Masquespacio ha construido una casa en París, pero en realidad ha construido algo bastante más personal: una declaración sobre quién quiere ser ahora. Feel the Shift, la instalación de 150 m² que el estudio valenciano presenta en Maison&Objet Pulse 2026 hasta el 14 de septiembre, toma la forma reconocible de un hogar —con dormitorio, cocina, salón y zona de trabajo— para convertirlo en el escenario de un cambio creativo que ya no quieren explicar únicamente con palabras. Quieren que se note al entrar.
No es casual que ocurra aquí. La edición de septiembre de la feria parisina se presenta este año bajo una nueva identidad, Maison&Objet Pulse, dedicada a un diseño más experimental, sensible y en movimiento. Su lema, Pulse in Motion, habla de impulso, conexión humana y creación compartida; Masquespacio, además de diseñar la imagen de esta edición, ejerce como embajador de la feria y de Paris Design Week.

Masquespacio en Maison&Objet: una casa para explicar su nueva etapa
Masquespacio no nació precisamente de una combinación discreta. Ana Hernández es colombiana; Christophe Penasse, belga. Se conocieron, se instalaron en Valencia y desde allí construyeron uno de los estudios españoles con mayor proyección internacional de la última década. Su mezcla de culturas acabó convertida en un lenguaje inmediatamente reconocible: geometrías rotundas, colores saturados, interiores escenográficos y una capacidad poco habitual para transformar restaurantes, cafeterías, tiendas y hoteles en imágenes capaces de viajar por medio mundo via redes sociales.

Ese lenguaje se convirtió también en una marca. Masquespacio diseñó espacios en España, Italia, Francia, Arabia Saudí, Estados Unidos, Colombia o Qatar y convirtió la fantasía, el color y una cierta insolencia gráfica en una firma propia. Incluso su propia casa-estudio en la huerta valenciana respondía todavía a ese universo de color, geometría y escenografía. Hasta que sus fundadores decidieron parar.
Durante un año se fueron a Bali. Y allí, lejos del estudio y de la maquinaria cotidiana de proyectos, clientes y entregas, comenzaron a preguntarse algo bastante más complicado que cómo debía ser su próximo proyecto: si aquello que habían construido seguía representándolos. De esa pausa nace esta instalación, su primera obra tras regresar de Bali y hacer un reset creativo.

Feel the Shift: la casa que hace visible el cambio
Feel the Shift —algo así como “sentir el cambio”— responde literalmente a ese momento de transición y convierte esa idea en una casa. No una casa real, sino una interpretación de aquello que hace que un hogar resulte humano: intimidad, protección, reconocimiento, conversación y pertenencia. Dormitorio, cocina, salón y zona de trabajo aparecen aquí como escenarios familiares sometidos, sin embargo, a una transformación constante de escala, materia y color.
El cambio se entiende mejor si se conoce el Masquespacio anterior. Su lenguaje continúa siendo reconocible, pero el centro de gravedad se ha desplazado. “Antes, cuando utilizaba tanta geometría y tanto color, era casi como si estuviera diciendo: ‘quiero que me veas, quiero destacar’”, explica Ana a MANERA mientras recorremos la instalación. “Ahora tenemos menos necesidad de protagonismo. Creo que eso también tiene que ver con la madurez”.

La geometría no ha desaparecido. Simplemente ha dejado de ser la voz más alta de la habitación. “Sigue estando ahí, pero ahora tiene muchas más capas”, explica Ana. Christophe lo resume desde otra perspectiva: “No estamos diseñando algo para convertirlo en un trending. Estamos haciendo todo por ser más fieles”.
El nuevo estilo de Masquespacio: menos geometría protagonista y muchas más capas
Eso no significa que Masquespacio haya abandonado el color, la fantasía o las formas geométricas que hicieron reconocible al estudio. Están todas aquí. Pero han dejado de comportarse como un logotipo. Ahora conviven con más elementos que dan profundidad y definen Feel the Shift.
Hay flecos, terciopelos, cortinas, papeles florales, madera, mármol, tapicerías, patas torneadas, cerámica y muebles que parecen recordar épocas diferentes. Ana cuenta que antes miraba sobre todo hacia los años sesenta; ahora estudia los cuarenta, los veinte e incluso referencias del siglo XIX. Uno de los papeles pintados parte, de hecho, de un modelo alrededor de 1800 antes de ser reinterpretado dentro del universo gráfico del estudio.


Hay aquí una pequeña revolución doméstica: ya no basta con que una cortina sea una superficie de color. Tiene pliegues, confección, volumen, memoria. “Ya no es una cortina lisa”, resume Ana. Y esa frase aparentemente menor cuenta bastante bien lo que está sucediendo.
Así es Feel the Shift: salón, dormitorio y cocina como escenarios domésticos
El salón es quizá el lugar donde ese giro resulta más evidente. Dos gradas curvas convierten el espacio doméstico en una especie de pequeño anfiteatro, mientras butacas rosas con faldón, terciopelos mostaza con estampados mitad madera de raíz–mitad animal print, dameros rojizos y lámparas escultóricas de cerámica construyen una escena pensada tanto para mirar como para conversar. La casa no se organiza alrededor de una pieza protagonista, sino de la posibilidad de estar juntos,.
El dormitorio resulta más teatral. La cama se eleva entre cortinas y tonos chocolate, rosa viejo y burdeos; el cabecero parece un biombo y las lámparas adquieren una escala casi totémica. La cocina enfrenta un papel floral que invade techo y volumen central con franjas geométricas de rosa, verde y azul, mientras una gran mesa de mármol funciona simultáneamente como isla y mesa comunal.


Todo es reconocible y, al mismo tiempo, ligeramente extraño. Esa era precisamente la intención: partir del hogar como espacio de intimidad, pertenencia y protección para llevarlo hacia un territorio de fantasía. “No buscamos explicar el cambio, sino crear un lugar donde las personas puedan experimentarlo”, explican Ana y Christophe.
No es un giro hacia la sobriedad. Es casi lo contrario. El nuevo Masquespacio es más decorativo, más táctil y también más complejo. Lo que ha cambiado es el tipo de exuberancia.
Durante su estancia en Bali, Ana y Christophe comprendieron que los interiores en los que realmente querían estar eran aquellos donde había capas, cojines, texturas, detalles y una sensación de confort más profunda. Esa revelación aparentemente sencilla acabó modificando su manera de trabajar.


Artesanía y oficio: la otra transformación de Masquespacio
La transformación no es únicamente estética. También ha cambiado la relación con quienes producen sus diseños, que ahora es mucho más estrecha. La instalación reúne piezas desarrolladas con Exit Fabrics, Muance, Iberpoligraph, Perales 11, 18 Pies de Altura, Really Nice Things, Radici o Poggi Ugo, entre otros colaboradores.
“Ahora necesitamos oficios capaces de tapizar, hacer cortinas o resolver marcos muy complejos”, explica Ana. “Estamos reivindicando precisamente eso: alejarnos un poco de la industrialización y recuperar el oficio”.
El nuevo Masquespacio no parece menos Masquespacio; parece menos preocupado por parecerlo. Sigue habiendo color, geometría y teatralidad, pero ya no funciona como una firma estampada sobre cada proyecto, ahora convive con algo más cálido, imperfecto y doméstico. Han pasado de diseñar para ser inmediatamente reconocibles a diseñar, quizá por primera vez en mucho tiempo, para reconocerse ellos mismos. Y sobre todo, para crear espacios donde ellos mismos quieran quedarse.
