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Interiorismo

Una casa pensada para mirar Madrid de otra manera

Ponzano ha cambiado mucho en los últimos años, pero sigue conservando una virtud muy madrileña: la vida sucede también desde la ventana. Esa idea se convierte en el punto de partida de esta vivienda, donde arquitectura e interiorismo trabajan para conectar la casa con la calle.

Lo de Madrid y su relación particular con sus ventanas es algo que viene de lejos. Basta pensar en las pinturas de Antonio López o en la manera en que muchas viviendas de Chamberí convierten la calle en una prolongación natural del salón. En una ciudad tan densa, mirar hacia fuera también forma parte de habitar. Ese principio, más cercano a una actitud que a una solución formal, es el que estructura el último proyecto de De la Villa Studio, fundado por Alberto Espejo, Miguel Otero y Juan Esteve.

La vivienda de 122 metros cuadrados ocupa un edificio residencial de entre los años sesenta y setenta en plena calle Ponzano, una vía que ha sabido reinventarse sin perder del todo su condición de barrio. A los comercios tradicionales se han sumado restaurantes y nuevos espacios de encuentro, pero sigue existiendo una relación muy directa entre las casas y la calle. Cuando el estudio llegó al proyecto, el piso ya estaba completamente demolido.

Aquella circunstancia permitió leer con claridad las posibilidades de la planta, la orientación, la altura disponible y, sobre todo, el potencial que escondían las fachadas y el cruce de calles que se abría frente a ellas.

Los propietarios, una pareja joven, tenían una petición muy concreta. Querían una casa cálida, con personalidad, donde fuera posible trabajar, recibir amigos o descansar sin que cada actividad pareciera pertenecer a un espacio distinto. También buscaban alejarse de esa estética excesivamente perfecta que muchas reformas transmiten durante sus primeros meses de vida. Como explican desde De la Villa Studio, “la intención era crear una vivienda limpia pero no fría; una casa recién reformada que, sin embargo, pareciera preparada para ser habitada desde siempre”. El proyecto debía dejar margen para que los objetos personales, los libros o las piezas adquiridas con el tiempo terminaran de completar la historia de la casa.

La embocadura de piedra caliza convierte el recibidor en una primera escena desde la que la mirada ya alcanza la fachada exterior.

La amplitud empieza mucho antes que el salón

Nos gusta especialmente que el gran protagonista de esta reforma no sea algo intangible, la dirección de la mirada. Frente a la tendencia de identificar amplitud con plantas completamente diáfanas, De la Villa Studio plantea otra estrategia basada en las perspectivas, las conexiones visuales y la profundidad.

“Nos interesaba que, desde distintos puntos de la vivienda, se percibieran amplitud, continuidad y profundidad. Que acciones cotidianas como trabajar, comer, descansar, mirar hacia la calle o atravesar un pasillo estuvieran acompañadas por una sensación espacial más generosa”, explican los arquitectos. Esa idea está presente en toda la vivienda y termina convirtiéndose en el auténtico hilo conductor del proyecto.

La entrada funciona como una primera escena. Y qué escena. Un amplio recibidor dirige la mirada hacia la fachada exterior mediante una gran embocadura de piedra caliza que actúa como marco arquitectónico. Antes incluso de llegar al salón ya aparecen el escritorio suspendido, la luz natural y la ciudad como telón de fondo.

El salón se abre hacia la calle mediante un gran ventanal que integra la ciudad como una parte más de la vivienda.

La piedra reaparece en distintos momentos de la vivienda, aunque siempre con un papel contenido. Está presente en la isla de la cocina, en la hornacina de la ducha o en algunos encuentros entre estancias, nunca como un simple revestimiento, sino como un material capaz de ordenar el espacio.

El gesto que más llama la atención del salón es el escritorio volado que recorre todo el ventanal. El auge del trabajo híbrido ha llenado muchas casas de soluciones improvisadas; aquí sucede lo contrario. El lugar destinado a trabajar ocupa el punto más privilegiado de la casa, aprovechando las vistas durante toda la jornada.

El escritorio volado recorre toda la fachada y sitúa la zona de trabajo en el lugar con mejores vistas de la casa.
La tarima de roble colocada a junta perdida aporta continuidad a prácticamente toda la vivienda.

