André Bloc llevaba décadas intentando convertir la escultura en un espacio que pudiera recorrerse y habitarse cuando encontró en Carboneras el lugar para llevar el experimento a escala real. Entre 1962 y 1963, frente al Mediterráneo almeriense, levantó Casa Laberinto: una vivienda experimental concebida por Bloc, dirigida en obra por Claude Parent y construida por artesanos locales prácticamente con los materiales que podían encontrarse a su alrededor.
André Bloc llevaba décadas intentando convertir la escultura en un espacio que pudiera recorrerse y habitarse cuando encontró en Carboneras el lugar para llevar el experimento a escala real. Entre 1962 y 1963, frente al Mediterráneo almeriense, levantó Casa Laberinto: una vivienda experimental concebida por Bloc, dirigida en obra por Claude Parent y construida por artesanos locales prácticamente con los materiales que podían encontrarse a su alrededor.
El estudioso romano Vitruvio ya fijó en el siglo I a.C. las tres condiciones básicas de la arquitectura cuando escribió el tratado más antiguo que se conoce sobre esta disciplina. Firmitas, utilitas, venustas —resistencia, funcionalidad y belleza—.
Desde entonces, hemos tenido nada menos que veintidós siglos para jugar con esta base, priorizar un principio u otro, experimentar y, por supuesto, contradecirla. En el siglo XX, el agitado contexto social y político y las dispares respuestas artísticas e intelectuales a él crearon un caldo de cultivo para este tipo de experimentos y contradicciones. Uno de esos casos, situado aquí en España, nos ocupa hoy.


A tiempo para verlo empezar, en 1896, nació en Argel un hombre llamado André Bloc que dedicaría su carrera a desdibujar los límites entre arte y arquitectura a través de la exploración de lo que él llamaba esculturas habitables. Al borde del mar, en un pequeño pueblo almeriense, Carboneras, encontró el escenario perfecto para lo que supuso el culmen de décadas de investigación: la Casa Laberinto, que hoy sigue en pie, habitable y, de hecho, habitada en cierto modo.
La investigación de los arquitectos Héctor García-Diego Villarías y María Villanueva Fernández la considera una obra singular del patrimonio arquitectónico español del siglo XX y un ejemplo especialmente significativo del esfuerzo por integrar arte y arquitectura. Casa Laberinto es, además, la materialización a escala doméstica de los ensayos que Bloc había desarrollado previamente en su jardín de Meudon.
Quizá no sea el mayor ejemplo de funcionalidad, pero sí lo es —sin querer serlo— de una arquitectura de proximidad, levantada solo con materiales y técnicas de construcción locales, que se integra en el paisaje aunque llame la atención. Y bella. Muy bella. El arquitecto Héctor García-Diego, experto en el siglo XX español, investigó sobre el proyecto para su tesis doctoral y, con su ayuda, recreamos la historia de esta curiosa construcción.
Por qué André Bloc construyó Casa Laberinto en Carboneras
André Bloc pasó su infancia y juventud en París. Allí se formó como artista y como persona. ¿Por qué Carboneras, entonces? Os preguntaréis, y no es de extrañar. La respuesta tiene nombre, apellidos, más de 40 obras literarias firmadas y un magnetismo abrumador: Dominique Aubier.
“Era francesa, pero hispanista convencida. En París tuvo contacto con republicanos exiliados y quedó prendada de la cultura del país. Escribió una guía turística de España, acabó en este pueblo de Almería e hizo de banderín de enganche para un montón de extranjeros que llegaron allí, a un lugar que no tenía casi ni accesos. Vieron que era un lugar magnífico para perderse y quisieron reflotarlo en cierto modo”, nos cuenta Héctor García-Diego.

A su alrededor se formó una comunidad de artistas e intelectuales, algo similar a lo que ocurrió en la isla de Ibiza o Cadaqués. La siguieron artistas de todo el mundo: el venezolano Jesús Rafael Soto, los argentinos Julio Le Parc y Antonio Asís, la galerista francesa Denise René, el músico Aimée van de Wiele o el editor William Lewis. También el arquitecto Claude Parent y André Bloc, protagonistas de esta historia, pero nos estamos adelantando.
ANDRÉ BLOC Y EL ORIGEN DE SUS ESCULTURAS HABITABLES
Volvamos por un momento a París, a las décadas de 1950 y 1960, a un joven Bloc que tenía una visión muy intelectual y experimental de la arquitectura, que quería encontrar caminos alternativos. Era una época en la que, como cuenta García-Diego, “había un cierto consenso sobre el agotamiento de las bases más ortodoxas del Movimiento Moderno, del dominio de la función sobre todo lo demás, y eso fue un buen campo de cultivo”.
Bloc fundó un colectivo de artistas e intelectuales, Groupe Espace —al que pertenecieron, por ejemplo, los pintores Edgard Pillet y Jean Dewasne o Victor Vasarely, considerado el padre del Op Art— y también las revistas L’Architecture d’Aujourd’hui en 1930 y Art d’Aujourd’hui en 1949. Así divulgaba y exploraba, materializaba su afán férreo por integrar todas las artes, por borrar líneas divisorias.

Investigaba, creaba sinergias con otros artistas, se dejaba contaminar en el mejor sentido y volcaba el resultado de su investigación en el jardín de su propia casa en Meudon, a las afueras de París, que en la década de los 60 llenó de prototipos de esas esculturas habitables que lo obsesionaban.
El Centre Pompidou conserva una maqueta de uno de aquellos Habitacles y documenta que Bloc realizó su primera escultura habitable en Meudon en 1962. Medía aproximadamente tres metros de altura por quince de longitud y no respondía a una función doméstica concreta: estaba pensada, ante todo, para ser recorrida. El propio Bloc explicaba que quería dejar entrar el aire y la luz mediante recorridos simples y complejos y multiplicar así las relaciones, los contrastes y los juegos de volumen.


