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Interiorismo

Del Santa Tecla de Joe Colombo a los listening bars: por qué la música vuelve a ocupar una habitación

Antes que diseñador, Joe Colombo fue apasionado de la música y centró muchos de sus diseños icónicos en escucharla, empezando por Santa Tecla, un club de jazz bajo el Duomo de Milán. Hoy los listening bars recuperan esa herencia.

Joe Colombo en su apartamento, sentado sobre su butaca Elda y rodeado de diseños que servían a sus placeres: escuchar música, fumar, leer.

Antes de diseñar algunos de los muebles más reconocibles del siglo XX, Joe Colombo tocaba el saxofón y la batería. Tenía poco más de veinte años y todavía se llamaba, al menos oficialmente, Cesare Colombo, aunque por entonces sus amigos ya lo llamaban Joe, un apodo que algunos relacionan con su admiración por Big Joe Turner, The Boss of the Blues.

En 1952 se sumó a Enrico Baj y Sergio Dangelo en el Movimiento de Pintura Nuclear. Colombo procedía entonces del mundo del arte: estudiaba pintura y escultura en Brera y también había pasado brevemente por la arquitectura. Además de cierta fascinación por la nueva era tecnológica, los tres compartían una considerable pasión por el jazz.

Joe Colombo tocando en Santa Tecla. © IF-Studio Joe Colombo

La ciudad que recorrían era muy distinta de la que, unas décadas después, convertiría el Salone del Mobile en una cita internacional. Milán había sufrido intensos bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial y los años de posguerra fueron también los de su reconstrucción industrial y cultural. En medio de ese proceso apareció una generación con ganas de probar nuevos lenguajes. La pintura, la arquitectura, el cine, el diseño gráfico, la música y, muy pronto, el diseño industrial compartirían espacios y conversaciones.

Algunos de esos espacios estaban bajo tierra

Inspirados por las caves parisinas, pequeños clubes instalados en sótanos comenzaron a abrirse en torno al jazz. Aretusa, cerca de Piazza Diaz, fue uno de los más conocidos. Santa Tecla, a pocos metros del Duomo, otro; allí incluso llegó a tocar Chet Baker. Eran locales pequeños, con escenarios reducidos, mesas muy juntas y música sonando hasta las tantas.

Colombo, Baj y Dangelo los frecuentaban, actuaban en ellos e incluso participaban en su decoración, pintando paredes y techos. Santa Tecla llegó a ser descrita como una pequeña Capilla Sixtina de la pintura moderna milanesa. Por desgracia, buena parte de aquellas intervenciones desapareció durante una reforma en los años setenta.

El techo de Santa Tecla. © IF-Studio Joe Colombo.

El jazz ocupaba entonces una posición particular en la cultura europea. Después de la guerra había adquirido una nueva intensidad entre las generaciones más jóvenes. Discos y músicos estadounidenses circulaban por una Europa que volvía a abrirse culturalmente, y los clubes se convirtieron en lugares para escuchar, encontrarse y experimentar. Alrededor de esa música, también estaba tomando forma una nueva manera de sociabilizar.

En Milán, aquella escena coincidió con uno de los momentos más fértiles de su historia cultural. Muchos de los nombres que después contribuirían a construir la imagen internacional del diseño italiano circulaban en los mismos círculos. Los clubes de jazz formaban parte de esa geografía creativa.

Todavía ocurre. Durante la semana del diseño de Milán, Bar Basso funciona desde hace décadas como una suerte de salón informal para diseñadores, arquitectos, periodistas y estudiantes. Su fama no procede de un interior firmado por un gran arquitecto: la construyeron quienes empezaron a reunirse allí en los ochenta. James Irvine, Jasper Morrison, Ron Arad, Marc Newson, Matthew Hilton o Ross Lovegrove contribuyeron a convertir su acera en una de las paradas obligadas del Salone.

Varias décadas antes, Santa Tecla había reunido a otra generación

Hace poco, dos dibujos permitieron recuperar parte de aquella historia. Las investigadoras Ilaria Bollati y Marta Elisa Cecchi encontraron, entre los documentos procedentes del archivo de Baj, un plano y una perspectiva del interior del club. Aunque no estaban firmados, Studio Joe Colombo confirmó que, al menos, la perspectiva era obra del diseñador. 

Aquel documento mostraba a Colombo antes de convertirse en el diseñador que conocemos. Todavía faltaban años para las sillas Elda y Tube o sus interiores futuristas. En ese dibujo a mano alzada, el joven artista pensaba en uno de los lugares donde él mismo pasaba las noches y actuaba: un pequeño club en el que música, ocio y vida social compartían espacio. Colombo estaba diseñando su particular listening bar.

El dibujo del interior de Santa Tecla de Joe Colombo publicado en la revista Domus. © Cortesía de Laura Agnoletto Baj

Mientras tanto, Milán aceleraba

A finales de los cincuenta, Italia entró en el llamado milagro económico y la ciudad se convirtió en uno de sus principales motores. La industria, los nuevos materiales, los electrodomésticos y la producción en serie transformaban la vida cotidiana. En 1953 había aparecido una revista con un título que resumía bien el espíritu de la época: Civiltà delle Macchine, donde arte, literatura, ciencia e industria se ponían en diálogo.

