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Interiorismo

El arte de ganar espacio: un apartamento en París que parece más grande de lo que es

Un apartamento de los años 70 en el distrito 12 de París se ha convertido en un manifiesto de cómo con poco se puede hacer mucho: elegancia, materiales nobles y nuevas formas de habitar en apenas 58 metros.

París se ha convertido en el lugar al que mirar cuando se habla de pisos pequeños con soluciones inteligentes que aprovechan cada centímetro (con permiso de Japón, por supuesto). La capital francesa afronta sus problemas habitacionales con la cabeza alta gracias a una surtido grupo de interioristas y arquitectos que hacen magia en espacios reducidos. El metro cuadrado vale oro, así que lo interesante es ver qué se hace con ese oro. 

Laura Loustau, interiorista formada en reformas domésticas, conoce de memoria las tensiones de la vivienda en la ciudad del amor: familias que se reducen o se amplían, edificios que necesitan adaptarse a nuevas normativas, y una generación joven que compra sus primeras casas y exige que todo encaje en pocos metros. Su estudio, con sede en la capital francesa, se ha hecho fuerte en ese terreno: el de los espacios modestos convertidos en campo de experimentación que funcionan.

El proyecto que nos ocupa es un ejemplo perfecto. Un piso de 58 metros cuadrados en el distrito 12, en un edificio de finales de los años 70, de hormigón y líneas modernas. Se sitúa en la décima planta, en una esquina privilegiada, con un balcón lineal que abre un panorama de 180 grados sobre París. Vistas en París, nada puede salir mal. “Los clientes eran una joven pareja de doctores, era su primera propiedad. Eran amigos de unos antiguos clientes que apreciaron el trabajo que habíamos hecho en su piso”, explica Loustau.

El piso no estaba en mal estado. Tenía una buena base y una distribución clara, pero solo contaba con un dormitorio “y la pareja quería otra. “El piso necesitaba optimización. Además, su decoración debía modernizarse y convertirse en un reflejo de sus gustos”, apunta. A partir de ese punto de partida, la misión quedó clara: crear una segunda habitación sin sacrificar la luz ni la amplitud del salón, y dejar atrás ese aire anticuado de los setenta para entrar en el presente por la puerta grande.

El balcón perimetral, un auténtico lujo urbano, convierte la décima planta en un mirador.




El salón-comedor se abre al balcón lineal con vistas de 180 grados sobre París.


Laura Loustau ha pensado también en el gato de la pareja, que tiene su propio refugio en uno de los muebles a medida del salon. 

Hacer más con menos

Hay reformas que parecen ejercicios matemáticos: sumar habitaciones, restar pasillos, multiplicar la luz. Y resolver la ecuación no era tarea fácil: “El reto principal fue la optimización de la superficie creando un segundo dormitorio, pero manteniendo la luminosidad y sin obstaculizar las vistas. Y transformar un piso anticuado en un lugar acogedor y cálido en sintonía con las expectativas de los clientes”.

Por suerte, Laura conocía la fórmula al dedillo: ajustar, redistribuir y recurrir a soluciones a medida. El trabajo del carpintero del propio estudio, L’atelier Loustau, y la colaboración con Omnimarbre en las superficies de piedra, dieron la clave de ese refinamiento a pequeña escala. No se trataba solo de añadir tabiques, sino de pensar cómo cada pared, cada mueble o cada armario podían absorber funciones sin sobrecargar.

Electrodomésticos ocultos y soluciones invisibles que refuerzan la sensación de ligereza.




Una distribución compacta que prioriza la superficie de trabajo y la funcionalidad cotidiana.


Contraste entre la sobriedad de los muros blancos y la madera oscura de la carpintería de cocina.

La estética de la sencillez

El lenguaje del proyecto se resume en cuatro conceptos que la propia interiorista cita sin rodeos: “Elegancia, modernidad, simplicidad y el uso de materiales naturales como madera aceitada y piedra de mármol”. Esa base neutra se articula con un contraste buscado: paredes blancas de yeso frente a piezas singulares —como la cocina— donde los materiales adquieren protagonismo.

El color no se despliega de manera estridente. Al contrario: “Queríamos armonizar todas las estancias con tonos suaves, y algunos toques de madera oscura para resaltar la cocina a medida. El mobiliario se funde con las paredes para ofrecer el máximo de almacenamiento sin saturar el espacio”. En este caso, el minimalismo no es una pose, sino un método de supervivencia en 58 metros.

La cocina es la pieza que condensa el proyecto y la favorita de Loustau: “Es mi lugar preferido porque el espacio es pequeño, pero ofrece mucho almacenamiento y superficie de trabajo. Gracias al color oscuro y texturizado de la madera mezclado con la piedra de cuarcita, el espacio resulta elegante y funcional al mismo tiempo”. La clave, como siempre, está en el equilibrio: un espacio compacto que no se siente reducido.

En el baño principal, grifería dorada brilla en un lavabo de efecto mármol veteado y un frente de azulejo oscuro que aporta profundidad y textura.




Puertas correderas y vidrio esmerilado para generar amplitud. 


El segundo baño apuesta por el color terracota, con azulejo vertical esmaltado y un espejo enrasado que amplifica la luz.

Transformarse o morir 

En la casa, la luz natural manda, pero la interiorista quiso que las luminarias tuvieran también un papel narrativo. “Las lámparas fueron elegidas con los clientes para ajustarse al diseño arquitectónico. Aportan toques de color y textura al tiempo que estructuran los espacios y la atmósfera según el momento del día”. Una de las lecciones de Loustau, cada objeto influye en la experiencia del habitar.

La pareja propietaria encontró así un lugar que funciona más allá de lo estético. El segundo dormitorio permite alojar invitados o pensar en un futuro familiar, mientras que el balcón abierto a la ciudad prolonga la sensación de amplitud. La modernización, más que cosmética, es una declaración de intenciones: se puede ser joven, tener un presupuesto acotado y vivir con estilo sin renunciar a la calidad material.

Este piso de Loustau no es un capricho ni un caso aislado. Es parte de una corriente que recorre París, donde la vivienda pequeña se convierte en campo de batalla de las ideas sobre cómo habitamos hoy, adaptando espacios domésticos a las necesidades de la nueva generación. Si tuviésemos que resumir la historia reciente de este apartamento podríamos hacerlo así: un piso pequeño, una pareja que empieza, una interiorista que sabe escuchar y una ciudad que nunca deja de transformarse.

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