Cuando Jan y Barbora Hora, del estudio checo ORA (Original Regional Architecture) junto a Jan Veisser, heredaron la casa familiar de Oblouková 171, en el centro histórico de Žatec, recibieron mucho más que un edificio. Recibieron una construcción vinculada a varias generaciones de la misma familia, una estructura gravemente deteriorada por décadas de abandono y, de paso, una colección de recuerdos.
“Nuestros tatarabuelos se mudaron a Žatec en la década de 1920. Desde entonces, las generaciones sucesivas habitaron la casa hasta la Revolución de Terciopelo, momento en el que esta cayó gradualmente en desuso. Más tarde, unos intentos de renovación realizados sin la cualificación necesaria terminaron en fracaso y causaron más daño que beneficio a la vivienda. La casa llegó a nuestras manos como un regalo inesperado, una herencia sorpresa. Pero nos enamoramos de ella al instante: allí estaba el desván donde el abuelo solía esconder su licor casero detrás de una viga; de allí provenían las historias más remotas de su memoria. No teníamos dinero ni una idea clara de qué hacer a continuación”, cuentan.
Tras la reforma, aquella ruina se ha transformado en una casa que combina apartamentos para huéspedes, una residencia vacacional para sus propietarios y una cervecería-taberna vinculada a la tradición cervecera de una ciudad cuyo paisaje urbano y económico ha estado marcado durante siglos por el cultivo y procesamiento del lúpulo.

Una rehabilitación compleja
El proyecto ocupa una parcela de 282 metros cuadrados en el casco histórico de Žatec, ciudad que recientemente ha sido inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO por su relación con la industria del lúpulo. La rehabilitación, que contó con la colaboración de Ergo Architects, que ya contaban con varias restauraciones históricas en su haber, partía de una situación especialmente compleja, ya que, por ejemplo, la cubierta sufría filtraciones severas, algunos techos amenazaban con desplomarse, parte de la estructura de madera había desaparecido y la podredumbre seca se había extendido por distintas zonas del edificio.
La primera fase consistió en asegurar físicamente la construcción: “Toda la estructura se reforzó mediante tirantes de acero; la bóveda que se había derrumbado fue reconstruida por un maestro albañil experimentado; y el techo colapsado, por donde se filtraba el agua de manera torrencial y donde el cuerpo fructífero local del hongo Serpula lacrymans había crecido lo suficiente como para llenar una sartén entera, fue sustituido por una losa de hormigón”, explican. Entre todas las operaciones, la más exigente fue la recuperación del ático destinado históricamente al secado de lúpulo, una tipología característica de Žatec que conserva huellas de su antiguo uso agrícola. Las marcas visibles en algunas vigas todavía permiten imaginar el sistema empleado para contabilizar la producción almacenada.


Un edificio histórico y recursos limitados
La intervención estuvo condicionada por una cuestión muy concreta: cómo rehabilitar un edificio histórico con recursos limitados sin renunciar a una ejecución rigurosa. La respuesta aparece repartida por toda la casa en forma de materiales recuperados. Durante el tiempo que duró la reforma, arquitectos y propietarios fueron reuniendo puertas, ladrillos, vigas y pavimentos procedentes de demoliciones o edificios abandonados. Muchas de las piezas incorporadas al proyecto llegaron desde distintos puntos del país y encontraron aquí una segunda vida.

“El viejo y deteriorado techo fue reemplazado por otras vigas antiguas, talladas a mano, provenientes de una casa demolida en Vrbovec. Es imposible darse cuenta de que sobre nuestras cabezas se alza una estructura completamente nueva. Nosotros mismos extrajimos las baldosas de mármol rojo de un contenedor de escombros y las transportamos, en pequeños lotes, a lo largo de 400 km en coche. Intercambiamos las baldosas por una caja de cervezas tipo Pilsner”, explican los propietarios. En el acceso principal aparecen baldosas recuperadas de una granja del sur de Bohemia prácticamente idénticas a las originales. El patio se pavimentó con históricas baldosas de Šatov que habían permanecido almacenadas durante décadas.
“La reutilización de materiales, además de ser una práctica ética, supuso también un ahorro considerable. Se trata de materiales de desecho no deseados, que muestran claramente las marcas del uso y del paso del tiempo. Debido a ello, resulta difícil distinguir qué elementos formaban parte de la casa originalmente y cuáles son las nuevas incorporaciones. La casa es un collage, pero uno que no se fundamenta en el contraste”.

