El Salone del Mobile sigue siendo la madre de todas las ferias de diseño. Hay muchas, sí, pero ninguna como ella. A sus 63 años, se sigue luciendo como el primer día. Este año ha batido récord con un 68% de expositores internacionales, lo cual está muy bien... pero lo que realmente la hace inimitable son los italianos. Ellos son el alma del Salone. Sin su toque, su genio, su dolce vita, esto sería solo otra feria más en el calendario. Ellos lo elevan al Olimpo con stands que son portales a otros mundos, con piezas que no necesitan presentación y otras que llegan para redefinir el futuro de nuestras casas.
Quien haya entrado en los espacios de Minotti o Kartell sabe exactamente de lo que hablo. Pero ojo: Edra, Living Divani, Natuzzi, Poliform, Porro, Visionnaire... Vaya nombres, y ninguno se queda atrás. Al fin y al cabo, el fuerte apoyo de la industria italiana a la feria es parte de la fórmula secreta de su éxito. Ya nos lo decía María Porro en una conversación que tuvimos con ella hace unas semanas: "El Salone pertenece a las mismas empresas que exponen, por lo que no es una organización con fines de lucro, sino una que siempre ha puesto la calidad, la innovación y la investigación como sus principales objetivos".
La feria ha registrado más de 302.000 visitantes en esta edición, siendo España el tercer país en el ranking. © Giulia Copercini
© Nuel Puig
El epacio de Knoll quedará en nuestros corazones. © Nuel Puig
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Las firmas que llevaron la batuta
El de Minotti ha sido el espacio más espectacular del año. Ellos lo llaman pavilion, y no es ninguna exageración. Su estructura de dos plantas parece sacada de un sueño mid-century modern. Por fuera, ventanales de suelo a techo, panelados de madera de nogal Tanganika y un estuco blanco lo envuelven todo en una caja de sofisticación. Pero el viaje sigue dentro. Las colecciones de Minotti que han diseñado Giampiero Tagliaferri, GamFratesi, Hannes Peer, Marcio Kogan y Nendo deslumbran en espacios inspirados en la California moderna de los 60, pasando por el racionalismo europeo, la calidez brasileña y, finalmente, el Japón más refinado. Pura belleza y música para amantes del diseño.
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Stand de Minotti en la feria. © Nuel Puig
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Además, si tuviéramos que coronar a la firma que mejor ha leído la bola de cristal del diseño, o sea, el devenir de las tendencias, sería de nuevo Minotti. Ha clavado con máxima precisión todas y cada una de las tendencias que se han paseado por la feria: muebles lacados, tonos acaramelados, tejidos de terciopelo y pelo largo, panelados con aire vintage, acabados cromados, líneas rectas tipo 90s… Mientras otras marcas juegan con una o dos cartas, Minotti se ha traído la baraja entera. Pero ojo, que esto lo contamos con más detalle en el artículo donde desgranamos las tendencias más top del Salone de este año.
Belleza plastificada
Y luego está Kartell, otra firma que ha dado con la tecla. No solo con su espacio, donde el rojo intenso y el negro glossy lo inundan por completo (trend alert), sino en todos los sentidos. Después de tantos años, vuelven algunos de sus clásicos más codiciados. La icónica lámpara KB28 de Joe Colombo, el Magazine Rack de G. Stoppino… joyas del diseño pop que regresan con todo su encanto intacto a nuestras vidas. Las nuevas colecciones, además, también miran atrás con cariño. Plástico, brillo, ese espíritu que alguna vez les hizo los más modernos del diseño está de vuelta. Prueba de ello son las estanterías Lepid de Patricia Urquiola, las mesitas Prince Ohoh y la lámpara Aurora de Philippe Starck. Bravo Kartell, ahora sí.
