Un toque de serendipia, un arco y mucha poesía. Así empieza la historia que João Gameiro escribe en este singular piso de la emblemática Rua de São Bento en Lisboa, y al que ha bautizado como The Vault, es decir, La Bóveda. El nombre tiene su explicación, muy hilada al concepto que se esconde detrás de la intervención. El arquitecto dio con la clave a escasos metros de la casa. “En la misma calle solía haber un arco que formaba parte del acueducto de Lisboa, una construcción que trajo vida a la ciudad”, comienza el artífice de este oasis en la capital. Esta característica lisboeta solo queda en el recuerdo de algunos, pero no pasó desapercibida para Gameiro. “En una especie de analogía, hemos tratado de devolverle vida y carácter a este espacio que había sido completamente convertido en algo monótono y aburrido”, añade.
En la otra página, pasillo inspirado en el arco de São Bento, con paredes tratadas a la cal.
Arquitectura tectónica
La casa, aunque se encuentre en un edificio histórico, ha sufrido remodelaciones que han deteriorado su auténtico encanto, así que el reto era claro: realzar las características originales elevándolas a los estándares modernos. Es lo que le pidieron los nuevos dueños de la casa, unos clientes que cayeron en las garras del hechizo de la ciudad y se enamoraron de la calidez de sus calles, como nos ha pasado a todos alguna vez. Pero Gameiro fue un paso más allá, y para apreciarlo, no hay más que fijarse en los detalles, porque si Dios está en ellos, João le acompaña.
La demolición de algunas paredes fue un ejercicio de arquitectura tectónica que descubrió residuos de los que el estudio no se ha querido deshacer, como la antigua madera que ahora conforma la mesa del centro del salón. Asimismo, la piedra caliza verde oscura del baño es una joya local que aporta un toque de color y tiene una curiosa historia. “Se extrae en Alentejo, al sur de Lisboa –relata Gameiro–. De alguna manera pasó de moda y dejaron de extraerla, así que solo se encuentra en bloques de algunas canteras”. Serpenteando por la vivienda, el arquitecto sorprende con piezas que aparecen como obras de arte dentro de una calima. “Es como jugar al escondite”, bromea.
La cocina de piedra caliza portuguesa Moleanos, con frentes que siguen la estética del apartamento, grifería de ASM Taps y campana de latón. En la isla, taburetes Marbella de Sergio Rodrigues y Carl Malmsten para la firma Confonorm.
Detalle de la cama y la mesita de noche.
Ligereza espacial y peso en el buen diseño
La impresionante mesa del comedor, por ejemplo, con su espectacular sobre de mármol Travertino y su robusta estructura de madera de iroco, domina el espacio con imponente presencia, evocando la majestuosidad de las antiguas mesas. Seis sillas restauradas diseñadas por Gianfranco Frattini para Cassina añaden el toque final a la estancia. “Con unas pocas piezas, y dirigiendo la mirada hacia esas áreas, se encuentra la calma”, declara Gameiro. La ligereza del espacio en contraste con el fuerte carácter del mobiliario, el choque entre el minimalismo y lo tradicional, es la esencia que se extiende por todo el apartamento. “Se trata de crear un equilibrio entre un telón de fondo cálido y distintos elementos que atraigan el enfoque y la atención a los diversos espacios”, añade Gameiro, y prosigue. “Es ahí cuando la textura, la variación y el color pueden desempeñar un papel importante sin ser abrumadores o demasiado contrastantes. Si todo grita, no prestas atención a nada en particular”. Así, saltando de los elementos casi flotantes de latón en la cocina a las mesillas de noche de bloques de sal, se puede confirmar que sí, João siempre está en los detalles. “La base de la casa era tan sólida que uno podría inclinarse por simplemente pulirla, pero nos dio por crear algo completamente nuevo”, concluye.
Entrada al baño oculta entre armarios del dormitorio en la imagen anterior.
El baño en suite al que se accede, con espejo de BoConcept y grifería de ASM Taps.
Otro dormitorio de la vivienda.