Decía Gaudí que la recta es del hombre y la curva es de Dios; pues yo me quedo con la primera, aunque no me lleve al cielo. Porque me pierde un trazo recto, los ángulos perfectos, la repetición de una verja de acero o el patrón del azulejo en un balneario. Y pongo la mano en el fuego a que esto es algo que nos pasa a muchos. Sentimos placer al mirar una cuadrícula perfecta, ese baile de líneas que ordenan el caos como bordados de lógica, como prueba viva de la mano humana. Algo tiene este lenguaje para que la repetición se convierta en ritmo, y el ritmo, en placer visual.
Llevamos unos cuantos años muy curvos, muy sensoriales, muy envolventes. Pero llega un momento en que el alma pide algo distinto. Ya tocaba que un ángulo de 90º volviera a nuestras vidas, “pero ya no como sinónimo de frialdad o rigidez, sino como una forma de expresar claridad, orden y ritmo”, cuenta Enric Pastor, y añade. «Estas líneas, lejos de endurecer, crean un contrapeso visual frente al auge de lo esponjoso y lo táctil, dando espacio y pausa al ojo. En manos de los diseñadores, ahora se vuelven cálidas, domesticadas, pero con carácter. La geometría se afila, sí, pero también se humaniza».
La admiración por esta geometría viene de lejos. Ahí está Superstudio, cubriéndolo todo con su cuadrícula monocromática hace ya medio siglo. El pavés, las puertas shoji japonesas, la mesa Venezia de Ettore Sottsass, la Kyoto de Giancarlo Fratti, los antiguos vestidos de Paco Rabanne, los azulejos de cualquier baño, o la línea 3 del metro de Milán. Y bueno, mucho de lo que hemos visto este último año en el Salone. Así era también la fachada del edificio donde viví gran parte de mi infancia: un mosaico blanco 3×3 de los años 60. De niño me parecía viejo. Hoy, enterrado bajo una nueva plancha de aluminio, lo echo de menos. Esa belleza esmaltada, moderna, ya no está. Por no haberla podido rescatar –y por todas las que aún resisten– este artículo va para ella. Y oye, porque hay cosas que, simplemente, merecen ser celebradas de vez en cuando.
Una belleza en equilibrio y contradicción
Cuando Arianna Bavuso y Andre Chedid, de AB+AC, instalaron la división de cuadrícula de aluminio en una cocina, aludieron a la belleza del equilibrio con un umbral ligero que mantiene una sensación de apertura y fluidez. La elección estuvo profundamente arraigada en la armonía entre la precisión industrial y la calidez artesanal. “Los paneles enrejados evocan elementos de las pantallas shōji japonesas y las particiones modernistas, ambas promoviendo permeabilidad y estructura sin rigidez. También nos inspiramos en las capas urbanas como rejillas, cercas y fachadas –cuentan a MANERA–. Este juego entre visibilidad y separación crea un ritmo dinámico pero sereno dentro del apartamento”.
La butaca Trama de Haddou Dufourcq para Monde Singulier es una de las piezas que mejor traduce el patrón de cuadrícula al diseño contemporáneo. © Adel Slimane Fecih.
La colección Trama al completo. © Adel Slimane Fecih.
Algunas piezas, como esta columna, son detalles decorativos y recargados que contrastan con la geometría cuadriculada. © Adel Slimane Fecih.
Quién se esperaba que la cuadrícula fuese pura contradicción, pero lo es: transmite una calma absoluta, pero no hay nada más artificial que su repetición geométrica. Su sobriedad apacigua, pero su patrón, casi digital, es la antítesis de lo orgánico. De esa tensión entre orden y fluidez nacen los candelabros Candle Grids del mexicano Héctor Esrawe, donde la cera se derrite en improvisados ríos efímeros sobre su estructura.
O la colección Trama que ha diseñado Haddou Dufourcq para Monde Singulier, donde el color desaparece para ceder todo el protagonismo a unos muebles que imitan la geometría arquitectónica de una ciudad. ¿Es minimalismo o salta directamente al maximalismo? Más lo segundo. Algunas piezas como la lámpara de araña luce cortes acanalados que piden adjetivo neoclásico, y una cosa es coquetear con el minimalismo geométrico, pero otra muy distinta es perderse en él. Se le acaba el tiempo al menos es más.
El proyecto fue portada del sexto número de MANERA, y escondía un dormitorio cubierto en unos textiles muy Superstudio. © Pablo Zamora.
Hasta los más grandes sucumbieron
Cuando Le Corbusier, Pierre Chareau o Luis Barragán empezaron a jugar con el pavés, solo estaban plantando la semilla de un placer que llegaría hasta hoy. De ello han hecho escuela estudios como Plutarco, Casa Josephine o Fala Atelier, con cocinas e interiores inspirados en la geometría racionalista y la cuatricomía de la Bauhaus. Aunque para pavés, el del apartamento que eligió Pedro Almodovar para Francesca Neri y Javier Bardem en Carne Trémula. Fue ahí donde desarrollé una obsesión con el loft industrial que perdura hasta hoy.
Algunos collages que surgieron de la colaboración entre Maio Architects y dibujos que el Cristiano Toraldo realizó en su tiempo en Superstudio.
