunos elementos, como los arcos recuperados del edificio y la presencia recurrente del terrazo.
En el salón queda además una pista sobre otra parte de la personalidad de Casa Alkymia. Sobre el aparador Bramante de Cassina cuelga una litografía de Renato Guttuso, incorporando al interior una obra de uno de los grandes nombres de la pintura italiana del siglo XX.

