De vuelta en Madrid, con la intensidad de la Semana del Diseño de Milán ya atrás, todo lo que hemos visto empieza a ser digerido y a encajar con otra claridad. Lejos del vértigo de las agendas imposibles, las presentaciones constantes, los cócteles y los palazzos transformados en showrooms —sin olvidar la magnitud casi inabarcable del Salone del Mobile en Rho—, nuestra mirada periodística, ya descansada, se afina.
Y es, precisamente, en esta pausa donde lo vivido toma forma: aparecen patrones, se revelan afinidades y ciertas ideas comienzan a repetirse una y otra vez. Poco a poco, se perfila un mapa de direcciones claras que, más que anunciar lo que vendrá, confirma lo que ya está aquí: tendencias que empiezan a asentarse y a definir cómo habitamos los espacios. En MANERA hacemos un repaso por ellas.
1. Transparencias contundentes pero sofisticadas
En los años 70 y 80, el futuro se imaginaba brillante, translúcido. Los interiores se llenaban de plásticos pulidos, metacrilatos imposibles y vidrios ligeros. Aquella estética convirtió materiales como el polipropileno en símbolos de una época. Hoy, Milán trae de vuelta ese estilo, pero lo hace desde la contención: las superficies siguen reflejando, pero ya no deslumbran; las formas son más precisas, más silenciosas. Una vuelta al futurismo, sí, pero entendida desde la calma y una sofisticación mucho más fina.
Ese eco del pasado se siente ahora más cercano. Aparece en piezas como la colección A’mare de Jacopo Foggini para Edra, donde las barras de policarbonato trabajadas a mano capturan la luz con suavidad. También en la mesa de centro CM Arabesco de Carlo Mollino para Zanotta, en la lámpara portátil Gelato de Carlo Nason reeditada por Established & Sons; o en la mesa auxiliar Fluid Joinery de Linde Freya Tangelder para Cassina. Piezas que ya no buscan deslumbrar, sino acompañar, dejando que la luz haga su trabajo en silencio.




2. Luz muy cálida, con un tono que roza lo anaranjado
La luz vuelve a bajar el tono en Milán. Se aleja del blanco rotundo, de las estéticas industriales y frías, para instalarse en una calidez —casi anaranjada— que transforma los espacios en algo más íntimo, en estancias que rozan lo ritual y que invitan a la pausa y a la reflexión personal. En definitiva, lámparas que convierten la luz en una liturgia doméstica.
Lo vimos con claridad en piezas que casi piden ser tocadas, como las nuevas lámparas textiles de Kelly Wearstler para H&M, donde las costuras metálicas quedan deliberadamente a la vista —disponibles a partir del 3 de septiembre de 2026—. También en la lámpara Aposē, que reinterpreta el tubo de aluminio utilizado en las fórmulas de Aesop.
La misma sensibilidad aparece en la lámpara colgante de la colección Totemic de Andrea Claire Studio, construida en formas apiladas a mano con papel hanji y estructuras de latón, y en la luminaria de mesa de Baguette Studio, realizada en cera natural, donde la luz parece derretirse lentamente. Ambas, descubiertas en Alcova, comparten esa misma idea de lo táctil, lo imperfecto y lo casi sagrado.




3. El ‘baby blue’ tiñe espacios inesperados
El baby blue ha dejado de ser un código exclusivo del armario o de la sastrería para colarse en el interior de nuestras casas. Este azul pastel, empolvado y con un punto casi infantil, reaparece ahora en lugares donde antes no era habitual verlo: sofás, butacas, estanterías, bancos… piezas cotidianas que se tiñen de una suavidad cursi.
Nuestras piezas favoritas: la butaca Dalila, de Gaetano Pesce, que Cassina ha desarrollado a partir de su archivo; el sofá Bastiano, diseñado por Tobia Scarpa para Knoll; los baños creados por Kartell by Laufen, una colaboración icónica que fusiona la precisión suiza de Laufen en cerámica con la creatividad plástica de Kartell; o los sofás ultra confortables de Andrea Steidl para Natuzzi.