Aquellos experimentos permiten entender mejor lo que sucedería después en Almería. Bloc no estaba intentando decorar una vivienda con una escultura, sino borrar la separación entre ambas cosas: convertir la propia arquitectura en una forma que pudiera rodearse, atravesarse y habitarse.
Cuenta la leyenda que un día, paseando por la playa en Carboneras junto a Aubier, vio un terreno que miraba al mar y supo que había llegado el momento de pasar del prototipo a la realidad.
UNA CASA LEVANTADA CON PIEDRA Y TÉCNICAS LOCALES
La construcción de Casa Laberinto comenzó en 1962 y terminó en el verano de 1963. André Bloc concibió el proyecto, Claude Parent dirigió la obra y un artesano local y sus dos hijos se encargaron de ejecutarla. La distancia entre aquella investigación artística nacida en París y la realidad material de Carboneras obligó al proyecto a adaptarse radicalmente a lo que había disponible.
La casa se levantó prácticamente con lo que podía encontrarse alrededor: mampostería de piedra molinera extraída de las inmediaciones, asentada con mortero de cal y arena y enfoscada después con cemento, además de guijarros de basalto recogidos en una rambla cercana. El agua se trasladaba en bidones desde un pozo próximo.

“Es lo que ahora llamaríamos de kilómetro cero, pero no lo fue por ideología, sino porque no había otra. Las carreteras eran malísimas; solo tenían los materiales próximos y las técnicas que conocían los constructores locales”, explica García-Diego. En su investigación, se para a considerar otro de los aspectos fundamentales de la arquitectura: el hecho de que, por mucho que sea un ejercicio experimental e intelectual, estará siempre a merced de los límites y requisitos técnicos de la zona.
“Al final, su construcción no distó tanto de otras viviendas vernáculas mediterráneas del lugar. Arquitecturas encaladas, redondeadas y construidas con materiales del entorno”, concluye.
Ahí reside una de las paradojas más interesantes de Casa Laberinto. Una arquitectura que nace de una investigación radicalmente experimental terminó materializándose mediante procedimientos muy próximos a los de la arquitectura popular mediterránea. La forma podía parecer llegada del futuro; la manera de construirla pertenecía enteramente al lugar.
Integrada en la desértica costa almeriense, en los 60 sin apenas vegetación, la casa daba una sensación entre alienígena y familiar, como si hubiese estado ahí siempre, sola, única.

El Centre Pompidou conserva además una maqueta de estudio específica del proyecto, catalogada como Habitation, Carboneras, Espagne. Realizada en escayola y fechada por el museo entre 1964 y 1966, forma parte de su colección de Arquitectura como testimonio del proceso de trabajo de Bloc sobre una obra que el museo identifica como proyecto realizado.


Cómo era vivir dentro de una escultura habitable
En 1965, Antonio Scotto, un erudito asociado el mundo del arte, compró la Casa Laberinto y se mudó allí con su familia. Aunque no viviese para verlo –Bloc falleció en 1966 en Nueva Delhi a consecuencia de un accidente mientras tomaba fotografías de un templo en ruinas–, el sueño del artista se cumplió durante una década: en su escultura habitable vivieron Scotto, su mujer y su hija hasta 1974, cuando decidieron construir una vivienda adicional que pasó a ser la principal, donde ahora viven.
La prueba definitiva del experimento de Bloc llegó así después de terminada la arquitectura. Aquello que había comenzado como una investigación sobre la posibilidad de fundir escultura y espacio terminó acogiendo una vida doméstica real. La escultura, finalmente, se podía habitar.
Un ejemplo de lo poético de la vida: la Casa Laberinto ha acabado siendo una casita en el jardín de otra, como lo fueron todos los experimentos formales de Bloc en los años 60, en su jardín de Meudon.


Como la Endless house de Frederick Kiesler o la Casa del Futuro de los británicos Smithson o, desde otra lógica, Casa Bengala, el nido escultórico que Carlos Páez Vilaró construyó en Tigre, puede que la Casa Laberinto de Carboneras no se aferre a los tres principios arquitectónicos de Vitruvio.
Quizá no sea la más funcional, pero sí nos habla de su entorno, de lo que sucede cuando se difuminan las barreras entre disciplinas artísticas, cuando se contagian unas a otras. Décadas después, y desde una escala radicalmente distinta, Ricardo Bofill convertiría una antigua cementera en La Fábrica, casa, estudio y arquitectura en transformación.


Más de sesenta años después de su construcción, Casa Laberinto sigue explicando con una claridad extraordinaria una de las grandes preguntas de la arquitectura del siglo XX: dónde termina la escultura y dónde empieza un espacio cuando ese espacio puede recorrerse, protegernos y acabar convirtiéndose en casa.
Es aquello de conocer las normas para luego romperlas; lo que ha escrito la historia del arte, de nuestras ciudades, de la humanidad al fin y al cabo.

Casa Laberinto
Autor: André Bloc
Dirección de obra: Claude Parent
Lugar: Carboneras, Almería
Construcción: 1962–1963
Tipología: escultura habitable / vivienda experimental
Materiales: piedra molinera, mortero de cal y arena, cemento y guijarros de basalto local
Contexto: desarrollo a escala doméstica de las investigaciones de Bloc sobre las esculturas habitables de Meudon
