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Arquitectura

Esta casa en Madrid con forma de hexágonos se construyó en los años 70: ahora es un espectacular refugio familiar

En Casa Hexa, a las afueras de Madrid, Álvarez Sotelo Arquitectos han conseguido adaptar una arquitectura compleja producto del racionalismo de los 70 a una vida familiar moderna en un ejercicio de respeto en que lo prosaico y lo artístico se mezclan para sacar lo mejor de la vivienda.

El interior de una casa con forma de hexágono en Madrid.
La estructura en forma de hexágono se mantiene, y en el interior se han eliminado tabiques innecesarios para liberar el espacio.

Borja Lamana y su familia querían una casa diáfana, abierta, que reflejase su vida y la de su familia: una vida flexible, de entrar y salir, de cocinar charlando, de voces alegres que cruzan estancias. El destino, sin embargo, no quiso ponérselo demasiado fácil e hizo que se enamorasen de una casa racionalista construida en los 70 en Boadilla del Monte a partir de una concatenación de hexágonos. 

No era, claro, el mejor punto de partida para una planta abierta. Por suerte, estaban “los Jorges”, el apelativo con el que Borja se refiere a los arquitectos Jorge Álvarez y Jorge Sotelo, fundadores del estudio Álvarez Sotelo Arquitectos. «El reto que nos planteó Borja era conseguir una vivienda diáfana respetando la arquitectura racionalista, y nos gustó porque nuestro modo de actuar habla mucho de respeto», cuentan a MANERA. 

El exterior de Casa Hexa, construida en los 70 como una escultura en medio del paisaje.

La filosofía racionalista traída al presente

Se encontraron una vivienda horizontal que hablaba de la historia de la arquitectura, de cómo se construía entonces bajo la guía de arquitectos como Fisac o Alejandro de la Sota. Los volúmenes, interpretados como esculturas en el paisaje, fundidos con él gracias a su construcción a distintas cotas, que hace que las perspectivas y visuales cambien a medida que se recorre la parcela. Todo esto lo mantuvieron. 

«Reinterpretamos la geometría hexagonal desde el presente. Rompimos los tabiques innecesarios, los que no eran estructurales, e intentamos que esa concatenación de los hexágonos se expresase con mayor profundidad creando diagonales visuales desde la cocina hacia el salón, desde el salón hacia el office…», explican. 

La entrada es una caja de madera que hace las veces de ropero: una estancia pensada para recibir.
El interior está dibujado a partir de la diagonal visual. Las perspectivas conectan las estancias y las encadenan en un recorrido continuo.

Recovecos que dan forma a la rutina de sus dueños

En la fachada, sustituyeron el cemento existente por piedra en un guiño a ese concepto de escultura en el paisaje, y el acto de tallar acabó siendo el hilo conductor de toda la vivienda. Así, el interior está moldeado a medida para la vida de Borja, María y sus hijos. Querían un lugar para recibir, un salón de lectura… «Para ello, creamos una serie de ‘cajas mágicas’ dentro de la casa, de pequeños rincones insertados en la estructura hexagonal», detallan los arquitectos. Una zona de estar planteada como un mirador hacia el paisaje. El comedor y la cocina con un office y una despensa escondidos en los ángulos del hexágono. Los dormitorios, que aparecen al cruzar la escalera.

Una sala de lectura forrada en madera: el sueño de una noche de otoño.
Y un comedor que recorre uno de los ángulos de la estructura hexagonal y se conecta con la cocina.

Durante todo el proyecto, mantenían en la cabeza una pregunta: ¿Qué haría un arquitecto racionalista si tuviese 40 años menos y se enfrentase a esta casa hoy? Así aparecieron la madera de nogal, el ladrillo, la piedra caliza o el trabajo de iluminación, que ayuda a entender cada uno de los volúmenes.  También el jardín, ahora dispuesto en plataformas de modo que la casa, vista desde abajo, se percibe todavía más como una escultura instalada en el paisaje.

Piezas que fueron llegando con la vida

El recorrido por los espacios concatenados del interior invita a ir descubriéndola poco a poco, a encontrarse con una colección muy personal, construida a lo largo de una vida, de piezas de mobiliario y de arte. «Hemos ido coleccionando piezas en las viviendas que hemos tenido. Algunas vienen de una casa brutalista que teníamos en Marbella y donde mi mujer y yo nos casamos, así que tenían un significado muy especial. Cuando nos enfrentamos a esta nueva casa, sabíamos perfectamente donde iba a ir cada una de ellas», explica Borja.

El arte y el diseño coleccionados durante una vida también supieron adaptarse a la nueva arquitectura.
La cocina. «A pesar de ser una casa grande, es cómoda de vivir. Las cosas están a mano», afirma Borja.
Otro de esos rincones que dan forma a su rutina, con piezas de mobiliario que han ido acumulando durante toda su vida.

Una lección de respeto y adaptación

Así, una arquitectura desafiante y con historia ha acabado convertida en el refugio de una familia sin perder ni un ápice de su solera. Al final y al cabo, el racionalismo comenzó cuando una generación de arquitectos se propuso cambiar la manera de entender la casa. La abrieron para que entrase la luz y el aire corriese. Y ahora “los Jorges” han recuperado ese legado. El mismo Borja lo constata día a día, cuando, situado en el centro de la casa, deja vagar su mirada por la profundidad de los espacios y se siente, por fin, en paz. «Es la vivienda de Borja y María», concluyen los arquitectos. «Igual que no hay dos piedras talladas iguales, no podría pertenecer a nadie más». 

Al atravesar la escalera, aparece la zona privada.
El dormitorio principal es un espacio diáfano con vestidor y cabinas del baño.
Ahora el jardín se dispone en terrazas, potenciando la diferencia de cotas y, con ello, el camuflaje de la casa entre el paisaje.
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