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Interiorismo

En esta joya racionalista de los 40 en Gijón, la esencia y el legado arquitectónico permanecen intactos

El estudio coruñés Pepita de Oliva ha reformado un piso en un edificio racionalista de Gijón con cariño, criterio y sin más intervención que la necesaria para sacar a relucir su alma.

Arquitectura, interiorismo y fotografía: Pepita de Oliva

Un piso en un edificio racionalista, de 1940, en Gijón. Un icono arquitectónico de la ciudad, en una esquina que mira a la plaza Humedal, con una elegante forma curva. De líneas sencillas y funcionales como manda la arquitectura de la época, pero ensalzado con una fachada Art Déco cuyos elementos decorativos se cuelan dentro de la vivienda, en los frisos, los vidrios decorados, las manillas ornamentales. Una joya al servicio del estudio coruñés Pepita de Oliva. Un proyecto de esos que marcan y sacan a relucir la esencia, y cuya historia nos cuenta Claudia Rodríguez Valcárcel, directora del estudio. 

La clienta, una mujer joven que entendía y respetaba el legado estético y cultural de ese piso de 125m2 que perteneció a su familia, no pidió grandes cambios. Si hubiese querido una cocina integrada con el salón, un baño en suite en su dormitorio, o cualquiera de las tendencias que marcan el presente, la historia habría sido otra. Decidió, sin embargo, conservar todo lo que pudiese conservarse, y hacerlo simplemente un poquito más cómodo para su vida. Y así la historia es esta, que no es otra que la del propio edificio. «Este proyecto ha sido una suerte en todos los sentidos», cuenta Claudia. «La casa era una maravilla, sin apenas los parches que se suelen encontrar en inmuebles de esta época. Llevaba mucho tiempo cerrada y eso es lo que la salvó e hizo que tantos elementos estuviesen en tan buen estado», relata.

Los suelos hidráulicos, protagonistas de la casa. Una maravilla. El espejo, donde se refleja un rincón del salón-despacho, es diseño del estudio.


Conservaron las puertas de paso originales de los 40. Los armarios empotrados, en madera de teca, los diseñaron para el proyecto siguiendo los códigos estéticos que marcaba la historia de la casa.


Conservar lo máximo posible

Los suelos hidráulicos, un sueño de policromía, son los originales. También lo son las persianas, los radiadores, la puerta de entrada, las puertas de paso con vidrios decorados, las manillas y –esto es para maravillarse–, la pileta de la cocina, de mármol. Hicieron algunos cambios para que la casa respirase. Dieron amplitud al espacio de entrada, convirtiéndolo en un salón-despacho. La cocina, al fondo del pasillo que articula la vivienda, también la ampliaron para crear un rincón de comedor. En esas modificaciones, se aseguraron de conservar el alma todo lo posible, recurriendo a referencias estéticas de la década de los 40. Para el suelo de la cocina, por ejemplo, escogieron una madera de pinotea, típica de la época, reciclada, puesto que ya no se fabrica. Esto también era una fórmula para darle calidez al ambiente. Para conseguir más espacio en las habitaciones, diseñaron armarios empotrados en madera de teca, muy habitual en los muebles mid-century, para que conviviesen con otras piezas de esta época que la clienta ya tenía. 


El salón – despacho, en la estancia de entrada, con ese ventanal curvo frente al que nos quedaríamos a vivir. La mecedora y la lámpara son piezas originales de la casa, de la familia de la clienta, quienes vivían en ella antes.

Otro ventanal de ensueño, esta vez en la zona trasera de la cocina. El banco y la mesa redonda son diseño del estudio.



En la cocina, conservaron la pileta original, de mármol. En las zonas donde no había moldura en el techo hicieron un falso techo para poder meter iluminación integrada. 

Los muebles lacados en verde menta, diseñados por Pepita de Oliva, contrastan con el azulejo y el suelo de madera de pinotea reciclada.


Sin miedo al color

En el baño, que agrandaron ligeramente para que pudiese tener ducha y bañera y donde colocaron un suelo de porcelánico de gran formato, respetaron los colores verde y blanco originales, pero dándoles unos tonos más de intensidad. En general, la paleta cromática se define por el juego y el atrevimiento. Ese baño lo dice todo, y también la lavandería, en amarillo y azul eléctrico; y el lacado de los muebles de la cocina, con ese verde menta que contrasta con el azulejo salmón de las paredes. La mayoría de piezas de mobiliario han sido diseñadas por el estudio para el proyecto, con esa estética mid-century que es el punto de unión entre la casa, la clienta y el estudio, que hace que este proyecto tenga tanto sentido.


Ese verde nos vuelve locos. El espejo es diseño del estudio y las baldas que se ven reflejadas en él, también.

Ampliaron ligeramente el baño para que pudiese tener ducha y bañera.


VALORES COMUNES

Para Pepita de Oliva, el proyecto y este punto de unión suponen una vuelta a sus orígenes. El estudio de A Coruña nació hace 11 años como una firma de mobiliario especializada en piezas mid-century que traían de anticuarios del norte de Europa –antes de que explotase la fiebre por este estilo–. Más tarde se metieron en proyectos de arquitectura e interiorismo y, con el tiempo, esa ha acabado siendo su actividad principal. Lo que han hecho en esta casa de Gijón supone regresar a su esencia y revisitarla con la perspectiva que da la experiencia, el haber andado. También es un reflejo de sus valores. «Somos muy respetuosos con lo que ya existe e intentamos que todo lo que conviva con ello lo haga de una manera amable. Ese piso llegó como una cerecita para decirnos: Venga, Pepita, os dejamos hacer lo que os gusta y lo que lleváis luchando desde que empezó vuestro estudio», concluye Claudia. Una de esas historias de astros que se alinean sabiendo que, si hay una buena base, una identidad sólida y un afán por hacer las cosas bien, que se alineen es mucho más probable. 

Los armarios fueron una de esas soluciones pensadas para que la casa ganase algo de espacio, respirase, sin necesidad de hacer grandes modificaciones.




La lavandería. El grifo, azul eléctrico a juego con las juntas del alicatado, contrasta con ese amarillo vibrante.


Con el diseño de mobiliario intentaron aprovechar todas las pequeñas esquinas de la casa, una característica propia de la arquitectura de la época.

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