Todo empezó con una demanda de los coruñeses: querían muebles mid-century para sus hogares. Decidieron ser quienes la respondiesen, pues la respuesta también satisfacía una de sus aficiones: viajar al norte de Europa y traer piezas originales. Eran joyas de la ebanistería firmadas por los más grandes, obras de la estadounidense Ray Eames, el holandés Cees Braakman y los daneses Hans J. Wegner, Poul Henningsen, Børge Mogensen, Niels Otto Møller y Verner Panton. Ante un plantel de nombres así la cosa indicaba que a la compañía gallega les iba a salir bien la jugada, cómo no, cosa que ha ocurrido tal cual. Pero atrás quedó ya la etapa en que eran solo una tienda de mobiliario. “Los propios clientes eran los que nos decían: ‘voy a compraros unas sillas pero necesito una mesa de equis medida que la acompañe, ¿vosotros me la podríais conseguir?’. Ahí fue cuando empezó el taller, fue el momento en que entré yo”, recuerda la actual directora de Pepita, Claudia Rodríguez.
Proyectos que se construyen por capas
De ahí a los proyectos de interiorismo globales, el camino estaba marcado. Lo han sellado los principios, las referencias que siguen ahí, el gusto por los materiales nobles, la apuesta por piezas con nombre propio. Sus proyectos se construyen por capas: cada mueble, cada textura, cada color –su combinación favorita es el azul marino con gris marengo– aporta memoria y profundidad cultural. Referentes como Wegner, Siza o Bofill conviven con su mirada precisa y actual.
El equipo de Pepita de Oliva.
Calidez en bares, cafeterías e incluso clínicas estéticas
En los últimos años, han hecho un trabajo exquisito en locales comerciales de A Coruña, a los que consiguen dotar de ese binomio aspiracional: calidez y calidad. Ambientes íntimos, lugares en los que apetece estar. Buen ejemplo de ello es Casa Santana, uno de sus proyectos más recientes. Aquí, la intervención arquitectónica se echa atrás para dejar que la luz y la materialidad hablen. También lo es Casa Pepita, una extensión de su universo que han diseñado en un edificio con elementos modernistas. En la clínica estética LB, conservaron la estética original del edificio, con galerías y molduras en los techos y la combinaron con microcemento y pintura a la cal para dar ese toque de limpieza y modernidad.
Viviendas que son refugio
Materiales naturales, honestos y perdurables. Iconos del diseño. Atmósferas serenas y luminosas. Pocos elementos, muy bien escogidos. En las casas que diseña Pepita de Oliva, el tiempo se detiene. Otra de sus señas de identidad: no tienen miedo a los toques de color que rompen la neutralidad de base y le dan un baño de expresividad. Eso sí. Nunca jamás pondrían en un proyecto una cocina roja.
Les preguntamos por una tendencia que veremos en nuestras casas en 2026 y responden: “Tapizados en fieltros de colores (nos encantaría) y paredes paneladas en maderas oscuras en contraste con pinturas a la cal. ¡Baños y cocinas siempre en mármol!”. Ya lo sabéis.
El respeto por la rehabilitación
Esa sensibilidad por el diseño del pasado, por el legado de los otros, se manifiesta hoy en la destreza con la que se manejan en las rehabilitaciones. Su fórmula: “Somos muy respetuosos con lo que ya existe e intentamos que todo lo que conviva con ello lo haga de una manera amable”, explica Claudia. De hecho, en el horizonte tienen la rehabilitación de un edificio histórico para una vivienda vacacional y restaurante en Lugo, la de un edificio en Albalat y otro en el centro de A Coruña.