Esta es una de casas que parece haber visto de todo: nuevos miembros en la familia, sobremesas largas, alguna mudanza y décadas de decisiones discutibles en materia de reforma. Una de esas viviendas de buen metraje, bien situadas, pero ancladas en distribuciones imposibles y materiales castigados por el paso del tiempo. Hasta que Estudio Querencia entró en escena con su buena mano y su capacidad de reinterpretar lo clásico sin caer en la nostalgia manida. Nada en el resultado final suena forzado, y sin embargo, cada elección, desde una curva hasta una hornacina bien pensada, ha sido puesta ahí con precisión.
Convertir una vivienda en un edificio racionalista de los años 60 en el barrio de Salamanca con todas las filias de la época en una casa luminosa, serena y potente no es precisamente tarea sencilla. Pero María Querencia y Maribel López, fundadoras del estudio madrileño, no trabajan con fórmulas estándar. “Nos encontramos con una vivienda deteriorada por el paso del tiempo, con una distribución difícil y espacios muy compartimentados. Era un laberinto con muchos pasillos donde se perdía mucho espacio”, explican. Y la transformaron por completo.



Ni minimalismo nórdico ni barroquismo cañí
Con unos 275 metros, la casa original respondía al estilo racionalista de su época: materiales industriales como hormigón, vidrio y acero, grandes ventanales y una lógica funcional clara, aunque bastante desaprovechada. A partir de ahí, Estudio Querencia se propuso aplicar su receta habitual: menos dogmas estéticos y más comprensión real de cómo se vive un espacio.
“El objetivo era claro: transformarla por completo en una vivienda luminosa, con una distribución funcional y un diseño cuidado que la hiciera destacar en el mercado, aprovechando al máximo su ubicación privilegiada”. Para lograrlo, abrieron visuales, eliminaron muros innecesarios y buscaron la entrada de luz natural como estrategia principal. El resultado es una planta que respira.
Visualmente, el proyecto tiene una base sobria, pero alejada del cliché. Los tonos neutros –rotos, suaves, matizados– sirven de lienzo para una secuencia de materiales naturales que aportan textura y peso específico: roble, piedra caliza, microcemento, e incluso mármol cuando hace falta “levantar el espacio”. Lo importante no es solo el qué, sino el cuándo y el cuánto.
“Un equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo, como nos gusta decir, ‘clásico contemporaneizado’. Espacios serenos, elegantes, cálidos. Con una base neutra, pero con alma”, resumen las interioristas. Molduras en paredes y techos, formas orgánicas, curvas que envuelven, sin abusar de ellas. Un tipo de elegancia que no recurre al ornamento como recurso, sino que lo utiliza cuando tiene sentido.



La escena, el arte y los centímetros bien usados
Una de las decisiones más inteligentes del proyecto fue entender que el arte no se cuelga al final, se integra desde el principio. Por eso, las obras de Jordi Alcaraz, Hernández Pijuan o Elena Morales están pensadas para convivir con la arquitectura. Se les ha hecho sitio: hornacinas, iluminación puntual y una secuencia espacial que prioriza lo visual sin comprometer lo funcional.
El comedor, por ejemplo, es mucho más que una estancia de paso. “Está conectado al salón, pero delimitado por un gran arco que lo enmarca y lo convierte casi en una escena”, explican. Ese marco no es decorativo: define, ordena, da sentido al conjunto. A eso se le llama saber utilizar los metros. Y cada metro cuenta.
Además de arte, el mobiliario, en parte diseñado por el propio estudio, mezcla piezas contemporáneas con otras de anticuario. En el segundo hall de entrada, la mesa redonda de Rue Vintage 74 con sobre de travertino natural y base de hierro forjado a mano marca el tono de lo que está por venir. Lo mismo ocurre con los textiles, seleccionados de casas como Pepe Peñalver o Alhambra, que aportan riqueza.
“Buscamos un diseño cuidado que partiera de una base neutra y elegante, enriquecido con muchos detalles. Precisamente ese equilibrio entre sobriedad, calidez y personalidad es algo muy característico de nuestro estudio”, señalan.



Nada sobra, todo suma
Lejos de reformas hechas con prisa y renders que no se corresponden con la vida real, Estudio Querencia ofrece algo diferente: un proyecto donde las decisiones tienen sentido y donde el buen gusto no se entiende como espectáculo. “Diseñamos espacios con un hilo conductor. Nos gusta involucrarnos en todo el proceso y comprender bien el estilo de vida que va a llevarse en cada uno de los proyectos en los que participamos. Nuestro objetivo es que todo encaje y sume”, resumen en su biografía. Es fácil decirlo. Lo difícil es hacerlo.