Con el esplendor de un spa
Está claro que los baños azulejados viven un buen momento, desplegando mosaicos de cerámica en su máximo fulgor. Basta con apreciar el baño (o casi balneario) del Necchi Architecture en su proyecto Pied á Terre en París, un santuario que se ha convertido en musa de Instagram. Un espacio en el que estar, quedarse, y perder la noción del tiempo mientras esperamos a que el vapor empañe ese mosaico geométrico con toque glam. Solo le falta el pavés. Pero para eso está Charlap Hyman & Herrero, para darnos lo que pedimos. ¿Quién no sueña con despertarse y entrar en un templo de azulejos coloridos, bloques de vidrio y grandes ventanales al exterior?
El baño en el que todo el mundo desea vivir ya existe, y lo ha diseñado Charlap Hyman & Herrero en Los Ángeles. © Andre Herrero.
Sin recurrir a pintura ni textiles, la pura geometría del bloque de vidrio enriquece el espacio con su textura. © Andre Herrero.
Discípulos de la religión industrial
El patrón que hoy admiramos nació como solución industrial y ha terminado elevándose a culto estético. Otro más en la larga lista de productos fabriles reconvertidos en fetiches del diseño: tornillos y remaches a la vista, tubos y chapa ondulada como los que usan Lucas Muñoz Muñoz o Vicent Orts en sus piezas, conductos de ventilación expuestos o, por supuesto, el hormigón brutalista, convertido en religión. Ahí entra en escena la malla metálica de aluminio: un prodigio matemático que logra la resistencia de una superficie lisa con una fracción del material. De su función inicial como elemento de seguridad o divisor de espacios, ha pasado a ser el alma de la nueva colección de Studio Haos, donde sostiene con gracia las piezas de fibra de vidrio, dando forma a una belleza origami.
La nueva colección de Studio Haos está compuesta de piezas que parecen miniaturas de papiroflexia llevadas a escala humana.
Los franceses son expertos en convertir materiales sencillos en obras increíblemente extraordinarias y contemporáneas.
“Una invitación a los espectadores a encontrar la belleza en un marco elaborado pero intencionadamente imperfecto”, cuentan Sophie y Cedric.
Con regla y escuadra… o no
Hazlo de forma fluida con papel maché, y tienes las orgánicas sillas de Samuel Aguirre. Afila las esquinas del hierro como herrero con su espada y das con la estética medieval de Wretched Flowers. Recupera antiguas jaulas de pesca de langosta, y descubres la esencia del mobiliario reciclado de Lauren Goodman. Y con un simple hilo y aplicado a la moda, puedes convertir la cuadrícula en un boatiné. O lo que es lo mismo: el bolso 2.55 de Chanel, la elegancia ecuestre de Isabel II y el espíritu ochentero, todo en uno. En eso se inspiró Cristina Omarrementeria para sus sillas de forja, una carta de amor al mobiliario de jardín clásico “con una elegante pletina salomónica retorcida y una flor de amapola que todavía se puede ver decorando los barrotes de balcones en Valencia o Barcelona», cuenta.
Las jaulas de pesca que recupera Lauren Goodman antes de reconvertirlas en piezas de diseño.
Su belleza orgánica, desgastada y rota, es fascinantemente contemporánea.
“La idea de tirar algo a la basura es una falacia. Lo único que realmente hacemos es alejar de nuestra vista inmediata aquello que ya no queremos», explica la diseñadora.
Así es esta maravilla, y así la moldean los creadores que nos rodean. Como decían en Superstudio, la cuadrícula no es solo una nueva geometría, sino un símbolo de libertad, una utopía estructural que sirve como base común para todos. Hasta futuro aviso, seguiré soñando con él. “La cuadrícula tiene una cualidad estructural, casi arquitectónica, que recuerda a los exteriores urbanos, pero su delicado detalle y la suavidad del material hacen que se sienta perfectamente en armonía en el interior –concluyen AB+AC–. Actúa como un puente entre el exterior y el interior, reforzando la idea de que nuestros espacios de vida no están aislados, sino en constante diálogo con su entorno”.
Samuel Aguirre descubrió el papel maché haciendo juguetes con sus hijos, y ahora es el material estrella de su obra. © David Lee Black.
La lámpara Crown of Thorns de Wretched Flowers está hecha de cientos de piezas entrelazadas de acero inoxidable o latón cortado con láser. © Joe Kramm.
La forma del taburete Permitte ut sit de Malva Office está inspirado en el proceso de embalaje de la madera, «y enfatiza en la dimensión simbólica de crear, proteger e identificar algo cuidadosamente antes de liberarlo hacia un destino incierto», relata Jose Cortes.
Antes de irnos, un bis. Y no uno cualquiera. Este es de esos redescubrimientos en los que recocijarse. Son los 70, y Jean Pierre Raynaud diseña La Maison de La Celle-Saint-Cloud en París, una casa e instalación artística compuesta íntegramente por azulejos blancos con juntas negras. Lo que nos va. El arquitecto buscaba crear un espacio absoluto, y lo logró. Aunque la casa cerró en 1988 y fue demolida en 1993, los fragmentos y escombros se siguen exhibiendo a día de hoy. Antes de eso, este era su impresionante aspecto:
