Lo de Ernesto Correa y Patricia Maldonado con su casa fue pura casualidad. Una mañana, mientras caminaban hacia su estudio en Valencia, se cruzaron con un piso del que colgaba el cartel de “Se vende”. “En ese momento comenzamos a pensar en la posibilidad de mudarnos a una zona céntrica y evitar conducir cada día para ir a trabajar”, comienzan los arquitectos. Desde luego, algo del todo tentador. “No buscábamos nada concreto, simplemente lo vimos y nos encajó”, añaden. Sin pensárselo dos veces, aquél cartel pasó de “Se vende” a “Vendido” para convertirse en la casa de X Arquitectos, una vivienda en la que sus dos protagonistas han volcado todo su savoir-faire y su corazón.
El techo de hormigón y las vigas originales conviven en plena sintonía con los nuevos elementos.
La isla cuenta con una mesa volada cuya estructura supuso todo un reto para los arquitectos.
La lámpara Taccia de Flos es la pieza más especial en la vivienda para sus dueños, un regalo de cumpleaños.
El apartamento se encuentra en un edificio de los años 40, cuyo aspecto exterior de molduras y balcones con forjas clásicas poco tiene que ver con lo que esconde el interior. Este se encontraba completamente compartimentado. En tan solo 59 metros cuadrados contaba con tres dormitorios y un salón muy oscuro. La estrategia fue clara: “abrir el espacio al máximo, priorizando la entrada de luz a la mayor parte de la vivienda posible”, explican. Las tres habitaciones dieron paso a un gran salón comedor y cocina que disfruta de una luz sin par. “Sin embargo, sacrificamos el único dormitorio de la vivienda minimizando su tamaño estrictamente al uso de noche y a la zona de armario”. Un sacrificio que, definitivamente, ha merecido la pena.
Un espacio redimensionado
En casa de X Arquitectos, todo es cuestión de escala. O más bien, de jugar con ella. La cocina tiene unas dimensiones que no son las habituales de una vivienda pequeña, con esa gran isla que destaca tanto por su tamaño como por su mesa auxiliar completamente volada, o el propio baño, que se encuentra en el mismo espacio que antes ocupaban la cocina y el baño juntos. Asimismo, piezas mayúsculas como el Soft Modular Sofa de Vitra o el aparador Malmö de Punt Mobles participan en esta ilusión de tamaños y hacen, curiosamente, que el espacio parezca mayor de lo que realmente es. En palabras de los arquitectos, “queríamos huir del estereotipo de casa pequeña donde todo tiene que ser menudo”.
Telón de fondo al descubierto
Antes de que Correa y Maldonado llegaran a su nueva casa, las vivienda había sufrido muchas intervenciones. “A cada cual más desacertada según nuestro criterio”, defienden, y añaden: “Ante la ausencia de ninguna virtud que rescatar o mantener, decidimos poner en valor sus atributos más funcionales”. Es decir, recuperar la esencia del edificio desde su parte más constructiva y menos ornamental. Lo cierto es que, para un edificio de los años cuarenta, esos tres metros de altura, las paredes de ladrillo macizo, cargaderos de hormigón y forjados de viguetas metálicas eran algo muy interesante, algo a destacar.
La importancia de la decoración
Pero no todo iba a ser industria, mortero, acero y crudeza material. El interiorismo juega aquí un papel crucial a la hora de equilibrar estos elementos, otorgando calma, neutralidad y calidez a la atmósfera de la vivienda. Materiales nobles como el pavimento de roble o el mobiliario de nogal, superficies limpias y puertas invisibles, tonos grises y cálidos e incluso textiles hacen de esta caja desnuda un rincón íntimo, sereno y acogedor. Algo que se puede sentir claramente en el salón, un rincón donde sus dueños pasan las horas leyendo o escuchando música en pareja mientras la luz natural baña todo el ambiente. “Aunque es una orientación más calurosa, nos regala una luz súper especial, que pasa a través de las cortinas de lino”, relatan.
Un proyecto de X Arquitectos se identifica por su luz, su textura, esa pátina a medio camino entre la neutralidad y la calidez que baña todas sus casas, como si viviesen en un eterno atardecer. Y esta vivienda, por supuesto, contiene ese ADN en su interior. “Tratamos de perseguir la atemporalidad y la calidez en todo lo que hacemos”, cuentan a MANERA. “Conseguir que los espacios y los objetos puedan envejecer dignamente sin necesidad de intervenir en ellos porque ya nos hemos aburrido de ellos. Creemos que cuando algo es proporcionado, en cualquier aspecto de la vida, hace que siempre se vea o se sienta bien”.
A medida que la casa se aleja de la luz, los colores se oscurecen con ella.
Dormitorio principal donde una mesilla de piedra dialoga con la arquitectura original de la vivienda.
Retrato de Patricia Maldonado y Ernesto Correa, fundadores de X Arquitectos.