Erramos al asociar el veraneo a la estación que le da su nombre, pues veranear es más que una acción concreta, un estado del alma que puede –que debe– alcanzarse también en el resto de estaciones. No hace falta mucho. Un despertador apagado, un aperitivo que acaba en cena, amigos y familia alrededor, anécdotas para la sobremesa, una pila de libros y revistas apetecibles. Al estado mental de veraneo se llega con una mezcla de tres factores: actitud, compañía y escenario. Este último, de suma importancia.
Cristina Espejo y Marta Goyanes, fundadoras del estudio que lleva sus apellidos, recibieron con ilusión el encargo de unos viejos amigos. Malagueños y afincados en Madrid, como ellas, querían un refugio en su ciudad natal. Aquí buscaban un lugar donde pasar vacaciones y fines de semana, donde alcanzar ese estado mental que solo se alcanza en verano. La encontraron en una casa construida en los años 60 en Pedregalejo, con el mar bien cerca. Muy especial, con dos módulos enfrentados –320m2 en total– y divididos por un patio interior. Uno de ellos se ha convertido en el hogar principal y, el otro, en una casita para invitados.
El salón con el suelo hidráulico restaurado, al igual que las molduras del techo. Al fondo, el sofá curvo con tela de Gastón y Daniela busca un punto de teatralidad. En la foto de portada, sofá de lino natural de Rue Vintage 74 y mesa de centro en madera de derribo de Sinenonime.
El comedor, presidido por una chimenea reproducida en piedra caliza. En contraste, sillas españolas populares de madera y enea de Berenis y mesa con base acanalada y sobre también de piedra caliza sin tratar. Los apliques de pared son de Olofane.
En el recibidor, retrato de anticuario sobre mesa de Rue Vintage 74.
Era una vivienda compartimentada y oscura, pensada para la vida de antaño, de modo que Cristina y Marta, junto al arquitecto malagueño Miguel Braun, se pusieron manos a la obra para convertirla en un espacio donde compartir. “Dejamos la planta de abajo despejada y la abrimos al patio para conseguir esa sensación de verano. Para que pudiesen estar cocinando entre amigos y los niños por ahí jugando, o en la piscina”, cuentan las interioristas a MANERA. En la planta de arriba, una zona más privada, hicieron un pasillo que acaba en un distribuidor circular desde el que se accede a un despacho, dos dormitorios infantiles, un baño, el dormitorio principal con otro baño y una zona de lavado.
Los suelos, la joya de la casa
Los protagonistas del interiorismo, la joya de esta casa, son los suelos hidráulicos, una delicia. “Es un suelo muy típico de Málaga. Los encontramos y supimos que teníamos que conservarlos. Requirió una labor minuciosa de saneamiento: de limpieza, de sustitución de algunas piezas que estaban deterioradas, de cambios de ubicación”, narran. La belleza de los suelos se resalta a través de un envoltorio neutro de paredes de yeso –excepto en los baños, que optaron por el estuco– y la carpintería original recuperada y combinada con maderas naturales envejecidas en la cocina y en los muebles. Todo ello arropado por tejidos de fibras naturales en piezas de gran tamaño, sobre todo lino y también algo de lana.
Un despacho en la planta de arriba con suelo hidráulico original a juego con las paredes texturizadas, sin pintura, tal y como las encontraron al eliminar las capas antiguas.
La cocina, con armarios de madera envejecida y encimas de piedra de Cosentino, taburetes de Zara Home y lámparas de techo antiguas de Olofane.
Pasillo de la planta superior, con uno de los hidráulicos más especiales.
En los dormitorios, cabeceros de lino y apliques de Olofane, y armario diseño del estudio.
En la zona de bañera y ducha del baño, otro de los suelos-joya recuperados.
Las paredes texturizadas, sin pintura, que parecen dispuestas para pintar en ellas un fresco. Las maravillas encontradas por Cristina y Marta en anticuarios. “Lo que pretendíamos con esta casa es que pareciese que todo estaba ahí, como si ya hubiesen pasado los años por ella. No necesitábamos una tendencia o una idea de estilo muy marcada: la casa hablaba y nosotras escuchamos y respondimos”, declaran. Una casa que estaba esperando a que la familia entrase y la llenase de risa, de conversaciones, de juegos, de recuerdos. “Fresca, familiar, real, vivida. Con ruido alrededor, gente, puertas abiertas”, como la describen desde el estudio. En un lugar que grita verano, el más escogido por los españoles para viajar en grupo y el cuarto para viajar en familia, según datos de Booking.com. Si el veraneo fuese un lugar, sería este.
El patio interior divide los módulos de la casa y la baña de luz. Las puertas y ventanas restauradas conservan la forma de arco.
El patio, además de actuar como distribuidor, es una zona de recreo con comedor y alberca.
En el patio trasero se han conservado los muebles de jardín de la casa.