Milán se lo ha robado a París durante la Semana del Diseño: fue la ciudad de la luz. En la 63ª edición del Salone del Mobile, este año le tocó el turno a la bienal Euroluce, la Exhibición Internacional de Iluminación, que lleva celebrándose cada dos años desde 1976. Se dice pronto.
Al recorrer los más de 300 expositores dedicados a la luz, la mirada se agudiza y los pensamientos bullen alrededor de este concepto inabarcable que no es sino un balance entre función, forma, arte y diseño. MANERA nació para contar una nueva forma de concebir y vivir los hogares, y la luz es una parte fundamental de este cambio. Ahora tenemos la certeza de lo importante que es abrir entre las paredes caminos para que la luz natural inunde las estancias, pero también de que la iluminación es fundamental para crear atmósferas, para inducir estados de ánimo. Para crear juegos de luces y sombras y reivindicar la importancia de estas últimas, igual que en toda vida ambas tienen cabida.
Con estas certezas como base, a paso ligero entre los pabellones 6 y 7 de la Fiera Milano Rho –y también entre las paredes de algún que otro palazzo en Furiosalone–, vimos lámparas y lámparas, sentimos su efecto, nos maravillamos ante el despliegue de delicadeza, hablamos con quienes las diseñan, con quienes las producen. Volvimos y lo procesamos todo, lo aprendido, lo sentido. Y aquí desglosamos las que son, para nosotros, las tendencias que vendrán; lo que podremos esperar de la luz en el futuro próximo.
DELICADEZA INDUSTRIAL
Vidrio finísimo, delicado. Luminarias con un punto etéreo que destilan ligereza tanto en su estética como en su personalidad. Se desdibujan, prescinden del protagonismo, para dar importancia a lo importante: la luz. Sin embargo, su delicadeza precisamente las hace visibles sin querer, pues apagadas se convierten en objetos preciosos que acompañan y elevan cualquier estancia. Como contrapunto, una columna vertebral de aire industrial. Aluminio en unos casos, forja en otros. Son lámparas que nos hacen ir por la vida con más cuidado, con mayor detenimiento.
La Fragile, diseñada por Jaume Ramírez para Marset, es un ejemplo perfecto de ello. También lo son la Circus, de Antoni Arola para Vibia, la lámpara de suspensión Frame de Michael Anastassiades o una que descubrimos en Salone Satellite, Balance, del argentino Oniorte. Todas ellas destilan esta delicadeza industrial.
Fragile, un diseño de Jaume Ramírez para Marset.
La Fragile permite jugar con la ausencia o presencia de sus tres elementos geométricos, la esfera, el cono y el cilindro, adaptándose al gusto de cada quien.
La Circus, diseñada por Antoni Arola para Vibia, es un festival de la luz. Ofrece una total libertad de composición, de forma que el diseñador se convierte en un maestro de una orquesta luminaria.
EL CANDELABRO SE REINVENTA
Ahora es más suave, más asimétrico. Nada tienen que ver con aquellos usados en iglesias y monasterios católicos, salvo por su esencia y su función: la de contener un baile de lámparas.
Allumette, de Francesca Lanzavecchia para Foscarini, lo reinventa con un juego de contrastes, moviéndose entre ligereza y presencia, entre geometrías rígidas y líneas suaves. Vibia nos sorprende con Plusminus, diseñada por Diez Office, en la que las luminarias están unidas por un cinturón textil flexible que integra fibras conductoras de la luz. Algo parecido a lo que propone LedsC4 con su nuevo lanzamiento –todavía en versión prototipo–, HOP.
HOP, de LedsC4. Otro candelabro en su versión más abstracta.
EXPLORAR LA MATERIALIDAD
Abandonamos ahora el vidrio para adentrarnos en nuevos materiales a través de los que filtrar la luz. David Pompa impregna la cultura y la tradición de su México natal en sus lámparas, a través del barro negro de Oaxaca o de la lava volcánica de Michoacán, trabajados por artesanos que llevan a sus espaldas la tradición milenaria del oficio. En la galería de Rossana Orlandi descubrimos el trabajo de Aurélien Veyrat, que usa el ladrillo para crear un contraste de luces y sombras, o el de Mida Lab en colaboración con la artista japonesa Chizuru Hayasi, con la lámpara Algae, para la que aplicaron la técnica kintsugi que utiliza la laca Urushi a partir de la savia del árbol Urushi.
De nuevo en Marset, la lámpara Ringo, diseñada por Joan Gaspar, llamó nuestra atención por su aspecto brutalista, contundente pero ligero; un aspecto que parecía brotar de su material. «Es una tecnología que hemos desarrollado nosotros con una empresa del sector de la automoción que es rotumoldeo de policarbonato», nos explicó Javier Marset, haciendo énfasis en el protagonismo que la materialidad ha tenido en todos sus nuevos lanzamientos.
Vibia presentó una lámpara a la que, sencillamente, nos apetece quedarnos abrazados. Se llama Knit y su diseño –obra de Meike Harde– hace homenaje a su nombre. Está tejida en punto y su textura es magnética; transmite calidez incluso cuando está apagada.
Lámpara Algae, de Mida Lab y Chizuru Hayasi en Rossana Orlandi. © Ronald Smits.
