El término art déco designa hoy un estilo reconocible en interiores, pero su origen remite a un momento muy preciso de la historia cultural europea. Su consolidación se sitúa en 1925, con la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes celebrada en París. Aquel evento reunió a arquitectos, diseñadores y artesanos que trabajaban en una nueva estética vinculada al lujo, la modernidad y la producción industrial de alta calidad. El nombre del movimiento procede precisamente de esa exposición, aunque muchas de sus claves formales ya se habían desarrollado en la década anterior.
De Francia a Nueva York: un reflejo de la industrialización
Francia desempeñó un papel central en su formulación, con figuras como Jacques-Émile Ruhlmann, uno de los grandes nombres del mobiliario del periodo, junto a arquitectos y diseñadores activos en la escena francesa de entreguerras como Robert Mallet-Stevens. Sin embargo, el lenguaje del art déco se expandió con rapidez hacia otros contextos, especialmente Estados Unidos, donde adquirió una dimensión monumental en la arquitectura de rascacielos y edificios públicos. Nueva York se convirtió en uno de sus principales escenarios, con ejemplos como el Chrysler Building o el Rockefeller Center, que trasladaron los códigos decorativos a la escala urbana.

El art déco surge en un contexto de transformación tecnológica y social. La electrificación, el desarrollo del transporte y la aparición de nuevos materiales industriales influyen de manera directa en su estética. Frente a las formas orgánicas y sinuosas del art nouveau, que había dominado el cambio de siglo, el nuevo lenguaje introduce geometrías más definidas, composiciones simétricas y un interés por la repetición rítmica. La línea recta, el zigzag, el escalonamiento y las formas aerodinámicas se convierten en recursos habituales.
Materiales y acabados sofisticados
En el ámbito del interiorismo, estas ideas se traducen en espacios donde la decoración se integra con la arquitectura y el mobiliario. En los interiores art déco, cada pieza de las composiciones participan dentro de una lógica visual compartida. El uso de materiales refleja esa búsqueda de sofisticación: maderas exóticas como el palisandro o el ébano, lacas de alto brillo, metales pulidos, vidrio, espejos y, en determinados casos, materiales como el marfil o la piel. La combinación de superficies reflectantes y acabados pulidos responde a una voluntad de enfatizar la luz eléctrica, que en esos años se incorpora de forma generalizada a los espacios domésticos y públicos.

El color también desempeña un papel relevante. Las paletas suelen incluir tonos intensos y contrastados, como negro, dorado, verde esmeralda o azul profundo, a menudo combinados con superficies metálicas. En otros casos, especialmente en versiones más tardías o americanas, aparecen gamas más claras acompañadas de detalles cromados. No existe una única combinación cromática, pero sí una preferencia por contrastes definidos y acabados que potencian la percepción de lujo.

El mobiliario art déco introduce formas compactas y perfiles geométricos. Las piezas diseñadas por Ruhlmann, por ejemplo, muestran volúmenes rotundos y una gran precisión en los detalles constructivos. En paralelo, diseñadores como Jean Dunand desarrollaron técnicas de lacado que aportaron nuevas posibilidades al acabado de superficies. La integración de artes decorativas como ebanistería, marquetería, metalistería, resulta fundamental para entender la riqueza material de estos interiores.


Una dimensión urbana e internacional
En Estados Unidos, el estilo adopta una dimensión más vinculada a la cultura de masas y al entretenimiento. Nueva York concentra algunos de sus ejemplos más conocidos, con interiores como el Radio City Music Hall, espacios públicos integrados en el Rockefeller Center e incluso algunos apartamentos del Upper East Side neoyorquino mantienen todavía elementos originales de esta estética.
A esta escala se suman otros focos relevantes como Chicago, donde el Carbide & Carbon Building o el Chicago Board of Trade trasladan el lenguaje art déco a edificios corporativos, y Miami Beach, cuyo distrito de South Beach conserva una de las mayores concentraciones de arquitectura y diseño interior art déco de los años treinta. En estos contextos, el estilo incorpora motivos inspirados en la velocidad, la maquinaria o la iconografía egipcia tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922.


En el ámbito residencial de ciudades europeas, el art déco se manifiesta en apartamentos urbanos de alto nivel. París conserva ejemplos vinculados a interiores privados de las décadas de 1920 y 1930, hoy parcialmente documentados en colecciones del Musée des Arts Décoratifs. Bruselas ofrece casos donde se percibe la transición entre el art nouveau y el art déco en edificios residenciales, mientras que en Londres y Viena el estilo se integró en viviendas burguesas adaptadas a nuevas formas de vida urbana.

No ha llegado a desaparecer del todo
El declive del art déco se produce progresivamente tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el racionalismo y el movimiento moderno imponen otros criterios formales y constructivos. Sin embargo, su influencia no desaparece. Muchos de sus recursos formales permanecen en el diseño gráfico, la moda y el interiorismo, y a finales del siglo XX se produce una revalorización del estilo, tanto desde el ámbito académico como desde la cultura visual.

En el interiorismo contemporáneo, el art déco se reinterpreta con frecuencia en hoteles, restaurantes y viviendas que recuperan materiales como el latón, el mármol o el terciopelo, junto a geometrías repetitivas. Estas referencias se integran en proyectos actuales mediante técnicas y soluciones constructivas contemporáneas. Su presencia sigue siendo especialmente visible en ciudades donde el legado construido permanece activo. Por ejemplo Mumbai, cuyo frente marítimo en Marine Drive alberga uno de los mayores conjuntos art déco del mundo, o Shanghái, donde edificios como el Park Hotel o el Cathay Theatre reflejan la expansión del estilo en Asia durante los años treinta.
La vigencia del art déco en el interiorismo actual responde en parte a su capacidad para combinar artesanía e industria, ornamentación y estructura. Sus recursos formales resultan fácilmente identificables y permiten construir espacios con una fuerte identidad visual. Esa claridad formal, unida a la riqueza material, explica su presencia continuada en proyectos contemporáneos, tanto en reinterpretaciones fieles como en versiones más libres que incorporan solo algunos de sus códigos.


