La idea de “lo mediterráneo” en arquitectura nunca ha sido un estilo cerrado, más bien una forma de construir a partir del clima, de los materiales disponibles, de la relación con la naturaleza y con la luz. En la zona que va de la Península Ibérica a Grecia, pasando por el sur de Francia o Italia, esa tradición ha generado soluciones que comparten una misma lógica: muros que filtran el calor, superficies que reflejan la radiación solar, materiales que envejecen con dignidad y una cierta economía de medios, buscando siempre el menor impacto.
Esa manera de hacer, ligada durante siglos a la construcción vernácula, ha sido reinterpretada una y otra vez en contextos contemporáneos. En Sherman Oaks, un barrio residencial de Los Ángeles, esa herencia aparece reformulada en una vivienda de nueva planta que traslada ese imaginario a un paisaje completamente distinto.

Interpretación californiana del estilo europeo
El proyecto, que cuenta con cinco dormitorios y ocho baños, está firmado por la diseñadora Stephanie Shimon para SLS Properties, quien asegura que la casa “fue diseñada como una interpretación californiana del estilo de vida europeo moderno”. Pero la idea no fue en ningún momento replicar modelos históricos, sino reconstruir una atmósfera a partir de elementos reconocibles, como yesos aplicados a mano, ladrillo encalado, carpinterías de roble claro, texturas con imperfecciones, una presencia constante de la piedra natural, así como “sutiles referencias a la estética campestre francesa a través de los herrajes y acabados”.
El estudio explica que buscaban “crear un espacio arquitectónico elegante y sofisticado, a la vez que profundamente personal y habitable. El objetivo era que cada espacio se sintiera cálido, acogedor y envolvente: sofisticado pero sin ser excesivamente ostentoso”, una formulación que en este caso se materializa en la continuidad entre arquitectura e interiorismo.

Una misma estética recorre el proyecto
Concebido como un todo continuo, los suelos de roble de tablón ancho se prolongan en los techos inclinados de algunas estancias, las carpinterías repiten el mismo tono y las superficies pétreas se utilizan tanto en elementos estructurales como en piezas de uso cotidiano. La piedra, en particular, adquiere un papel destacado. Aparece en encimeras, en el frente de la cocina o en los baños con vetas visibles en tonos verdes, cremas o rosados, y en muchos casos con cantos redondeados que suavizan su presencia. En la zona de estar, una chimenea de geometría rotunda, revestida en un acabado mineral continuo, organiza el espacio central. A ambos lados, estanterías abiertas y muebles bajos en madera construyen una composición equilibrada. La paleta es deliberadamente contenida, con variaciones de beige, crema y tonos tostados que se despliegan en distintas texturas.

La cocina ilustra bien esa manera de trabajar. Una isla central de proporciones generosas, resuelta en piedra clara, concentra las funciones principales y se acompaña de taburetes de madera con asiento trenzado en cuero, una referencia directa a la tradición artesanal europea. El frente de cocción se integra en un volumen revestido en el mismo acabado mineral que la chimenea del salón, con una campana oculta. Los herrajes metálicos, en acabado sin lacar, introducen un contraste que el estudio describe como “una forma de conservar un aspecto vivido con el paso del tiempo”.

El exterior también importa
La relación con el exterior se resuelve a través de grandes huecos acristalados con carpinterías de acero que enmarcan la vegetación: “incorporamos grandes ventanales con marcos de acero para enmarcar el paisaje como si fuera una obra de arte, permitiendo la entrada de luz natural y que la vegetación se integre en la experiencia interior”. Esa operación, recurrente en la arquitectura californiana desde mediados del siglo XX, aquí se vincula con la tradición mediterránea de abrir la casa al jardín. La luz entra con generosidad en todas las estancias y modula la percepción de los materiales a lo largo del día.
En el comedor principal, un gran ventanal frontal introduce un patio con un árbol que actúa como foco visual. La mesa, de madera maciza, se rodea de sillas tapizadas en tonos neutros, mientras una lámpara de brazos horizontales define la escala del espacio. La escena recuerda a ciertas composiciones de casas rurales del sur de Europa, aunque reinterpretadas con un lenguaje más depurado.

Un interior cálido y recogido
Los espacios privados mantienen esa misma lógica, con unos dormitorios que combinan textiles en tonos claros, madera y una iluminación muy recogida. Los baños continúan el trabajo con la piedra, aquí en piezas de mayor formato y con una presencia más escultórica. El estudio insiste en que la selección de materiales se centró en “la textura, el tono y la durabilidad”, tres criterios que se perciben en cada estancia.

Los interiores cobraron vida gracias al mobiliario de Jenni Kayne Home, que infundió “una capa de calidez y refinamiento que realmente completó la sensación de la casa”, con sofás de líneas suaves, butacas tapizadas en tejidos de bouclé y mesas de madera maciza. Las alfombras de Armadillo, con tramas densas y tonos neutros, fijan los distintos ámbitos “con piezas de textura suave y tonal”. Y es que, como concluye el estudio, “aunque la casa es de nueva construcción, se siente acogedora, con múltiples capas y resulta una reinterpretación inteligente de la vida relajada californiana combinada con el elegante estilo europeo”.