El año de la luz
Pero lo que más ha dado de qué hablar en esta edición ha sido la luz. Ahí está, por ejemplo, la instalación Mother de Robert Wilson en el Museo de la Pietà del Castello Sforzesco. Un oasis de paz mental con el que el Salone lleva la feria al corazón de la ciudad, de la mano —nada más y nada menos— que de un genio como Wilson. Aquí, el maestro de la luz consigue que el espectador contemple durante media hora la obra inacabada de Miguel Ángel, algo impensable en el mundo de la inmediatez en el que vivimos. Gracias a cada halo de luz y al acompañamiento de la música en directo, se revelan nuevos detalles a cada instante. La obra se puede visitar hasta el 18 de mayo, dando la oportunidad de descubrir la visión de Wilson más allá de la Semana del Diseño.
En la feria, este año ha sido el del regreso de la bienal Euroluce. La gran protagonista que nos ha regalado una instalación repartida en dos pabellones donde ha quedado claro que la iluminación, hoy, va de delicadeza. Lo que se lleva es la luz que acaricia, que se insinúa, que es capaz de transformar un espacio con sutileza, como bien analizamos aquí. Nuestro favorito: el espacio diseñado por Mesura para Marset. Una lección de cómo el panelado de madera es capaz de templar cada halo de luz. También brillaron Vibia y Bover, LedsC4 y Lladró, Catellani & Smith, lo último de Santa & Cole y las piezas del mexicano David Pompa.
La Knit de Vibia, diseño de Meike Harde, tejida en punto. © Nuel Puig
Una reedición de Santa & Cole. Se llama La bella durmiente, y es un diseño de Nina Masó y Gabriel Ordeig Cole. © Coke Bartrina
Lámparas de David Pompa realizadas con lava volcánica. © Nuel Puig
Talento emergente en clave latina
Y hablando de latinos… Algo pasa con ellos en SaloneSatellite, el espacio dedicado al diseño emergente. Cada vez que alguien de la redacción de MANERA se acercaba, guiado por el instinto de la tendencia, a una pieza que tenía ese je ne sais quoi difícil de explicar, su diseñador resultaba ser casi siempre latino o español.
Nos conquistó Sebastián Ángeles con sus piezas que traducen las frecuencias del sonido en esculturas de aluminio fundido; los taburetes de Luis Gimeno con alma de carpintero; las etéreas lámparas del argentino Orionte Studio, que vagan entre lo delicado y lo industrial; y más talentos que podrás descubrir accediendo a este enlace. Más allá de las jóvenes promesas, marcas con sello español como Point, Expormim, Gandia Blasco, Ondarreta y Kettal ejercieron de maravillosos embajadoras en la feria.
Piezas de aluminio fundido del mexicano Sebastián Ángeles.
Armario de Jiri Krejcirik, que reinterpreta el art nouveau checo en los códigos de hoy. © Filip Beránek
El nuevo taburete Knot de Luis Gimeno.
“Lo que sucede ahí solo sucede ahí, y en ese preciso instante. El antes y el después son otra cosa”, nos decía hace unas semanas la presidenta del Salone María Porro. Y así es. Lo que ocurre en Milán durante esos días es irrepetible, efímero, magnético. Pura alquimia del diseño. Con la edición aún fresca y los recuerdos muy recientes –ese último colchón de Vispring o Treca París que probamos, la textura de Eichholtz, la moldura de Orac o la superficie de Neolith que acariciamos con la yema de los dedos–, ahora sí: toca parar. Es momento de sentarse al sol, tal vez en una hamaca de Gloster, en algo de Dedon o en una explosión de color cortesía de Ethimo. Tanto y tan bueno donde elegir…
María ya mira hacia adelante: “Apuntamos a 2026 con determinación. El próximo año trae consigo grandes retos, y nuestra promesa es clara: trabajar en un formato aún más inclusivo, que dé voz a las PYME y a los mercados emergentes.” Y nosotros, claro, estaremos aquí. Esperando a que el calendario vuelva a señalar la semana más esperada del año. Milán, la novia favorita del diseño.