Colombo encontró en aquel contexto industrial un terreno especialmente fértil. Los materiales y tecnologías que transformaban la vida cotidiana se convirtieron en materia de proyecto. Y su mirada, pese a la apariencia futurista de muchos de sus diseños, tenía un horizonte sorprendentemente cercano. Sus creaciones, escribió, debían estar “en sintonía con el presente y orientadas hacia un futuro inmediato”. 

El apartamento de Joe Colombo en Milán con dos de sus diseños que plasman su filosofía: Rotoliving para el día, Cabriolet Bed para la noche. La modularidad y la flexibilidad. Equipamiento en lugar de mobiliario.

En 1956, Bruno Munari lo animó a orientar su creatividad hacia el diseño y la producción industrial. Colombo hizo el cambio y, en poco más de una década, produjo una cantidad extraordinaria de objetos, interiores y sistemas domésticos. Aunque él prefería no llamarlos muebles. Colombo prefería hablar de equipamiento. Para él, términos como mobiliario o decoración ya no explicaban adecuadamente una casa en la que objetos, tecnología y espacio empezaban a funcionar de manera integrada.

Dormir. Ver la televisión. Tomar una copa. Fumar. Escuchar un disco. Algunas de sus actividades favoritas terminaron por encontrar su propia forma en sus diseños.

La música necesitaba, además, bastante equipamiento

Durante buena parte del siglo XX, escuchar ocupaba espacio. Radios, tocadiscos, amplificadores, receptores, altavoces y colecciones de vinilos fueron entrando en las casas y transformando los salones. Había que decidir dónde colocar los aparatos, dónde guardar los discos y desde dónde escuchar.

En 1968, Colombo diseñó el Carrello Musica para una iniciativa de La Rinascente y la empresa de laminados Abet Laminati. Un carrito realizado en laminado estratificado, en el que el equipo de sonido se organizaba en una única pieza. Quince años después de aquellas noches de jazz en Santa Tecla, Colombo convertía la escucha doméstica en uno de sus «equipamientos». En el proyecto participaron también Mario Bellini, Enzo Mari y Ornella Noorda, entre otros diseñadores. 

El Carrello Musica: un carrito realizado en laminado estratificado, en el que el equipo de sonido se organizaba en una única pieza. © Abet Laminati.

Un año después apareció Rotoliving. Concebido para su propia vivienda, reunía diversas actividades en una estructura transformable. Rotoliving concentraba trabajo y ocio en una única estructura giratoria. Bastaba con rotarla para que el espacio de trabajo diera paso a un pequeño paisaje doméstico equipado con televisión, hi-fi, bar y mesa baja.

Joe Colombo junto a otro de sus icónicos diseños modulares en su apartamento y laboratorio de investigación.

También en 1969 diseñó el Cabriolet Bed: una cama convertida prácticamente en una cápsula, con capota retráctil, iluminación, ventilación y diversos dispositivos tecnológicos, entre ellos un equipo de sonido para disfrutar de la música desde la cama. 

Colombo murió en 1971, el mismo día en que cumplía 41 años. Su muerte prematura le impidió ver qué ocurriría con todos aquellos aparatos que había integrado cuidadosamente en sus interiores. Los equipos de música se hicieron más pequeños. Los discos dejaron de ser imprescindibles. Llegaron el Walkman, el Discman y el MiniDisc hasta que, finalmente, millones de canciones acabaron concentradas en un dispositivo que llevamos en el bolsillo.

Escuchar música dejó de requerir muebles

Hoy la llevamos mientras caminamos, trabajamos o viajamos. Cabe en un teléfono, llega a través de unos auriculares diminutos y puede acompañarnos durante horas sin ocupar prácticamente ningún espacio. La música se hizo ubicua y, de alguna manera, también más invisible.

Y entonces empezamos a construir habitaciones para escucharla.

Los listening bars se han multiplicado en los últimos años en ciudades de todo el mundo. Su genealogía directa conduce a los jazz kissa japoneses, cafés en los que la colección de discos y el sistema de alta fidelidad ocupaban el centro de la experiencia. Muchos permitían escuchar grabaciones y usar equipos demasiado caros para tener en casa. Se iba allí, sencillamente, a escuchar.

Jac HiFi Café, un listening bar diseñado por Isern Serra en Barcelona. © Salva López.
Es un espacio donde el diseño, la música y la presencia humana se encuentran en perfecto equilibrio. © Salva López.

Los nuevos listening bars recuperan buena parte de esa materialidad. Tocadiscos, amplificadores, enormes altavoces y estanterías de vinilos vuelven a ocupar el espacio. A su alrededor se disponen sillones, mesas y lámparas. Muchos están proyectados por los arquitectos e interioristas del momento, y algunos también se han convertido en lugares de encuentro para las comunidades creativas de sus respectivas ciudades.

Setenta años después de aquellas noches en Santa Tecla, llevamos toda la música del mundo en el bolsillo y, curiosamente volvemos a buscar un lugar donde sentarnos a disfrutarla. 

El Willy Hi-Fi en Madrid.
Este otro listening bar moderno está firmado por el estudio Cantiera.
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