Hay casas que encierran más historia que cualquier enciclopedia, construcciones imponentes no solo por su arquitectura, sino por las vidas que han pasado por ellas. Así es la Casa Bengala en Tigre, una localidad a las afueras de Buenos Aires, puerta de entrada a los humedales del delta del río Paraná. Su fascinante historia comienza a escribirse a principios de los años 80.
El célebre artista uruguayo Carlos Páez Vilaró (1923-2014), conocido por su obra vibrante inspirada en la cultura afro-uruguaya, paseaba por las arboladas calles de Tigre junto a su esposa, Annette Deussen, cuando se encontró con un terreno que albergaba una antigua residencia de madera de estilo colonial británico. La propiedad estaba en ruinas, pero desprendía un aura mágica que lo cautivó.
En el interior predominan formas cóncavas, sinuosas y laberínticas, con escasos elementos rectos. Destaca la chimenea, flanqueada por un busto primitivo y una escultura, con un imponente relieve de bronce de Páez Vilaró que representa a un pez cortando el agua.
Casa Bengala, hermana pequeña de Casapueblo, Uruguay
Tardó poco en hacerse con el inmueble, que poco a poco fue reformando con mucho mimo y que, posteriormente, destinaría a ser su estudio en Argentina. Una vez terminadas las obras, Páez Vilaró decidió construir, en el mismo terreno, Casa Bengala, la hermana pequeña de la famosa Casapueblo: un imponente edificio –hoy hotel y museo– que el propio artista proyectó en 1958 sobre los acantilados de Punta Ballena, en Uruguay. Su objetivo era hacer de Bengala una auténtica escultura habitable. Y lo logró.
La casa es un refugio para piezas y obras de arte provenientes de África, uno de los continentes que más inspiraron el arte de Páez Vilaró, así como de las islas Polinesias y Europa.
El pasamanos de la escalera destaca como una de las pocas líneas rectas en Casa Bengala.
La terraza, diseñada para asemejarse a la proa de un barco, ofrece vistas de la naturaleza de Tigre. Las formas puntiagudas y alargadas predominan en todos los rincones.
Un nido escultórico
Con la ayuda de su amigo, el arquitecto Gustavo Porta, diseñó una casa de tres pisos con fachada blanca y cúpulas con picos. En ella todo es cóncavo y con formas sinuosas. Se trata de una singular estructura laberíntica y ecléctica con inspiraciones surrealistas que, desde luego, recuerdan a una construcción de Gaudí o de las islas griegas.
“Además de levantarse con ladrillos y materiales convencionales para garantizar su estabilidad, se integraron piezas rescatadas de demoliciones: ventanas, postes, puertas, vidrios, traviesas de ferrocarril, fragmentos de locomotoras, cerámicas y cadenas, muchas de ellas obtenidas mediante el trueque de sus cuadros”, explica a MANERA María Dezuliani, directora ejecutiva del Museo Taller de Casapueblo, y curadora de su obra.
En su interior alberga valiosas piezas y decoraciones procedentes de sus viajes a Europa, África y la Polinesia, pinturas y esculturas realizadas por el mismo Carlos Páez Vilaró (curiosamente, padre de Carlos Páez Rodríguez, uno de los sobrevivientes del accidente aéreo de los Andes de 1972), además de libros y recuerdos familiares. Más que una casa, Bengala es un universo artístico, un puente entre orillas, una conexión entrañable entre ambos lados del Río de la Plata.
Dormitorio principal, sobre la cama de la pareja, destaca un desnudo de Annette Deussen realizado por su esposo. Varias de las obras de Páez Vilaró exhiben influencias de Picasso, a quien conoció y con quien forjó una amistad durante un viaje a Europa.