Corría el año 1930 y William Haines era el número uno de la taquilla estadounidense. Guapo, descarado y estrella de la MGM, parecía tener Hollywood a sus pies. También tenía una casa que había reformado a su gusto, una creciente afición por las antigüedades y un novio, Jimmie Shields, con quien compartía abiertamente su vida. Lo último acabaría resultando bastante más problemático para el estudio que lo primero, porque cuando MGM quiso imponerle un matrimonio de conveniencia para proteger su imagen, Haines se negó y pocos años después su carrera cinematográfica había terminado. Para entonces ya había empezado a decorar para amigos y conocidos, así que convirtió aquella afición en una segunda profesión. Joan Crawford estuvo entre sus primeras clientas, después llegarían Carole Lombard o Gloria Swanson.

Sus interiores ayudan a rastrear una de las principales raíces de lo que hoy llamamos glam, aunque entonces nadie utilizara esa palabra para definir un estilo decorativo. Haines mezclaba muebles contemporáneos con antigüedades y diseñaba piezas ad hoc para una sociedad que pasaba buena parte de su vida recibiendo invitados. Sus famosas hostess chairs, bajas y pensadas para conversar cómodamente, terminaron formando parte de aquel nuevo Hollywood doméstico. Betsy Bloomingdale, amiga y clienta del diseñador, recordaba que Haines hacía sus muebles bajos “para que quienes destacaran fueran las personas”.

El glamour de Hollywood llevado a casa
Años después, aquellos interiores acabarían asociados a lo que conocemos como Hollywood Regency. Era una estética nacida alrededor de la edad dorada del cine estadounidense y alimentada por los decorados que el público veía en la pantalla. El art déco había proporcionado ya un repertorio extraordinario para representar la modernidad y el lujo. Mientras, en el París de los años veinte, Émile-Jacques Ruhlmann trabajaba con maderas exóticas y superficies exquisitamente acabadas. Otros diseñadores recurrían al lacado y a materiales preciosos, y durante la década siguiente entrarían con fuerza el acero cromado y el espejo.
Lo que Hollywood hizo fue tomar parte de aquel vocabulario y hacerlo más escénico. Los interiores podían reunir muebles de distintas épocas, superficies reflectantes o textiles fastuosos, pero sin la disciplina geométrica que identificaba a buena parte del art déco. Se podría decir que el éste fue un movimiento histórico con una identidad reconocible mientras que Hollywood Regency fue más ecléctico y estuvo íntimamente ligado a la construcción cinematográfica del glamour.

Y mientras Haines decoraba las casas de las estrellas, Dorothy Draper una de las pioneras del interiorismo profesional estadounidense, desarrollaba una manera de decorar mucho más atrevida. En 1925 creó Architectural Clearing House, antecedente de Dorothy Draper & Company, y contribuyó a profesionalizar la decoración de interiores en Estados Unidos. También acuñó su propio estilo: «barroco moderno».
No existía en su vocabulario la palabra timidez. Abogaba por colores intensos y combinaciones audaces, grandes motivos florales, molduras elaboradas, mobiliario rotundo, contrastes marcados y detalles arquitectónicos sobredimensionados. En el Greenbrier Hotel de Virginia Occidental convirtió la decoración en parte inseparable de la experiencia de entrar en el edificio.

Entonces, ¿qué es exactamente el estilo glam?
A partir de aquí la historia se vuelve menos ordenada. El glam que hoy encontramos en las revistas de interiorismo no constituye un movimiento histórico con manifiesto, fundador o fecha de nacimiento. Es una etiqueta contemporánea bajo la que han terminado reuniéndose recursos procedentes de tradiciones anteriores asociadas al lujo y a la teatralidad. Hollywood Regency pesa mucho en esa herencia y el art déco aporta otra parte importante.
Por eso un interior glam puede incorporar un sofá de terciopelo junto a una mesa de espejo sin convertirse automáticamente en Hollywood Regency, o puede utilizar latón y motivos geométricos sin transformarse por ello en art déco. Lo que los relaciona está más en el efecto buscado que en la obediencia a un repertorio histórico: son interiores que aceptan abiertamente que la decoración también puede seducir.

Probablemente esa sea la razón que explica por qué el glam ha sobrevivido bastante bien a los sucesivos anuncios de la muerte de la decoración. Frente a una pared desnuda, permite colocar un espejo enorme; frente a una superficie mate, acepta otra capaz de reflejar la luz. El terciopelo funciona especialmente bien porque modifica su aspecto según cómo recibe esa luz. Los metales pulidos introducen reflejos con cantidades relativamente pequeñas de material. No hace falta que todo brille. De hecho, cuando todo intenta convertirse en protagonista, el resultado se acerca peligrosamente al decorado.

Cómo llevar el glam a casa sin mudarse a Beverly Hills
William Haines ya dio muchas pistas, y no iban de comprar cinco objetos dorados, no. Sus muebles estaban pensados alrededor de la gente que iba a utilizarlos. Ese principio permite incorporar glam a una casa contemporánea empezando por una pieza con suficiente presencia para cambiar una habitación: un sofá tapizado en terciopelo puede hacerlo, igual que una gran lámpara. Alrededor, los elementos más discretos dejan espacio para que esa pieza funcione.
Los espejos tienen una ventaja adicional porque pertenecen históricamente a este vocabulario y al mismo tiempo modifican la percepción de una estancia. Una mesa auxiliar espejada o una superficie de cristal puede introducir el brillo sin convertir cada acabado en reflectante. Con los metales ocurre algo parecido, el latón y el cromo funcionan mejor cuando aparecen vinculados a piezas concretas que cuando colonizan patas, tiradores, lámparas y cualquier objeto que se cruce por el camino.

El color tampoco obliga a vivir entre negro y dorado. Dorothy Draper utilizó combinaciones mucho más atrevidas y William Haines llegó a hacer un salón completamente blanco para Joan Crawford antes de recurrir a colores intensos en la casa de Carole Lombard. El glam contemporáneo puede trabajar con tonos claros si la riqueza aparece en las texturas; también admite colores profundos cuando la habitación tiene luz suficiente para sostenerlos.


El glam reinterpretado incluso en clave musical
A comienzos de este siglo, Kelly Wearstler volvió a demostrar cuánto recorrido conservaba aquella herencia californiana. En el Viceroy Santa Monica, terminado en 2002, reinterpretó Hollywood Regency con paredes de espejo y suelos de damero, llevando una estética asociada al viejo Hollywood a una nueva generación de hoteles. Su trabajo posterior se alejaría de una interpretación tan literal, pero aquella etapa contribuyó a devolver al primer plano unos interiores que habían perdido cualquier complejo ante la decoración.

Y a estas alturas más de uno se estará preguntando cómo es posible que no hayamos hablado todavía de David Bowie, el para muchos indiscutible rey del glam rock. Durante su etapa glam, Bowie entendió como pocos el poder de construir una imagen y con Ziggy Stardust convirtió el vestuario y el maquillaje en parte de una identidad deliberadamente teatral. El Victoria & Albert Museum conserva hoy buena parte del material con el que fue construyendo aquellas sucesivas apariencias. Y aunque el glam rock y el interiorismo glam no comparten una genealogía, sí se puede relacionar esa voluntad de hacer de la apariencia parte del espectáculo. Así que, si después de un espejo generoso y algo de terciopelo todavía queda una pared libre, siempre podemos reservársela a Bowie.