Mantener tanto como fuera posible
Las habitaciones situadas en la planta baja muestran con claridad esa actitud. Las bóvedas históricas se mantienen visibles bajo revocos de cal aplicados manualmente, cuyos matices cromáticos enfatizan la geometría existente. En algunas estancias, los muros de piedra aparecen parcialmente descubiertos y conviven con mobiliario contemporáneo diseñado específicamente para el proyecto. Destacan las piezas compactas de color rojo intenso que concentran almacenamiento, equipamiento doméstico y zonas de servicio en volúmenes de gran presencia visual.

La misma lógica aparece en los baños, revestidos con pequeñas baldosas cerámicas de junta muy marcada que generan superficies continuas adaptadas a la compleja geometría de las bóvedas. Los elementos contemporáneos no buscan reproducir formas históricas, aunque tampoco establecen una ruptura radical con ellas. Las nuevas puertas cortafuegos, realizadas en fresno macizo, responden a exigencias normativas actuales y fueron diseñadas expresamente para integrarse en el edificio.

Buscando el desgaste
En las plantas superiores, la rehabilitación adquiere otro carácter. Allí sobreviven algunos de los elementos más valiosos de la casa, especialmente los pavimentos de madera originales. El desgaste acumulado durante generaciones ha alterado profundamente la superficie de los tablones. Los nudos sobresalen, las tablas presentan deformaciones y el suelo dibuja ondulaciones perceptibles a simple vista. ORA decidió conservar esas irregularidades y añadir una nueva capa de lectura mediante patrones geométricos pintados con aceite de linaza sobre la propia madera. “La experiencia más gratificante consiste en recorrerlos descalzo y permitir que este material ancestral ejerza su magia sobre los pies. Nosotros mismos lijamos los suelos a mano, pero también quisimos aplicar una capa destinada a desgastarse con el tiempo”.

La fachada principal planteó uno de los mayores retos de la intervención. Durante los años noventa había perdido toda su ornamentación y el estudio apenas encontraba imágenes que permitieran reconstruir su aspecto original. Finalmente localizaron una fotografía parcial donde todavía podían identificarse las cornisas y las molduras sobre las ventanas del piso superior. A partir de ese hallazgo, recuperaron algunos de esos elementos mediante un lenguaje más depurado y contemporáneo, evitando una reconstrucción literal de la fachada histórica.


También una cervecería artesanal
El programa de usos terminó siendo tan importante como la propia rehabilitación. Mantener una construcción de estas dimensiones exigía incorporar actividad permanente. “Perdonen el tópico, pero ¿qué podría encajar mejor en este lugar que un bar de cerveza artesanal, cuando la reputación de toda la ciudad se sustenta, precisamente, en el lúpulo? Por eso contactamos al maestro cervecero de la Falkon Flying Brewery y logramos entusiasmarlo con la idea del nuevo bar.
El bar y su interior constituyen una parte integral de la casa. La sala de degustación armoniza a la perfección con el concepto de renovación del edificio. La calidad de la cerveza artesanal y la forma en que se sirve están a la altura de la atmósfera que emana la casa”. Muros de piedra, bóvedas restauradas y pavimentos recuperados forman el telón de fondo de un interior contemporáneo en el que aparecen mesas de madera con soportes metálicos rojos, luminarias de gran formato y piezas textiles diseñadas por Masopust.

A lo largo de los años que duró la obra, la casa actuó también como laboratorio para los propios arquitectos. Muchas decisiones se revisaron varias veces, algunas soluciones surgieron durante la construcción y numerosos oficios tuvieron que adaptarse a procesos poco habituales en una rehabilitación contemporánea, y el resultado conserva esa condición experimental. “La casa ofrece también alojamiento para viajeros y visitantes en varios apartamentos, al tiempo que nosotros mismos la utilizamos como residencia vacacional. Al fin y al cabo, ¿qué más necesita una persona que una cerveza y una manta?”
