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Interiorismo

Una casa mediterránea cuyo baño nos traslada a las termas griegas y romanas

La interiorista Tatiana Arkhipova ha reformado en Chipre una casa centenaria e impreso en ella la tradición arquitectónica del Mediterráneo, adaptada a los códigos de hoy.

Para contar la historia de esta casa, podríamos empezar hablando de sus vidrieras de Murano, por las que la luz mediterránea se cuela y atraviesa las estancias divididas por arcos y cubiertas de un techo de vigas vistas. Podríamos hablar del arte plástico y de la cerámica,  de la personalidad que aportan. Sin embargo, en esta ocasión no podemos evitar un punto de idiosincrasia: tenemos que empezar hablando del baño. Con sus columnas, su bañera central, excavada en el suelo, y sus puertas que se abren al patio para dejar entrar la brisa primaveral, nos trasladan a unos siglos atrás, a las termas griegas y romanas, a los rituales de cuidado y relajación.




El baño en cuestión. 

Los rituales en torno al agua, siguiendo la tradición mediterránea, tienen mucha importancia en el diseño de la casa, que también cuenta con una piscina exterior.


No es un capricho empezar por esta estancia al contar este proyecto de la interiorista Tatiana Arkhipova en un bonito pueblo de Chipre. No se debe solo a que querríamos quedarnos en ese baño a vivir. Es, también, porque en él se concentra la esencia de esta casa: la que se dibujó en los sueños de sus habitantes y que Tatiana hizo realidad para ellos, siendo fiel a su pasado –fue construida hace más de un siglo– y a la esencia mediterránea. Los suelos de baldosa cerámica y las paredes pintadas en tonos saturados –como el azul del salón y el verde ahumado del dormitorio– y los muebles de madera consiguen una atmósfera cálida y agradable.

Al salón uno llega por el azul potente y se queda por la calidez de las vigas, la alfombra y la luz que se cuela por la ventana de vidrio de Murano.




El arte de Zenon Japras aporta personalidad y sensación de hogar.


Un rincón perfecto para leer.

Un interior distribuido por arcos

La historia del proyecto es también atípica. El objetivo no era abrir espacios; todo lo contrario. En el piso de abajo no había habitaciones o espacios de almacenaje y el piso de arriba estaba ocupado al completo por el dormitorio principal. En este caso, lo que se quería era compartimentar un poco más, lo mínimo para que la casa fuese útil para una familia con una niña. La planta de abajo se distribuye en torno a un espacio central franqueado por arcos que conducen a la cocina, al comedor, al salón y a un dormitorio. El salón es cámara de recogimiento impregnado de luz a través de una ventana de cristal de Murano –también en forma de arco–. Aquí reside la colección de cerámica de la familia y una pieza de arte de Zenon Jepras. El comedor, en una esquina de la casa, tiene una pared totalmente acristalada y abierta al exterior. Una delicia.

El comedor, en una esquina de la casa, con una pared completamente acristalada.




La planta de abajo se distribuye en torno a un espacio central franqueado por arcos.


La cocina, en un rincón, con una mezcla de patrones en la cerámica del suelo y la que reviste las paredes.

El dormitorio principal, con ese tono ahumado, invita a la intimidad y a la relajación. Los textiles de estilo oriental de Degas Décor se equilibran con la fluidez de las formas y las flores frescas en macetas de arcilla. Un cuadro de Alexander Kaverin dota al espacio de personalidad desde su posición privilegiada, en la repisa de la chimenea. El dormitorio infantil es un reflejo de cómo el diseño de la casa ha querido reflejar la personalidad de sus habitantes. Siguiendo su deseo de alejarse de la que había sido su habitación rosa de la infancia, apostaron por un espacio limpio y luminoso en contraste con la madera y con pinceladas azules y amarillas.

Es esta una de esas casas en las que cada detalle está dotado de significado, nada se deja al azar. Un proyecto que integra la historia de la arquitectura y la tradición estética mediterránea en sus distintas fases y logra que convivan en armonía con los valores de la familia y sus preferencias. Una casa con alma, con pátina y lista para que otra historia –la de quienes la habitan– se escriba en ella y se integre en la otra, en la de nuestra civilización.

El cuadro de Alexander Kaverin preside desde un lugar de honor en el dormitorio principal.






El dormitorio infantil: limpio, luminoso y con toques de color alegres.

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