La misma lógica aparece en el dormitorio de invitados. Una puerta pivotante completamente integrada en el revestimiento permite que la estancia forme parte visualmente del salón cuando permanece abierta y recupere su independencia cuando hace falta. “Los espacios se comunican visualmente y se prestan metros entre sí, aunque puedan cerrarse o funcionar de manera independiente cuando es necesario. La amplitud no depende solo de eliminar tabiques, sino de decidir qué visuales liberar y hacia dónde dirigirlas”, resumen desde el estudio.

El comedor prolonga esa estrategia gracias a un gran ventanal que conecta directamente con la terraza. Cuando permanece abierto, ambos espacios funcionan como uno solo; cuando se cierra, el exterior sigue actuando como un fondo visual. Desde ese mismo punto también es posible leer el ancho completo de la vivienda gracias a un vestidor abierto que conduce la mirada hasta un banco y una ventana situada en el patio interior. El resultado es una ventilación cruzada natural y esa sensación de continuidad tan difícil de conseguir en una planta de estas características.

Desde el comedor, el vestidor abierto permite leer el ancho completo de la vivienda y favorece la ventilación cruzada.
La puerta pivotante queda completamente integrada en el revestimiento para desaparecer cuando permanece abierta.

Una casa tranquila también necesita carácter

Las paletas neutras dominan buena parte del interiorismo contemporáneo, aunque no siempre consiguen escapar de una sensación extraña de anonimato. De la Villa Studio aborda esa cuestión desde la materia. “Intentamos que la neutralidad no sea una ausencia, sino una base con profundidad”, explican.

La inspiración procede de una lectura contemporánea de la vivienda mediterránea de los años setenta. “Casas donde la luz se filtraba a través de venecianas, huecos horizontales y paños altos de vidrio, y donde la madera y el ladrillo aportaban calidez”, recuerdan.

La combinación de materiales incluye piedra natural, roble y textiles para construir una atmósfera serena.
La suite principal combina dormitorio, vestidor y baño en un espacio flexible.

Los arquitectos tienen además una visión bastante clara sobre cómo evitar que un interior sereno termine resultando impersonal: “No se trata de llenar por llenar, pero tampoco de vaciar hasta que la casa pierda alma. Una piedra con veta, una madera cálida, un tejido con peso, una pieza de arte o un objeto inesperado pueden cambiar por completo la lectura de una estancia. Lo importante es que el espacio tenga criterio y deje margen para la vida.”

Ese planteamiento se refleja también en la selección de materiales. La tarima de roble colocada a junta perdida acompaña prácticamente toda la vivienda, mientras que en los baños aparece un despiece específico de piedra crema Marfil diseñado por el estudio.

La materialidad del baño dialoga con el resto de la casa mediante una paleta cálida donde la piedra se convierte en la auténtica protagonista.
 En los baños, el pavimento cambia a un despiece de piedra crema Marfil diseñado específicamente para el proyecto.

La isla que cuestiona la isla convencional

Pocas piezas son tan solicitadas en las reformas actuales como la isla de cocina. En esta vivienda, sin embargo, De la Villa Studio decidió replantear sus proporciones habituales. Más estrecha de lo normal y resuelta en dos alturas, permite cocinar, servir, conversar o desayunar sin levantar una barrera visual entre cocina y comedor.

A su alrededor, salón, comedor y cocina forman una única estancia abierta donde cada ambiente conserva su identidad gracias al mobiliario, la iluminación y los elementos diseñados a medida.

La cocina se integra en la zona de día sin perder personalidad gracias a la disposición del mobiliario y los materiales.

Algo parecido sucede en la terraza. En lugar de ocultar los muros y el techo originales de ladrillo, el estudio decidió trabajar con ellos. Un suelo de barro, un banco de obra, vegetación e iluminación decorativa construyen una atmósfera de tonos terracota que parece pertenecer al edificio desde hace décadas. “A veces el proyecto consiste precisamente en eso: escuchar lo existente y llevarlo un poco más lejos”, afirman.

Estamos ante una casa preparada para resistir el paso del tiempo. Como resume De la Villa Studio, “una casa no debería parecer terminada el día de la sesión de fotos, sino preparada para seguir creciendo con quienes la habitan”.

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