Cuando el Mediterráneo se convirtió en tendencia, la fama redujo su esencia a una paleta muy concreta: blanco roto, madera clara, texturas minerales, luz tamizada y arcos, muchos arcos. Una imagen reconocible, reproducible y —sobre todo— exportable. Lo suficientemente eficaz como para instalarse en Madrid, Berlín o Ciudad de México sin esfuerzo. Lo suficientemente atractiva como para colonizar portadas, hoteles boutique y promociones inmobiliarias enteras.
Para entender qué está pasando ahora con ese imaginario (y hacia dónde se dirige) hemos hablado con dos estudios que, desde posiciones distintas, llevan tiempo trabajando con (y contra) esa idea de lo mediterráneo.
Por un lado, Santa Living, el proyecto impulsado por César Carboso y Josep Vicens, especializados en el universo textil y en la construcción de atmósferas a partir de materiales y capas sensoriales. Por otro, Moredesign, el estudio con sede en Mallorca cuya práctica se mueve entre la arquitectura, el interiorismo y una reflexión constante sobre la autenticidad de los lenguajes constructivos. Ambos comparten algo fundamental: conocen el Mediterráneo más allá de la imagen y lo trabajan desde dentro.


El Mediterráneo como escenario
No es exactamente un agotamiento —nadie se cansa del Mediterráneo, como nadie se cansa de una camisa blanca bien cortada—, sino una mutación. Un desplazamiento silencioso que tiene menos que ver con los materiales y más con la intención. Porque lo que está en crisis no es el arco, ni la cal, ni siquiera el microcemento. Es la manera en la que se han convertido en fórmula.
“En cierto modo se ha convertido en el ‘kit de supervivencia’ de muchos estudios de interiorismo: una fórmula rápida, eficaz y fácil de aplicar, que funciona sin necesidad de un gran discurso detrás”, explican desde Santa Living. La cuestión no es tanto la validez de esos recursos —que la tienen— como el uso automático.
En ese mismo sentido, advierten de un problema que ya empieza a ser estructural: “Cuando la arquitectura o el interiorismo se limitan a acumular recursos formales sin un relato que los sostenga, el resultado puede quedarse sin esencia: seduce a primera vista, incluso vende, pero no termina de transmitir”. Existe una necesidad de discurso, de contexto y de intención.

La homogeneización que el algoritmo aplaude
Ese desplazamiento hacia lo superficial tiene que ver con la circulación masiva de imágenes y con la consolidación de un lenguaje global que ha simplificado el Mediterráneo. Moredesign sitúa el foco precisamente ahí: “Creo que se ha uniformizado muchísimo la paleta de soluciones en los últimos años. Tiene mucho que ver el uso de las redes, y con ellas la consagración de un nuevo ‘estilo mediterráneo’”. Lo que antes era una respuesta específica a un lugar, a un clima y a unos recursos concretos, ahora funciona como una estética replicable casi en cualquier contexto, con independencia de su coherencia.
En ese proceso, muchos elementos han cambiado de naturaleza. Desde el estudio insisten en ello con un ejemplo: “Los arcos son una solución que lleva usándose desde tiempos romanos, es una solución estructural, pero ahora se usa también como algo estético”. Esa transformación —de lo constructivo a lo decorativo— es clave para entender por qué el Mediterráneo contemporáneo, en muchas ocasiones, se percibe más como escenografía que como arquitectura.


Entre el cliché y el clásico
Sin embargo, criticar simplemente al cliché sería simplificar demasiado el problema. Moredesign desplaza el debate hacia otro terreno: “El cliché es el original y el original proviene del origen. Una puesta de sol se podría considerar un cliché, unos vaqueros y camiseta blanca nunca se pasan de moda, son clásicos”. Lo que plantea es que ciertos códigos no desaparecen porque forman parte de un imaginario profundo, arraigado en el lugar. Y añade: “La clave está en su ejecución, hay maneras de capturar su esencia usando técnicas constructivas y elementos artesanales que trascienden el tiempo y lo efímero”.
El problema, por tanto, no está en los arcos ni en las paredes encaladas, sino en la distancia entre su origen y su aplicación contemporánea. “El diseño clásico de la arquitectura mediterránea está enraizada en principios de un lenguaje de rasgos sencillos, brutos, usando la paleta de materiales del lugar, con pocos recursos y sin muchas complicaciones ni desvíos lejanos. La gentrificación ha hecho del mundo una salsa homogénea difícil de distinguir entre el auténtico y el bastardo”, apuntan desde Moredesign. En esa “salsa homogénea” se condensa buena parte del “problema”.

La mutación ya está en marcha
Esa tensión entre lo local y lo global aparece también en la manera en la que hoy se construye vivienda en entornos mediterráneos donde el contexto ha cambiado radicalmente: “Antes era humilde y cada gesto estaba muy pensado. Hoy en día la arquitectura mediterránea está en gran parte dirigida a una población que la usa ligada al ocio, a las vacaciones, con unos recursos económicos mucho más elevados”, afirman desde Moredesign.
Ese cambio de usuario y de escala ha transformado también la arquitectura, hasta el punto de que, como él mismo señala, “se ha romantizado la imagen de la arquitectura vernácula, con el riesgo de que se convierta en un nuevo escenario”.

Frente a ese escenario, “más que hablar de nuevos elementos concretos, creemos que el futuro del Mediterráneo pasa por reinterpretar los existentes”, explican desde Santa Living. Y en ese ejercicio aparecen recursos que, sin ser nuevos, adquieren una nueva relevancia. “El pavés está volviendo con fuerza y, en clave mediterránea, su traducción más natural serían las celosías. Es un recurso muy interesante porque, además de funcional, tiene un carácter muy escultórico: filtra la luz, separa espacios y aporta personalidad sin necesidad de recurrir a fórmulas más evidentes como los arcos o las paredes blancas”, señalan.
Lo significativo no es tanto el material como la actitud que hay detrás de su uso. Santa Living insiste: “El interiorismo está en un momento bastante experimental, donde se prueban nuevos materiales y aplicaciones. Seguramente veremos celosías hechas con materiales inesperados, incluso versiones más ligeras o textiles”. No hay un nuevo canon, sino una apertura de posibilidades que desplaza el foco desde la repetición hacia la interpretación.


De la fórmula al relato
En paralelo, empiezan a ganar peso factores que durante años han quedado en un segundo plano dentro de la conversación la regulación del suelo, el impacto energético o la sostenibilidad de los procesos constructivos están condicionando cada vez más las decisiones. “Hay un gran debate en las islas de si se debería prohibir la construcción en suelo rústico o solo permitir la rehabilitación. Si se permite construir, se quiere limitar el tamaño. Cada vez hay más conciencia del gasto energético”, explican desde Moredesign. “La estética de los próximos años va a ir surgiendo de esa misma problemática”.
Entonce, ¿qué debería ser hoy una arquitectura mediterránea contemporánea? Las respuestas de los expertos apuntan más a una posición que a una imagen. Desde Santa Living expresan la necesidad de construir sentido: “La arquitectura mediterránea seguirá siendo un referente, pero debe construir un relato: una respuesta honesta al lugar que habita, donde la tradición se reinterpreta con criterio y los recursos formales dejan de ser fórmula para convertirse en un nuevo legado”.
Lo que se dibuja, en conjunto, no es el final de una estética, sino el fin de su uso automático. El Mediterráneo deja de funcionar como un catálogo de soluciones prefabricadas para volver a ser lo que siempre fue: una forma de responder a un lugar concreto, con sus limitaciones, sus recursos y su cultura.


