Las casualidades pueden conducir a historias entrañables. Óliver Sancho y Gonzalo Goena, arquitectos fundadores del despacho Gos, lo han vivido en primera persona. A su estudio llegó el actor Rodrigo Mazón para que le ayudaran a dar una nueva vida a un piso que había comprado en el centro de Madrid. Curiosamente esa propiedad fue una de las que Óliver y Gonzalo ya habían contemplado comprar para invertir en el pasado, pero finalmente no lo hicieron. “Nos encantó porque tenía algo especial: techos altos, ventanas venecianas con balcones, un poco tipo corrala, muy madrileña”, comienzan los arquitectos.



Una casa con guiños al estilo Memphis, al kitsch y a las formas de Le Corbusier
Al empezar la reforma integral tenían claro que la casa debía reflejar la personalidad creativa, culta y dinámica de su propietario. “Somos retratistas, un poco psicoanalistas, y eso lo reflejamos en las casas. En este caso, Rodrigo es una persona ecléctica y muy vinculada con el mundo del arte”, detallan. Entrar es como revivir una película de Pedro Almodóvar o Wes Anderson, y sus estancias coloridas y llenas de luz recuerdan a la arquitectura de Luis Barragán.
“Hay guiños al estilo Memphis, algún toque kitsch y ultrafuturista o formas que nos recuerdan a Le Corbusier. El proceso de reforma bebe del estilo de vida de Rodrigo, de sus referencias culturales, de sus necesidades… son estancias funcionales creadas para su día a día”, comentan los arquitectos. El salón con paredes rosa pastel tiene un mueble bar que recuerda a un órgano de cola con las teclas hacia abajo: son las rendijas por donde sale el calor del radiador. La estancia conecta con la cocina azul cielo, protagonizada por una isla de formas sinuosas y un comedor móvil que permite llevárselo a otra parte. Sus formas evocan a una guitarra. “Hemos hecho guiños sutiles a varios instrumentos musicales. Se ve en el cabecero del dormitorio, en tonos azules, que es como el pabellón de una trompeta”, dicen.


Frente del dormitorio está el estudio-laboratorio en tonos verdes que funciona como un espacio multiusos lleno de arte y libros; y a un lado, el baño, también en la misma gama. “La forma de este espacio es un tanto desescalada, distinta, llamativa. En la ducha, además, hay una ventana en forma de media luna por donde entra una luz rosa que contrasta con el verde y que nos ayuda a generar ese mundo onírico que buscamos”, continúa Gos. Y es que la casa es una oda a la vida y los gustos de su dueño. “A pesar de que el ejercicio de color es intenso, es un espacio donde se está muy en calma, un lugar que invita a quedarte a disfrutarlo”.




