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Interiorismo

Una curva dibuja este ático en el barrio de Salamanca que se abre al cielo de Madrid 

La arquitecta Andreína Raventós nos abre las puertas de su casa, un ático en el barrio de Salamanca donde las líneas orgánicas, el barro y la madera moldean una vida apacible en contacto con el exterior.

Lo aparentemente simple suele encerrar una complejidad de la que carece lo que busca ser complejo. Esconde el pensamiento, la estructura, las referencias y la experiencia. Es lo que sucede en este ático en el madrileño barrio de Salamanca, donde la arquitecta venezolana Andreína Raventós ha establecido –y diseñado, claro– su hogar. La sencillez aparente radica en un trazo, una curva que recorre toda la vivienda, que va dibujando diferentes estancias y adoptando un rol distinto en cada una. 


En el salón comienza el trazo de la curva. El sofá modular tapizado en terciopelo fue diseñado a medida para abrazar la chimenea cada centímetro. Mesa de centro también a medida y cuadro del pintor venezolano Adonay Duque. 

La curva que dibuja la casa

El ático está en un edificio de los años 50, con su portal completamente revestido en mármoles. «Era un piso compartimentado, pero con unas vistas y una luz maravillosas. Lo que hicimos fue abrirlo y conectarlo, de modo que tanto la luz como el exterior entrasen en la casa», cuenta Andreína a MANERA. Las vigas y pilares, a la vista, también articulan el espacio y contrastan con los acabados más puros. Y con la curva, claro. Esa curva que comienza en el salón, donde ofrece asiento al sostener un sofá modular tapizado en terciopelo. Asiento y también un espacio donde reposan libros, plantas y lámparas. En concreto, la colección de luminarias Cayenas, uno de los últimos diseños de Andreína. 

Seguimos su recorrido hacia la cocina, que se abre al resto de la casa, donde complementa la encimera y otorga al acto de cocinar una dimensión social. Más adelante, se convierte en una zona para comer, con un banco que recorre la pared y una cristalera que abre este comedor al exterior, a los tejados de Madrid, y lo conecta con una de las dos terrazas. A esto se refería Andreína cuando decía que, tras la reforma, el exterior entra en la vivienda. A esas zonas acristaladas que ha creado para que enmarquen el paisaje y desdibujen el límite. Umbrales entre la tierra y el cielo. 

Otro de ellos aparece en el baño del dormitorio principal, adonde llegamos, cómo si no, guiados de nuevo por la curva. Aquí, dibuja un rincón que es la quintaesencia del bienestar, ese al que te apetecería llegar al final de cada jornada. Un rincón que abandona el perímetro de la vivienda para asomarse al exterior, una mezcla entre baño e invernadero con una bañera que, cuando el clima lo permite, puede convertirse en piscina simplemente deslizando la ventana de cristal hacia arriba y dejando que entre el aire. La curva termina su viaje en el dormitorio de invitados, donde toma la forma de una mesita de noche.

La curva llega hasta la encimera de la cocina.




Y termina dibujando el banco del comedor abierto al exterior. 


Del comedor se accede a una de las dos terrazas de la casa. La escultura lumínica que parece flotar es de la colección Infinighty, diseño de Andreína.

En el dormitorio principal, el cabecero fue diseñado a medida integrando el tabique y el pilar al mueble. 




La curva continúa hasta el baño, revestida aquí en microcemento, y crea esta especie de invernadero.


El rincón se abre a la segunda terraza de la casa. 

Una casa que respira 

Estoy segura de que, cada vez que Andreína llega a su ático, los hombros se le relajan. Que respira hondo y ralentiza el ritmo. Ese es el efecto de convivir con la naturaleza, de haber creado rincones que enmarcan el exterior, de disponer de dos terrazas que arropan la casa desde fuera y que reflejan hacia el interior la luz rosa del barro cocido del que están revestidas, igual que lo está el comedor y la curva del salón. En el resto de la casa, la elección de materiales continúa en esta línea de naturalidad y frescura. Las paredes están enyesadas y los suelos son de madera maciza de roble. Los baños son de microcemento. Así, no solo Andreína respira hondo al poner un pie en este lugar, la propia casa también lo hace, refleja esta respiración a través de sus materiales, su luminosidad y su apertura.

Aquí hay cuidado y mimo, hay equilibrio estético, y sobre todo hay amor por la vida, por el disfrute en la cotidianidad, que se refleja en todos los rincones pensados para ello: para practicar el noble arte de vivir.

Andreína Raventós posa en el salón junto a su lámpara de la colección Cayenas.




El dormitorio de invitados. Tapiz elaborado por Andreína a modo de cabecero. La lámpara es también diseño suyo, de la colección Piaroa.


Cada hueco está aprovechado.

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