4. Adiós a las curvas: vuelve la cuadrícula
En MANERA lo venimos observando desde hace tiempo: los trazos rectos, los ángulos precisos, la repetición casi hipnótica de una verja de acero o de madera, o el ritmo silencioso de un azulejo bien resuelto son profundamente atractivos. Y ahora, para nuestra suerte, todo eso regresa con más fuerza que antes. Las formas orgánicas y las curvas ceden, aunque sea momentáneamente, para dar paso de nuevo a la cuadrícula perfecta: ese sistema de líneas que organiza el espacio como si fuera un bordado de lógica.
En ese retorno pensamos en la mesa de centro Kyoto, diseñada en 1974 por Gianfranco Frattini y reeditada por Poltrona Frau; en la silla Basilan de ratán, cuero y metal, firmada por Tobia & Afra Scarpa para Tacchini; en el sillón Buit de Mayice Studio para Gandía Blasco; o en el sofá Ardys de Patricia Urquiola para Cassina, donde las costuras visibles dibujan una geometría cuadriculada que nos recuerda a un edredón.




5. La alfombra como pieza para contemplar
Si hay una regla casi infalible en el diseño, es que todo vuelve. Hoy vemos cómo los espacios contemporáneos se llenan de antigüedades y piezas de diseño vintage. Pero ahora hemos ido un paso más allá: Milán nos ha demostrado que los tapices o alfombras opulentas, garigoleadas, coloridas y a gran escala, como aquellas que siglos atrás adornaban mansiones y castillos, vuelven a nuestras casas. Piezas que ya no solo se pisan, sino que se contemplan —incluso se cuelgan— y que convierten el espacio en un relato, entre lo cotidiano y lo casi mítico.
Nos impresionaron, por ejemplo, las alfombras surrealistas de la colección de CC-tapis y Fornasetti, que reinterpretan motivos del archivo de Piero Fornasetti a través de técnicas de tejido manual, bordado y variaciones de texturas; la alfombra Sunbirds con formas orgánicas de Nanimarquina, concebida por Lucia Eames; o la alfombra rectangular de la colección Panal de Gan Rugs, de Gandia Blasco Group, inspirada en la ingeniería perfecta con la que las abejas construyen sus panales.



6. Muebles más generosos y profundos
En Milán nos dimos cuenta de una constante: todos los muebles invitaban a quedarse un poco más en ellos. Los sofás se acercan al suelo, los asientos ganan profundidad y las proporciones se expanden con una calma deliberada. Es otra forma de entender el confort, más doméstica, más cercana, más funcional.
Nos quedamos pensando en piezas como el sofá modular Butter de Faye Toogood para Tacchini; la butaca Jan, en edición limitada (45 unidades) de Kave Home, que combina fresno macizo con un cuero desarrollado a partir de caqui reutilizado; la butacaoutdoor de la colecciónCatalina de Stephen Burks para Roche Bobois; o la silla diseñada por Kelly Wearstler para H&M.




7. La cocina que quiere ser salón y biblioteca
Recorriendo los stands de EuroCucina 2026 —la bienal dedicada al diseño de cocinas dentro del Salone del Mobile de Milán— se hacía evidente que esa idea de cocinar cada vez menos y de buscar la comida fuera de casa está ya alejada de la realidad. Ahora, la cocina deja de esconderse y asume protagonismo: se abre, se muestra y quiere ser mirada. Es una extensión del salón, de la biblioteca, del hall, incluso del jardín.
Lo vimos en propuestas como la colección Musa, desarrollada junto al estudio BorromeodeSilva para Smeg, o en la cocina Fluida Discover de Scavolini, que buscan redefinir la continuidad entre cocina y salón. Sin dejar de lado las cocinas escultóricas Ak_Project de Arrital; o la cocina Twenty Lab de Modulnova, donde materia y continuidad cromática se integran dentro del concepto Artistry: una visión que combina diseño arquitectónico y sensibilidad artística, y que se extiende también al living y a la cocina oculta en acero.