La Knit de Vibia, diseño de Meike Harde, tejida en punto.
Otro descubrimiento en Rossana Orlandi: el contraste entre luz y ladrillo de Aurélien Veyrat. © Studio.B.Helle.
Ringo, un diseño de Joan Gaspar para Marset.
El stand de David Pompa en Euroluce, con sus muestras de la lava volcánica con la que elabora sus lámparas. © Nuel Puig.
El resultado, la lámpara Origo de David Pompa.
GEOMETRÍAS IMPOSIBLES, VERTICALIDAD DESLIZANTE
Lámparas que parecen esculturas, por las que apetece deslizarse. En las que la geometría se pone al servicio de la verticalidad y, en algunos casos, de la historia detrás del objeto. Es así con Cygnet, otra de las novedades de Michael Anastassiades que descubrimos en Furiosalone y que está inspirada en el vuelo de una cometa. La lámpara Yuyun, que Joana Bover ha diseñado para su casa, Bover, está pensada para ocupar la inmensidad del espacio, para llenarlo de artesanía. También diseño de Anastassiades, esta vez para Flos, es Linked, cadenas que cuelgan del techo como si de joyería se tratase.
En los tres casos, la verticalidad esconde un juego: son modulares, y se puede jugar con ellas a nuestro antojo, haciéndolas más largas o más cortas, más o menos infinitas.
La Cygnet de Michael Anastassiades, una escultura de luz inspirada en las cometas. © Nicolo Panzeri.
La lámpara Yuyun de Bover, diseñada por la propia Joana Bover.
Linked, una de las novedades presentadas por Flos, también diseño de Michael Anastassiades.
PEQUEÑOS GESTOS DE CALIDEZ
Otra de las lecciones aprendidas recorriendo stands en Euroluce: que algo aparentemente muy pequeño y muy simple puede por sí mismo cambiar el ambiente entero de una sala. En este caso, puede destilar toda la calidez posible y hacer que nos sintamos como si acabásemos de degustar una buena sopa en invierno.
Sucede al observar dos de las novedades de Santa & Cole: Alterna, diseñada por Júlia Esqué, un ejercicio de transparencia, tensión y equilibrio, y Shiro, un diseño reeditado de Antoni Arola de 1999 cuyo nombre significa ‘blanco’ en japonés e invita a la serenidad contemplativa. También con la Vuota, un diseño de Milá + Laucirica para Bover. «El objetivo era crear una luminaria técnicamente precisa pero emocionalmente cercana, capaz de aportar una presencia amable, envolvente y serena en cualquier espacio», nos cuentan sobre ella sus creadores.
Alterna, de Júlia Esqué para Santa & Cole. Un armazón despliega una creativa pantalla prismática de sección cuadrada, confeccionada con filtro de fotografía. © Coke Bartrina.
La Vuota, diseñada por Milá + Laucirica para Bover.
Shiro, de Antoni Arola para Santa & Cole. © Yosigo.
REGRESO A LOS 70
Nos topamos varias formas de viajar al pasado. En concreto, a esa década que ya es vox populi que está de vuelta en el diseño. Colores que parecen sacados del Grupo Memphis, como los de la Lámpara Bella Durmiente, que Santa & Cole recupera de su archivo, diseñada por dos de sus fundadores, Gabriel Ordeig Cole y Nina Masó. Texturas, tonos y transparencias que nos hacen pensar que la vajilla Duralex de nuestras casas de la infancia se ha convertido en lámpara, en concreto, en la Pace, diseño de Caine Heintzman para A-N-D.
O, como en el caso de Marset, un viaje directo, sin escalas ni dudas, a través de la reedición de la lámpara Lauro, un clásico de 1973 diseñado por P. Aragay y J. Pérez Mateo. «Una de las tendencias que no escapa a nadie es la vuelta de los 70. Y esta es una lámpara original de esa época. De hecho, en el año 73 tuvo un premio en el Salón de París y marcó el inicio de Marset en el mundo del diseño. Yo la tenía en mi despacho», nos cuenta de primera mano Javier Marset.
La bella durmiente, un diseño de Nina Masó y Gabriel Ordeig Cole para Santa & Cole que acaba de ser reeditado. © Coke Bartrina.
Otra reedición. En este caso de Lauro, un diseño de P. Aragay y J. Pérez Mateo para Marset.
Lámpara Pace de A-N-D, diseñada por Caine Heintzman.
LUZ, ARQUITECTURA Y PAISAJE SON UNO
Un diálogo fluido entre la arquitectura y el paisaje a través de la luz. Eso es lo que consigue la buena iluminación de exterior, y durante estos días hemos sido testigo de varios ejemplos. Iluminar los espacios abiertos adecuadamente también es fundamental. Si no, que nos lo pregunten en esas interminables y deliciosas sobremesas tras las cenas de verano. Vibia lo consigue a las mil maravillas con Dots Outdoor, un diseño de Martín Azúa. Bover también, con su colección de luminarias Birdie, que Jorge Herrera Studio ha diseñado inspirándose en la delicadeza de las patas de los flamencos, con formas que evocan la suavidad de cantos rodados erosionados por el viento o el agua, y bases que se integran perfectamente en los jardines.
